La vida de Riley termina cuando sus hijos pequeños mueren en sus brazos ... víctimas de un brote viral global que se cobra la vida de todas las personas que ha conocido. Teniendo que valerse por si misma y sólo con una perra como compañera, se embarca en un viaje para encontrar a otros, dejando notas a dondequiera que va con la esperanza de que algún día alguien vaya a buscarla.
Cuando Riley se encuentra con el apuesto y misterioso Connor en las calles del centro de San Diego, forman un enlace diferente del que cualquiera de los dos haya experimentado antes.
Cuando las cosas que asustan en la noche llegan a ser más que pesadillas, el trío se pone en marcha por las montañas en busca de un resort aislado donde puedan quedarse, lejos de las sombras ominosas de las calles muertas de la ciudad. La paz y la tranquilidad de los bosques no es suficiente para mantener a la oscuridad por mucho tiempo y pronto, Riley y Connor se verán obligados a aceptar que el mundo y las pocas personas que quedan con vida en él nunca será los mismos. Las sombras de su pasado pueden atormentar para siempre... amenazando con destruir lo poco que les queda de soñar con un futuro a menos que permanezcan en la luz y nunca pierdan la esperanza.
Cuando Riley se encuentra con el apuesto y misterioso Connor en las calles del centro de San Diego, forman un enlace diferente del que cualquiera de los dos haya experimentado antes.
Cuando las cosas que asustan en la noche llegan a ser más que pesadillas, el trío se pone en marcha por las montañas en busca de un resort aislado donde puedan quedarse, lejos de las sombras ominosas de las calles muertas de la ciudad. La paz y la tranquilidad de los bosques no es suficiente para mantener a la oscuridad por mucho tiempo y pronto, Riley y Connor se verán obligados a aceptar que el mundo y las pocas personas que quedan con vida en él nunca será los mismos. Las sombras de su pasado pueden atormentar para siempre... amenazando con destruir lo poco que les queda de soñar con un futuro a menos que permanezcan en la luz y nunca pierdan la esperanza.
Capítulo 1
CarpeDreams
Ahora no puedo recordar cuánto tardaron sus cuerpos en quemarse, pero sí recuerdo la puesta de sol antes de que terminara no muy lejos en la distancia, más allá del perfil quieto y sombrío de la ciudad de San Diego. El color de sus llamas alcanzando el Océano Pacifico y lentamente, de manera constante, fundiéndose con el horizonte mientras el humo flotaba en espirales en el cielo de color gris oscuro. El sol, retirándose, se llevó todo el calor con él, y mientras las primeras estrellas de la noche hacían su aparición, el frío de enero regresó.
Las cenizas se instalaron a mi alrededor, descansando sobre mis pestañas y punta de la nariz… amenazando con ahogar el oxígeno de mis pulmones. Seguí la vigilia sobre mi familia muerta sentada en el borde del jardín, desplomada hacia delante con las piernas cruzadas y las manos descansando en mi regazo. La brisa constante de la noche chocó contra el fuego enviando ráfagas de aire caliente en mi dirección. Mi cara y brazos picaron por el calor, pero el olor era aún peor. El fuerte olor a carne quemada entraba por mis fosas nasales y giraban hasta mi estómago.
Ese día supe que era verdad lo que decían, nunca se puede olvidar el olor de un cadáver. Lo sé, yo nunca voy a olvidarlo.
***
Después de pasar varios días en la cama llorando, mi corazón roto no murió como había esperado que hiciera. El clima era frío y sombrío cuando finalmente salí de debajo de las mantas y tropecé hasta el baño. Giré el grifo del agua, pero estaba seco, y por primera vez en una semana, una punzada de pánico se instaló en mi pecho ante la ironía de que, después de todo, podría morir… de sed o de hambre.
Parpadeé confundida hacia el reflejo del espejo ovalado que me observaba con la mirada perdida. La porcelana de la encimera se sentía fría bajo mis dedos débiles cuando me incliné hacia delante y me quedé mirando la expresión hueca de la chica que se parecía a mí. Sus ojos azules parecían atrapados en una oscuridad tormentosa, y los círculos debajo de ellos hacían que sus mejillas parecieran hundidas... completamente derrotada. El pelo largo y rubio colgaba de su cuero cabelludo en mechones grasientos y enredados después de haber perdido su brillo.
Parpadeé de nuevo y me alejé del lavabo sin desear nada más que huir de aquella chica del espejo, mi codo rozó un pequeño vaso de agua, derribándolo sobre el borde de la encimera. Di un grito ahogado cuando se hizo añicos en el suelo de baldosas blancas y observé, fascinada, como un fragmento giraba violentamente fuera de mis pies hasta golpear el borde de la alfombra de baño de color azul, suave y esponjosa, rebotando hasta detenerse. Me quedé mirando los restos rotos del cristal con fascinación antes de, poco a poco, agacharme para recoger el gran fragmento que quedó al lado de la alfombra, lo apreté fuerte entre mis dedos hasta que una pequeña gota de sangre se formó en el índice y el pulgar. Después de dejar que cayera de nuevo al suelo, froté la sangre entre los dedos hasta que el líquido caliente empezó a pegarse en la piel. Afuera, las nubes se abrieron y el sol se burló brevemente detrás de las cortinas, alguien debió abrirlas para dejar entrar la luz. Cuando me volví hacia el espejo, fue a mí a quién vi.
***
Pasé dedos por las vetas de la cómoda de roble, dejando pequeñas marcas en la pequeña capa de polvo mientras miraba las fotografías, el generoso montón de calcetines sin emparejar de mi hijo y mi pequeño joyero de madera. A través de la pequeña puerta de cristal se podía ver el delicado collar que mi hija me había regalado tres años antes por el Día de la Madre. Metí la mano y golpeé el medallón de oro hasta que se tambaleó en su cadena como un péndulo antes de volver a cerrar cuidadosamente la puerta de cristal, la joya quedando encerrada dentro del joyero para siempre. Desde la puerta, miré mi habitación limpia y suspiré. Todo estaba en su lugar, pero yo ya no encajaba ahí.
Tuve la misma sensación en cada habitación a la que entraba, incluso mi oficina, con los montones de trabajo de clase que nunca había llegado a clasificar se habían convertido en una bola de nieve descontrolada y se extendían en la parte superior del escritorio como mala hierba. Un papel blanco y brillante con la mancha de una huella en la esquina superior derecha llamó mi atención, lo recogí para leer el nombre y título: Mariposa, la mariposa feliz, por Cecy Aguirre. Leí el primer párrafo sobre el ficticio jardín de mariposas de Cecy antes de recordar que trabajo de clase era. Mis alumnos de tercero habían hecho una redacción de fantasía sobre su insecto favorito justo antes de que la escuela cerrara por vacaciones, pero no había leído ninguno de ellos. Una inmensa tristeza me inundó y me senté en el escritorio, lápiz rojo en la mano y me abrí paso entre el montón de papeles, escribiendo una gran “O” para la nota dentro de cada uno. Cuando terminé, coloqué los papeles en una pila, el de Cecy en la parte superior y pasé a la pila de papeles de matemáticas, realizando el mismo proceso. Incluso los que tenían respuestas incorrectas tuvieron una “O” en la parte superior, garabateadas perfectamente con mi bolígrafo de calificación de color rojo.
Después, me quedé sentada en el escritorio con la cara estirada en una sonrisa maníaca, igual a la que había tenido mientras calificaba los trabajos. Me sentí bien por primera vez en semanas. A pesar de que los trabajos nunca llegarían a sus propietarios de ocho años, por lo menos no se habían quedado en el olvido. Temprano en la mañana, me había duchado en la bañera con agua embotellada y me había cambiado de ropa antes de pasear por la casa, sintiéndome limpia mientras un millón de pensamientos fragmentados corrían por mi mente como caballos salvajes. Pero con los trabajos corregidos, la paz me calmó por un breve periodo de tiempo, ahora todo lo que quedaba era sentarme y pensar.
Me aparté del pensamiento de dejarme morir de hambre o volviendo a irme a la cama hasta el siguiente mes, y debido a que había pasado los últimos años convirtiendo mi casa en una “verde” no había nada más duro con lo que envenenarme que una botella de vinagre. El medicamento más fuerte que había en los armarios era una botella medio llena para el resfriado libre de paracetamol. Lo sé porque había comprobado la etiqueta. Dos veces.
Y ahí estaba el perro en quién pensar. El virus que había barrido en todo el país como un reguero de pólvora sin control matando a la mayoría a su paso no me había hecho nada a mí, ni a mi perro negro de cuatro años mezcla entre labrador y cocker spaniel. Me recosté en la silla de oficina ergonómica y miré el pequeño cuerpo peludo a mis pies. Zoey estaba descansando sobre sus patas delanteras, que a menudo le servían como almohada de su barbuda barbilla. A pesar de que parecía estar durmiendo, había un círculo de humedad alrededor de sus párpados cerrados. No tenía lágrimas, pero el pobre perro no había dejado de llorar.
Así que realmente sólo tenía una opción, tan difícil como era de comprender. Tenía que salir. Alejarme todo lo posible de la vida que había perdido, la vida que amenazaba con matarme lentamente volviéndome loca. No podía caminar por el pasillo largo y estrecho de entre las habitaciones sin escuchar susurros o sentir ojos sobre mí. Los bordes de mi psique comenzaban a agrietarse, las costuras que me mantenían unida se iban deshilachando desentrañando, así que decidí ir a casa de mi madre en la ciudad e intentar entender las cosas desde allí, porque mientras más tiempo me quedaba en mi casa, más extraña me sentía. Tenía miedo de las paredes, o que de alguna vida siniestra que vivía dentro de ellas, se cerrara a mi alrededor y me tragara entera.
El paso por toda la casa para empacar mis pertenencias no duró mucho tiempo. Lo que realmente quería llevar conmigo estaba en un montón humeante en el patio trasero. No necesitaba mucho más que comida y agua, algo de ropa y mi kit de primeros auxilios. Me senté delante de ordenador con un puñado de pendrives, copiando las fotos y videos de los niños ya que era lo único que realmente podía guardar de ellos.
Por costumbre, intenté conectarme on-line, pero no pude, no había servicio de internet. Me pregunté si Internet todavía existiría en los satélites que giraban alrededor de la tierra o habían muerto en silencio por el virus como el resto de la humanidad. Supongo que nunca lo sabría, tampoco es que importara. Conocer los detalles no cambiaría lo que había sucedido.
Guardé cuidadosamente los pendrives dentro de una bolsa de sándwich antes de cerrarlos al vacío y meterlos con delicadeza dentro de una bolsa bordada con las palabras Hada de los Dientes en hilo plateado y rosa. Lo guardé en un bolsillo lateral de la mochila, junto al trabajo de Cecy. Por alguna razón, me sentía bien llevándolo conmigo.
Tenía suficiente comida para unos tres días, y agua para alrededor de uno. A pesar de que podía ver los rascacielos desde nuestra sala de estar, al menos eran unas cinco millas hasta el centro, y teniendo en cuenta que posiblemente tendría que caminar, era todo lo que podía soportar llevar.
De camino a la puerta, dudé en la entrada dónde había varias fotos enmarcadas de nuestro último viaje de invierno a las montañas. Me fijé en una dónde los niños estaban en su trineo, y miré la cara sonriente de la niña y la sonrisa del torpe muchacho antes de tomarla y golpearla contra el marco de la puerta. Zoey se escabulló y me miró con reproche por debajo de sus largas pestañas oscuras.
−Lo siento chica. –Le pedí disculpas mientras ella me esperaba sentada en la entrada, esperándome ansiosa para salir de la casa.
Alejé el vidrio roto y quité la foto, sujetándola con ambas manos. Ella tenía 8 años y él 4. Eran hermosos. Doblé el papel por la mitad y la metí en la parte frontal de la mochila, junto a la bolsa del Hada de los Dientes y el trabajo de Cecy. Cuando cerré la puerta tras de mí, sólo me di la vuelta para asegurarme de que la nota que escribí antes todavía estuviera firmemente clavada en la puerta de madera de color rojo. Leí las palabras en silencio una vez más.
1/9
Familia y amigos: La perra y yo hemos ido a buscar a mi madre. La mayoría de vosotros saben dónde es eso, esquina de la 9th con F. Dejaré una nota allí antes de seguir. Aquí todo el mundo… se ha ido. No puedo quedarme. No estoy segura de cuándo o de si voy a volver aquí, pero dejo un mensaje de todos modos.
Espero que me encuentres. – Riley.
Suspiré profundamente y me giré para mirar el nuevo Jeep Weangler rojo cereza de mi vecino muerto, que parecía fuera de lugar aparcado sobre las grietas llenas de maleza de mi camino. Antes de entrar, pasé las manos por las letras blancas RUBICON impresas a un lado del capó. Se igual que cuando había estado en el concesionario, a pesar de que mi vecino lo había comprador seis meses antes, que lo había cuidado de manera excepcional. Incluso los neumáticos se veían intactos. Había entrado en la casa de alguien, robado su coche, y honestamente, no me importaba. Mientras conducía el jeep por el camino de entrada, miré el lugar que sostenía muchos de mis recuerdos. Se sentía como un cementerio, pero no me veía volviendo a visitarlo en cualquier momento pronto.
***
No había muchos coches bloqueando las calles alrededor de mi barrio, pero a una milla de la autopista el tráfico estaba congelado de punta a punta, y me di cuenta con horror y tristeza que la gente había abandonado sus hogares para morir en sus coches. No podía pensar en nada más deprimente. Incluso con la mayoría de las ventanas cerradas a cal y canto, el olor de los cuerpos en descomposición flotaba fuera de los ataúdes de hojalata, rodeando el Jeep como una niebla invisible, y me pregunté, no por primera vez, por mi necesidad de ir a la ciudad.
Durante la última conversación que había tenido con mi madre, ella había intentado ocultarlo, pero escuché su respiración entrecortada y casi pude sentir su fiebre por el teléfono, sabía que también estaba enferma. Antes de que las líneas fueran cortadas, llamé a todos en los que pude pensar. Mi familia, amigos, compañeros de trabajo e incluso a algunos de mis estudiantes, pero la mayoría no contestaron al teléfono, y los pocos que lo hicieron estaban enfermos. Esto no era un común resfriado del que te recuperabas, el virus era rápido y eficiente, matando a los infectados en cuarenta y ocho horas. La televisión Nacional lo llamo Plaga Cardenal, pero las radios locales se referían a ella como la Muerte Roja. El nombre no importaba, era eficiente, más de lo que nadie podría haber imaginado.
Casi había pasado una semana desde que la red eléctrica se había apagado y sólo en la parte superior de un puñado de edificios las luces de emergencia aún parpadeaban. Por la noche, toda la ciudad parecía desaparecer en la oscuridad, y yo quería estar fuera de ahí al anochecer. Sabía que para cuando llegara al apartamento, mi madre estaría muerta, pero tenía que saberlo con certeza, no podía continuar sin saberlo.
Una vez que tuve la visión de la autopista, tuve claro que no iba a poder ir al centro en coche desde allí, así que conduje por las calles paralelas a la principal tanto como pude, pasando lentamente entre los coches aparcados, conduciendo por aceras y muros de contención cuando fue necesario. Todas las calles que entraban y salían de la ciudad estaban demasiado congestionadas para pasar libremente.
El aire era frío a pesar del sol de la mañana mientras avanzaba a lo largo de las calles que conducían al centro de la ciudad. Finalmente, los vehículos bloquearon el camino a seguir, y sin espacio para poder girar el Jeep, tuve que dejarlo metido entre una cerca de alambre y un viejo Buick y continuar el resto del camino a pie. Metí todo lo que necesitábamos para pasar el día en la mochila grande, al igual que algo de comida extra para la perra, aunque planeaba regresar al jeep antes de salir de la ciudad.
Zoey me miró mientras nos movíamos entre los coches llenos de gente putrefacta. Sus grandes ojos oscuros, marrón chocolate buscando respuestas en mí, lo único que se me ocurrió decir fue, −No te preocupes chica, vas a estar bien. –Pero ni yo me creía mis palabras. ¿Alguna vez volvería algo a estar bien?
El silencio de la ciudad era abrumador, un lugar que alguna vez fue un estado constante de actividad ahora completamente desprovisto de sonido y movimiento. Incluso la perra sintió el peso pesado de los edificios muertos. Las ventanas de los Loft parecían mirarnos con ojos tristes y vidriosos mientras corríamos por las acercas vacías hasta el epicentro de San Diego, manteniendo nuestro ritmo rápido.
Paramos en una esquina y vimos una cinta policial oscilando por la brisa que se había envuelto alrededor de un pequeño aparcamiento que estaba lleno de ambulancias y coches de policías. Me acerqué con cuidado a cada vehículo, mirando dentro. Todas las ventanas de un sedán negro liso con placas exentas habían sido destrozadas, su contenido hojeado. Alguien ya había mirado cada vehículo para limpiarlos. Apilados detrás de una de las camionetas estaban un montón de bolsas de cadáveres, por lo menos diez metros de altura, e igualmente amplia. Salí de la parcela antes de que mi mente tuviera la oportunidad de decirle a mi estómago que purgara el desayuno.
Una cuadra más y estacionado en un ángulo en el medio de la calle había un tanque militar. Parte del frente de la tienda más cercana al tanque volada hacia el interior, pedazos enormes de hormigón, vidrio y madera a decenas de metros en la calle. La basura y escombros que se asentaban en la parte frontal del vehículo, y una rápida mirada al resto de la escena, daba la impresión de que habían estado allí durante años, en lugar de las semanas que había tardado la ciudad en morir. Seguimos caminando, los ojos mirando hacia el frente, los pies golpeando el pavimento mientras un olor a humo rancio flotaba por el aire, similar al que había olido en mi casa… cadáveres quemados. No quería encontrar la fuerte de ese olor.
***
El apartamento de mi madre estaba en el cuarto piso de un pequeño complejo que hacía esquina. Me quedé en la calle durante un minuto, debatiendo sobre si realmente quería entrar. Había visto a mi hijo, a mi ex marido y finalmente a mi hija, dar sus últimos suspiros de vida en mis brazos. No estaba segura de si estaba lista para también encontrar a mi madre muerta en algún dormitorio de su pequeño apartamento. Así que me quedé allí, mirando la puerta de entrada como si ella fuera a salir en cualquier momento. Si cerraba los ojos, casi podía escuchar el tráfico, los gritos y las risas de una gente, una vez floreciente. Pero con los ojos abiertos, todo lo que podía oír era mi latido constante y un poco apresurado y el jadeo irregular de una perra nerviosa a mis pies.
Un cuervo voló desde un árbol cercano enviando un graznido penetrando tan fuerte que Zoey y yo saltamos. Eso fue suficiente para sacarme de mi semi-trance, cuadré los hombros y cerré la distancia entre la calle y la puerta cerrada en diez zancadas. Cuando tiré del mango de metal no pasó nada. No se movió. Apoyé todo mi peso contra el marco y la sacudí, pero no se abría. La única opción era forzar la entrada. Lo más cercano y suficientemente fuerte para pasar por el vidrio templado era una papelera metálica. Tuve que rodarla de lado para moverla y tardó varios impactos en romper el vidrio. Después de patear los fragmentos rotos para poder pasar, el olor a descomposición flotó desde el interior del edificio hacia el aire fresco. Zoey estornudó violentamente y se negó a entrar conmigo.
−Vamos chica. Puedes hacerlo. –Insistí.
Ella se quedó sentada en la acera con una mirada triste, sus ojos caídos húmedos.
−Vamos. –Le dije mientras inclinaba el torso, las manos apoyadas en mis pies. Ella volvió a estornudar y apartó la vista de mí.
Me enderecé con las manos en las caderas, mordiéndome nerviosamente el labio inferior, pensando en qué sería menos traumático: dejarla fuera, sola en la calle, o meterla en el edificio y obligarla a subir las escaleras conmigo. La miré, y justo cuando estaba a punto de darme la vuelta y dejarla de mal humor en la acerca, un grito estridente brotó en la calle. Su eco rebotó en los edificios de ladrillo con un ritmo inquietante. Los bellos de mi nuca se erizaron mientras meditaba, brevemente, en si el grito era humano o animal. La mirada nerviosa de Zoey arriba y abajo de la acera me dio la respuesta que necesitaba. Ella no se quedaba fuera sin mí.
***
Las treinta libras de ella se retorcían y movían bajo mi brazo mientras pisoteaba hacia la oscura escalera, maldiciéndola entre dientes por luchar contra mí. En el rellano del segundo piso la solté y ella siguió pisándome los talones hasta que llegamos al de la cuarta planta. Nos quedamos allí, simplemente mirándonos la una a la otra. En ese momento, era como si la estrecha escalera fuera un universo desconocido, dar los pasos para salir nos llevaría a un lugar del que no podríamos volver.
Después de empujar a través de la puerta, el olor del pasillo me golpeó como un ladrillo, el hedor tan insoportable que sentí temor de desmatarme. Zoey gimió en mis rodillas mientras corría hasta el final del pasillo y me detenía frente a la última puerta. Estaba abierta, pero aun así llamé suavemente y entré con la manga de la camiseta ahuecada alrededor de mi boca y nariz.
No estuve en el apartamento más de quince segundos. Mi madre había muerto en su cama, vestida con su camisón y una notada doblada en una de sus manos hinchadas y descoloridas. Un rayo de sol penetró a través de una brecha de la cortina, enviando una suave corriente de luz sobre la almohada, destacando su pelo rubio y haciendo que los mechones grises brillaran. Un líquido oscuro había empezado a correr por un lado del colchón formando un charco pegajoso en el suelo. Me atraganté cuando mi estómago amenazó con expulsar lo poco que había conseguido mantener ahí desde la mañana. Permanecí sólo el tiempo suficiente para tomar el pedazo de papel, cubrirla y marcharme. Baje las escaleras de dos en dos, ahogando los sollozos, los ojos escociéndome por las lágrimas. Mi familia, todos se habían ido. Todo el mundo se había ido.
***
Después de vomitar todo lo que estaba en mi estómago y seguir con arcadas casi cinco minutos más, me desplomé contra el edificio y apoyé la cabeza en el frio ladrillo rojo y marrón hasta que la luz del sol me calentó la cara. Zoey estaba a mi lado con la cabeza apoyada en mi muslo, reconfortándome de la única manera en que un perro sabía hacer. Poco a poco le froté la parte superior de la cabeza y leí la nota de mi madre en voz alta para ella.
Cariño,
Una parte de mí espera que nunca leas esta carta. Sé que me estoy muriendo y no quiero que me encuentres aquí así. Pero si has venido aquí, eso debe ser que estás a salvo y ahora eso es lo que me consuela. Te amo mucho. Y espero haberlo dicho lo suficiente. La humanidad podría haberse destruido a sí misma, pero si estás aquí, si estás bien, entonces todavía hay esperanza. Nunca pierdas la esperanza. Te quiere, tuya y se preocupa por ti. Siempre.
Mamá.
***
Tenía que cambiarme. Quería tanto salir de mi ropa sucia que casi estaba tentada a caminar por las calles desnuda. A pesar de que había estado en los confines reducidos del apartamento de mi madre por menos de un minuto, todo lo que llevaba, incluso mi piel y cabello, olía a muerte. Zoey no lía nada mejor, y ella lo sabía. Dios, necesitábamos una ducha.
Antes de dejar el edificio, saqué un pedazo de papel de la mochila y escribí en ella cuidadosamente antes de pegarla en el interior de la ventana del vestíbulo.
1/9 24:30
Familia y amigos: No hay nadie vivo aquí. Parece que la ciudad está muerta. Voy a la estación de autobuses y luego al aeropuerto. Te dejaré un mensaje en la Terminal Uno.
Espero que me encuentren. – Riley
Volví a entrar al edificio hacía el baño público, abrí los grifos pero sólo un eco hueco vibró a través de las tuberías. Todo se estaba volviendo rápidamente en un día apestoso.
Una vez fuera de nuevo, me paré en la acera vacía mirando hacia arriba y abajo de la calle, entrecerrando los ojos por el sol. Hasta la bahía había tal vez unos treinta minutos en línea recta. El agua estaría fría, pero eso sería mejor que ir caminando por ahí con ese olor aferrándose a mi cuerpo, comprobando edificio tras edificio con la esperanza de encontrar un grifo en funcionamiento.
Dimos la vuelta al oeste, hacia el centro comercial. Tardé un poco en encontrar un reemplazo para lo que llevaba puesto, así como lo necesario para limpiar mi piel y cabello. Cuando volvimos a Broadway había pasado más de una hora, el sol estaba justo sobre nosotros, pero el aire estaba frio. La estación de autobuses estaba delante de la bahía, así que continuamos por el oeste. Mientras caminábamos por una intersección vacía, vi un movimiento por el rabillo del ojo.
−Ayúdame. –Susurró la voz de un hombre desde detrás de mi oreja derecha.
Salté y lancé un grito asustado, pero cuando me di la vuelta, la calle estaba vacía. Si Zoey no se hubiera erizado y gruñido, habría pensado que me lo había inventado todo. Me quedé muy quieta mirando de arriba a abajo, a los edificios y fachadas de las tiendas buscando cualquier signo de movimiento.
−¿Hola? –No pude evitar que mi voz temblara.
Dando un paso más en la intersección, me aclaré la garganta e intenté ocultar el temblor de mi voz cuando volví a gritar, −¿Hola? ¿Hay alguien ahí?
De uno de los edificios que hacían esquina, una puerta de metal se cerró con un golpe fuerte haciéndome estremecer. Zoey empezó a girar en círculos y a ladrar con fuerza en la dirección desde dónde habíamos venido. Luego, echó a correr. Sin saber que otra cosa hacer, corrí tras ella llamándola por su nombre, intentando aferrarme a la mochila mientras golpeaba fuertemente contra mi espalda. Dos veces miré por encima del hombro, y la segunda me pareció ver a alguien mirándonos desde una esquina de la calle, pero no paré de correr hasta que la punzada en el costado se hizo insoportable. Pude ver a Zoey en la distancia, una pequeña mancha oscura en el horizonte.
Bueno, eso es simplemente genial. Murmuré para mí misma.
Mientras me dejaba caer de rodillas, mis ojos se esforzaban por captar todo a mi alrededor. Todos mis sentidos aumentados. Podía oler la sal en el aire cerca del océano mezclada con la podredumbre de la ciudad. Mientras mis rodillas presionaban en el hormigón de la acera, el sonido chirriante de un vaso de papel mientras rodaba por la cuneta, y una risa vacía sin humor escapó de mi boca por el hecho de que estaba perdiendo la cabeza.
Aspiré profundamente y comencé a moverme de nuevo, pero Zoey no estaba por ningún lado. Para ser un perro pequeño, podía correr un montón. Estaba más que irritada por que huyera de mí, a pesar de que su estilo no era ser protector, sabía que algo (o alguien) debía haberla asustado mucho. Cada pocos metros silbé y la llamé por su nombre. Dos calles después de la parada de autobuses estaba ella, acurrucada detrás de un gran contenedor de basura de metal, mirándome tímidamente. Me detuve a unos tres metros de ella con las manos en las caderas. Un gesto que ella conocía muy bien.
−Sí, ya sabes que hiciste mal, ¿no? –Le pregunté con un toque burlón en mi voz firme.
Esperé a que se arrastrara hacia mí y cuando llegó a mis pies crucé los brazos sobre mi pecho y levanté una ceja mirándola. Ella se dejó caer y rodó sobre su espalda sumisamente esperando que le acariciara la panza. Varios minutos más tarde, después de las caricias calmantes por mi parte, y lamidas de cara de la suya, empezamos a caminar de nuevo de vuelta a la estación.
Me dije que estábamos viendo y oyendo cosas que no estaban allí, pero eso no impidió que mirara por encima del hombro cada pocos segundos, observando nerviosa las sombras que nos rodeaban. Zoey mantuvo el rabo entre las piernas y la cabeza baja, como si algo nos fuera a atacar en cualquier momento. Cuanto más tiempo continuaba ella de esa manera, más sentía que no estábamos solas.
No podía evitar la sensación de que estábamos siendo observadas muy de cerca.
***
No había ninguna razón para entrar en la estación de Greyhound. La gente se había congregado en la pequeña estación de tránsito con la esperanza de subir a un autobús que los llevara fuera de la ciudad, pero los autobuses no pudieron ir muy lejos, había muchas más personas intentando marcharse que autobuses.
Cientos de maletas y bolsas llenaban la entrada, esparcidas desordenadamente por la acera. Alguien había escrito en la pared con pintura de color rojo brillante: NO HAY MÁS AUTOBUSES. POR FAVOR, VUELVE A CASA.
Una mirada a través de las puertas de cristal me dijo que no había nadie vivo en el interior. Los cuerpos se desplomaron hombro con hombro, unos contra otros. Algunas personas estaban sentadas y otros desplomados en el suelo debajo de mantas azules. Mi corazón se hundió cuando me fijé en todos los padres que habían muerto acunando a sus hijos pequeños. Un cochecito gris oscuro estaba vacío, girado sobre un costado con el contenido de una bolsa de pañales de lunares de color rosa y amarillo tirado sobre el suelo. Mantuve la mano apretada con fuerza alrededor de la nariz intentando ignorar el olor del edificio hasta que vi a un policía sentado torpemente, apoyado en un escritorio de madera, una pistola en la mano y cubierto de sangre seca en un lado de su cabeza, y mi estómago dio un vuelco.
Me di la vuelta tan rápido que caí sobre una maleta de color rojo y negro, y justo antes de aterrizar a cuatro patas, el vómito acuoso voló desde mi boca sin gracia, salpicando contra la acera. Me sacudí y tambaleé hasta que estuve segura de poder levantarme sin volver a vaciar mi estómago sobre el sucio hormigón. Zoey se quejó a mi lado sin saber que hacer, alejándose de mí cuando me puse de pie, balanceándome un poco antes de darle la espalda a la estación.
No miré hacia atrás mientras continuábamos hacia la bahía. Caminé lentamente, tomando cada paso deliberadamente, con ganas de correr, pero sabiendo que si lo hacía mis rodillas se doblarían y me enfrentaría, no por primera vez, al hormigón. A pesar de que había querido calmar mis nervios diciéndome que iba a estar bien, mi cuerpo me traicionó. Estaba temblando de miedo.
Capítulo 2
CarpeDreams
Me senté en el borde del estrecho muelle de madera con los pies desnudos colgando lentamente sobre el agua. Me dejé el sujetador y las bragas, como si esa pequeña ropa fuera a protegerme del frío. Durante un pequeño rato escuché el crujido de las embarcaciones cercanas balanceándose suavemente sobre el agua turbia, cada poco tiempo deslizándose contra el muelle causando el efecto de gemido o suspiro.
Cuando mis hombros se sintieron calientes por el sol, supe que era el momento de saltar. El reto era conseguir que la perra viniera conmigo. Podríamos haber ido a través de las rocas y directas al agua, pero la perra odiaba los baños… incluso si la tomaba y la mantenía retenida, ella me arrastraría hacia fuera o moriría en el intento. De todos modos, el agua de la bahía cerca de la orilla parecía asquerosa.
Al final de uno de los pequeños embarcaderos, ya no había nada más que agua, tendría que nadar un poco para llegar a tierra, pero eso era exactamente lo que quería. La única manera de poder bañarla correctamente sería arrastrándola mar adentro y mantenerla el tiempo suficiente para quitarle el jabón que ya le había puesto. En ese momento, me pareció un buen plan. Ella se puso de mal humor junto a mis pies, con su pelaje grueso y oscuro cubierto de champú. Estaba preparada para que me odiase para siempre.
Puso tanta distancia entre nosotras como pudo, consciente de que le había puesto la correa por una razón que no le gustaría. Caminé por el muelle con la correa envuelta alrededor de mi mano, intentando sonar feliz mientras decía, −¡Salta chica! −, pero mis palabras se perdieron cuando me quedé sin aliento, el agua fría cortando en mi interior como hielo.
Comenzó en mis pies, extendiéndose rápidamente por mis piernas, torso… una sensación de ardor dolorosa, como si me pincharan por todas partes con miles de agujas. Por un segundo aterrador, estaba segura de que estaba siendo pinchada por medusas, y golpeé el agua a mi alrededor hasta que me di cuenta de que el dolor era simplemente por el agua fría.
Me las arreglé para cerrar la boca después de inspirar una gran bocanada de aire antes de hundir la cabeza. Lo último que escuché fue las uñas de Zoey raspando el borde del muelle mientras intentaba tirar contra la tensa correa. Ella se estrelló, indecorosamente, directamente encima de mi cabeza, los pies golpeando, luchando por encontrar algo sobre lo que mantenerse. Dejé que hiciera círculos a mi alrededor mientras luchaba por abrir la botella de champú y lavarme el pelo. Lo limpié lo mejor que pude, e hice mi mejor esfuerzo por aclarar a la perra antes de nadar de vuelta a las escaleras. Cometí el error de desenrollar la correa de mi muñeca y de repente, Zoey se había ido.
Me di la vuelta en el agua y la vi nadar lejos del muelle, más profundo en la bahía. Empujé la escalera con la suficiente fuerza como para sentirla sonar debajo de mi mano. Luché por ponerme al día con la perra.
−Zoey. –Intenté llamarla, pero las suaves olas lamían mi cara mientras nadada, en su mayoría, ahogando su nombre.
Ella, tercamente, siguió mar adentro claramente aterrorizada, sin darse cuenta de que se estaba alejando de la costa en lugar de acercarse. Con cada brazada, el agua debajo de mi se hacía más fría, como si un agujero gigante se hubiera abierto en las profundidades en alguna parte. Luché contra la tentación de entrar en pánico ante la idea de lo que podría estar nadando libremente a pocos metros debajo de mí.
−¡Para! –Grité, −¡Zoey, ven aquí!
Finalmente se dio la vuelta y me vio, se giró torpe y lentamente en mi dirección. Las suaves olas salpicaban contra mi cara y oídos mientras la esperaba. Tan pronto como estuvo al alcance de mi mano, tomé la correa y la aseguré a mi lado otra vez.
−Maldita perra. –Le dije mientras mi cuerpo temblaba violentamente. –No me quiero ahogar, vamos. –tiré de la correa y ella comenzó a nadar a mi lado, los ojos oscuros bordeado de rojo por el agua del mar y una expresión casi cómica de miedo en su mirada.
Para el momento en que regresamos al muelle, estaba segura de que había tragado una peligrosa cantidad de agua salada durante mi lucha con la perra, y el baño improvisado había tomado la mayor parte de mis fuerzas. El frío me debilitó, estaba temblando tanto que mis dientes chocaban unos con otros y mis piernas eran como plomo sólido.
Subir de nuevo por la escalera parecía casi imposible con mis extremidades semi-congeladas, pero la alcancé de todos modos y me agarré del metal para ayudarme. Mis manos estaban entumecidas mientras apoyaba la frente contra el primer peldaño haciendo un ruido de frustración. Zoey ladraba a mi lado, dando pequeños círculos en el agua. Cuando mis dedos finalmente se agarraron a la barandilla, me impulsé hacia arriba para intentar sacarme del agua. Los ojos cerrados, levanté una mano cada vez. Por el tercer peldaño, ya no podía sentir los dedos, así que colgué allí, sin poder moverme, mis piernas flotando en el agua por debajo de mí y mis rodillas presionando contra los escalones inferiores. Me negaba a dejarme volver a caer en el agua.
Después de contar hasta diez, y canalizar lo que me quedaba de adrenalina después del baño hacia mis brazos, me impulsé hacia arriba y el peldaño inferior de las escaleras quedó bajo mis pies. Di un grito ahogado cuando la barandilla se inclinó hacia delante y se deslizo de mis manos.
−Maldita sea. –Susurré con incredulidad mientras mi cuerpo se estrellaba de nuevo contra el agua.
Lo que quedaba de la antigua escalera se deslizó bajo el agua y desapareció en la oscuridad azul de la bahía bajo el muelle como un esqueleto de metal. Maldije de nuevo mi suerte y miré con nerviosismo el muelle, sabiendo lo difícil que sería subir los pocos metros fuera del agua sin las escaleras. Apenas había podido subir los peldaños como estaba.
Apartándome del muelle llena de frustración, floté boca arriba, mirando hacia el sol caliente que era un contraste total con el agua congelada del mar. Zoey ladró con fuerza y nadó junto a mí, tirando de mi brazo, llevándome de nuevo a dónde la escalera había estado colgando. Agotada, incapaz de nadar más, levanté mis manos tan alto como pude y me agarré al borde del muelle de madera con la punta de los dedos.
Me quedé así durante varios minutos, dejando que el flujo de agua empujara mi cuerpo, y sintiendo el calor del sol penetrando en mis manos y brazos, hasta que algo seco y cálido se cerró alrededor de mis muñecas y tiró de mí hacia arriba. Sentí unos fuertes brazos alrededor de mi cintura mientras me lanzaban sobre el borde del muelle, pero no tenía fuerzas para levantar la cabeza y mirar a mi salvador.
Me dejé caer, empapada, como un pez de nuevo en el muelle e intenté balbucear las palabras “mi perro” pero en su lugar sonó más como –Ni erro.
Unos segundos mas tarde Zoey estaba luchando contra el muelle, sacudiendo su cuerpo cada dos pasos. Las gotas de agua colgando de su cuerpo húmedo tan alto en el cielo que volvían a caer a mi alrededor como gotas de lluvia.
Me quedé en mi lado, hecha un ovillo, tomando temblorosas respiraciones, haciendo caso omiso de las tablas de madera a mi alrededor que el sol había deformado clavándose en mi mejilla. El muelle se tambaleó dentro y fuera de mi visión y me sorprendí por una profunda y masculina voz por encima de mi cara.
−¡Tienes que estar loca!
Sin energías para responder, asentí con la cabeza mientras un hombre de cabello oscuro envolvía una toalla blanca y mullida alrededor de mis hombros, frotándome los brazos durante unos segundos. Luego se fue hacia Zoey con otra toalla, frotándole vigorosamente hacia arriba y hacia abajo hasta que su lengua colgó fuera de su boca de la satisfacción.
Me fijé en una pareja de ancianos al fondo, de pie en la orilla. Estaban tomados de las manos, mirándonos con expresiones tristes en sus rostros. El muelle se elevó suavemente con el agua distorsionando mi visión y haciendo que la pareja pareciera brillar bajo la luz del sol, casi como si estuvieran meciéndose en las rocas. Intenté dejar de centrarme en ellos y cerré los ojos, escuchando el constante crujir de la madera debajo de mi cuerpo frío hasta que sus manos estuvieron sobre mí otra vez, suaves y tranquilizadoras. Cuando abrí los ojos, la pareja se había ido.
−Hola. –Me miró con unos ojos azules llenos de curiosidad, sus oscuras cejas fruncidas por la preocupación.
Él estaba lo suficientemente cerca de mi cara para poder ver cuán largas eran sus pestañas. Y eran increíblemente largas. Sus labios carnosos eran del mismo color rosado que sus mejillas. Los largos mechones oscuros de su cabello enmarcaban su rostro y por un momento pensé que lo conocía. De ningún modo lo he conocido. Nunca olvidaría una cara como la suya. Pero de algún modo, lo conozco.
Cuando me di cuenta que lo estaba mirando fijamente y el devolviéndome la mirada, me aclaré la garganta e intenté hablar. Mis dientes rechinaron con violencia, −Um… Hola.
Sonrió. Wow. Era una cosa realmente hermosa, la redondez de su boca se abrió mostrando un conjunto perfecto de dientes blancos y brillantes, su sonrisa se profundizó y sus labios se curvaron hacia arriba. Pensé que debería ser ilegal... tener una sonrisa como esa. La pequeña voz dentro de mi cabeza dijo suavemente pero con firmeza, una sonrisa así de increíble sólo puede significar una cosa... peligro.
Lentamente me apoyé sobre un codo y Zoey se acercó a mí casualmente, lamió un lado de mi cara y se sentó a mi lado. Sus ojos castaños estaban muy abiertos mientras me miraba, luego al extraño y nuevo a mí, esperando que alguno de los dos volviera a hablar. No fui yo. En ese momento no confiaba en mi voz. A pesar de que ese hombre me había sacado del agua helada, estaba sentada frente a él medio desnuda, medio consciente y dándome cuenta de que mi perra ahora lo veía como la persona post baño, lo que significaba que en ese momento estaba más de su lado que de el de la mujer que la había arrastrado hacia el agua helada.
−¿Estás bien? −Preguntó el hombre en voz baja, un rastro de sonrisa aún en sus labios.
Cuando no respondí de inmediato, señaló con la cabeza a mi ropa sucia apilada al final del muelle y dijo con acento un poco europeo, −Está un poco frío para ir a nadar, ¿no te parece?
Se movió sobre los tablones y vi su cuerpo entero por primera vez. No era un tipo enorme, tenía una constitución ligera pero fuerte, y mientras más lo miraba, más aumentaba la abrumadora sensación de que lo conocía.
−Estoy bien. Yo… −Mi voz se apagó mientras hacía un gesto con la mano, no me sentía cómoda explicándole a un perfecto desconocido por qué me había metido en el mar en enero.
Sintiéndome tímida, enderecé los hombros y le dije, −Gracias por la ayuda. Ahora creo que debería vestirme. −Era consciente de que estaba sentada frente a él, envuelta sólo en una toalla.
Sonrió de nuevo, se levantó y caminó los pocos pasos hasta el final del muelle, cogió la mochila y la bolsa de la compra. Después de volver hacia mí casualmente, las dejó caer en mi regazo, se agachó, tomó una segunda toalla y la sostuvo delante de él.
−No voy a mirar, lo prometo. −Su voz tenía un toque alegre mientras giraba la cara lejos de mí y seguía hablando. −¿Cómo te llamas?
Me puse el sujetador y las bragas limpias lo más rápido que pude. Mi voz quedó ahogaba mientras pasaba una camiseta azul de algodón sobre mi cabeza, −Riley. ¿Cuál es el tuyo?
Sentí una mínima vacilación antes de que dijera cuidadosamente, −Connor. Encantado de conocerte Riley. −Se rió suavemente y ese acento se acentuó un poco más cuando preguntó, −Entonces, ¿Tienes la costumbre de saltar en invierno en los muelles?
−En realidad no −, sonreí un poco. −Por si no lo has notado, hay escasez de agua corriente caliente.
Entré en mis nuevos pantalones vaqueros, saltando arriba y abajo mientras la tela se pegaba a mi piel húmeda como spandex. De pie, descalza, revolví en la última bolsa y saqué un par de converse, unos calcetines y una gran sudadera con capucha. Cuando escuchó el ruido de la cremallera de la sudadera, se volvió hacia mí de nuevo y bajó la toalla.
−Es agradable ver a otra persona viva. −Dijo en voz baja. −Durante un tiempo pensé que estaba solo.
Nos quedamos allí por un momento, mirándonos el uno al otro, hasta que recordé al hombre y a la mujer de la costa. −Espera, ¿qué pasa con la pareja de ancianos?
−¿Pareja de ancianos? −Connor levantó una ceja y me miró con curiosidad. −¿Dónde?
−Estaban allí, observándonos. −Señalé al lugar donde habían estado tomados de la mano. −Los vi cuando me sacaste, pero no sé a dónde han ido.
Connor miró de arriba a bajo los muelles, exploró la costa y se volvió hacia mí encogiéndose hombros. −¿Por qué se irían?
−No lo sé. −Me senté con fuerza en el muelle para ponerme los calcetines y los zapatos. Zoey parecía ansiosa por alejarse del agua, pero ya no parecía estar sufriendo por el frío. A pesar de la ropa seca, yo todavía estaba temblando. Mis músculos se sacudían en oleadas dolorosas, por lo que todo mi cuerpo dolía. Era como si nunca más fuera a estar caliente. Saqué el cepillo de la mochila e intenté pasarlo por los extremos anudados de mi pelo mojado antes de abandonar y colocarlo todo de vuelta en un moño desordenado.
−Bueno, podríamos buscarlos… si quieres. −Dijo casi como una pregunta.
−¿Nosotros?
Lo miré con curiosidad mientras se movía incómodo y se pasaba una mano por el pelo ondulado, obviamente, intentando escoger sus siguientes palabras con cuidado. Su rostro mostraba una amplia gama de emociones, sus gestos casi familiares.
Se movió un poco, alejándose de mí. Se puso de pie con las manos metidas en los bolsillos traseros de sus pantalones y me preguntó, −¿Estás saliendo de la ciudad? −Señaló con la cabeza mi mochila y añadió, −Parece que llevas mucho para un solo día de viaje.
Parpadeé, incapaz de responder a la primera pregunta. −Vine aquí a buscar a alguien. −Me detuve el tiempo suficiente para envolver los brazos alrededor de mi cintura, −Y ahora me dirijo al aeropuerto. Aunque no sé lo que espero encontrar allí.
−El aeropuerto está lleno de muertos. −Dijo sin ninguna emoción.
−Oh. −No podía pensar en nada mejor que decir.
Sabía que tenía que ir y por lo menos dejar una nota, mantener mi rastro fresco para cualquier persona que estuviera buscándome, pero no había pensado que hacer a continuación. Sabía que en el fondo de mi mente esperaba encontrar a otros supervivientes. Ahora que lo había hecho, no sabía que hacer. ¿Ahora que?
La semana anterior a que se fuera la luz, había llamado a una de mis amigas más cercanas que vivía en Las Vegas. Cuando hablé con ella estaba en la cama. Estaba lúcida a un minuto y al siguiente confundida y vomitando. Colgó el teléfono después de decirme que iba a llamar a su padre. Él había muerto siete años antes de cáncer. Cuando una hora más tarde la volví a llamar, no contestó. No había nadie más a quién buscar, pero las ganas de seguir buscando estaban ahí. El deseo de encontrar a alguien más fuerte que nunca.
Bruscamente dije, −¿Quiéres venir conmigo? Al aeropuerto, quiero decir. Hay algo que tengo que hacer allí. −No quería estar sola de nuevo con todas esas personas muertas, ningún lugar a donde ir y nadie a quien encontrar.
Sus pálidos ajos azules parecieron perforarme y estaba segura de que me diría que no. Esa pequeña voz dentro de mi cabeza me advirtió que no fuera por ahí con un desconocido por muy agradable y atractivo que pareciera, pero me negué a escucharla. De alguna manera, parecía peor estar sola cuando sabía que habían otras personas a mi alrededor que cuando pensaba que era la única persona que quedaba en pie. Además, la perra estaba a gusto con él, y en ese momento, eso era razón suficiente para que confiara en él.
−Está bien. − Mis hombros se relajaron después de que aceptó.
Se dio la vuelta y empezó a ir hacia tierra, y por primera vez, me di cuenta de una mochila grande apoyada en una caja cerca de la entrada del muelle. Un suspiro de alivio escapó de mi boca.
Caminando uno al lado del otro, salimos del muelle y cruzamos un estacionamiento vacío para llegar a North Harbor Drive. Pasamos por el USS Midway y el Museo Marítimo, seguimos por la calle hacia el oeste hasta que la pista de aterrizaje apareció ante nosotros.
Una explosión surgió de algún lugar cercano, explotando los cristales de un edificio cercano y haciendo temblar el suelo bajo nuestros pies. Caí de rodillas sujetando con fuerza el collar del perro. Saqué la correa de Zoey y la enganché en su lugar, no estaba preparada para correr tras ella. Confundidos, los tres nos quedamos allí por un momento, de rodillas en el suelo. Cuando los ladridos de Zoey se calmaron, me sentía sorda, pero pude escuchar el vidrio cayendo al suelo. Me recordó a unas campanadas al viento, y por un segundo, sonó casi hermoso.
Connor y yo nos miramos con los ojos muy abiertos, luego de nuevo al cielo mientras comenzaba a llenarse de nubes de humo. ¿Explotó un avión? Ninguno de los dos habló de inmediato, no había mucho que decir, sobre todo porque por el momento ninguno podía escuchar bien.
Después de ponernos de pie, Connor me dijo que había escuchado una explosión similar más temprano ese día, y vio humo en el cielo. Había ido al centro para ver si podía encontrar la fuente del fuego. Nos quedamos juntos, mirando a lo lejos donde el aeropuerto se extendía ante nosotros. Si la pista estaba en llamas, podríamos tener una oportunidad de llegar a la Terminal, pero sólo por unos momentos. Pensé en qué nos podríamos encontrar allí, no tenía ni idea. Pero no podía volver atrás. Había dicho que iría a ese lugar.
***
La carretera que conducía al aeropuerto era una complicada red de caos. Un resplandor naranja palpitaba desde algún lugar lejano e invisible de la pista donde el fuego ardía con fiereza. Espirales oscuras del humo se retorcían y rugían hacia arriba, oscureciendo la vista de las estructuras detrás de él. Los vehículos estaban en todas partes, en más de una ocasión tuvimos que deslizarnos sobre los techos y maleteros para pasar a través del desorden metálico. Los militares habían intentado bloquear el acceso a las terminales del aeropuerto, pero era obvio que la gente había forzado su entrada. A medida que pasamos con cuidado alrededor de las colapsadas cercas con las que los militares habían bloqueado la entrada, vimos cada vez más vehículos acribillados a balazos. Al final, los militares se habían convertido en civiles.
Una fina capa de ceniza se había instalado en casi todo, dejando un rastro de huellas detrás de nosotros y marcas de neumáticos por dónde quiera que hubieran pasado los vehículos. Olía a fuego, a combustible y a algo orgánico. Personas. Connor hizo un gesto para que me cubriera la boca con la manga de la camisa. Asentí con la cabeza diciéndole que lo entendía y seguimos caminando por el desastre hasta que llegamos a la primera serie de puertas dobles de la Terminal, pero estaba completamente atrincherada con maletas y carritos. Seguimos en la dirección de la pared de cristal ya que por la puerta no podíamos pasar. Me ardían los ojos y la cabeza me dolía por el aire tóxico que estábamos respirando. Estaba a punto de darme por vencida cuando mis manos tocaron el marco de una ventana dónde el vidrio había sido completamente destrozado. Connor me llevó adentro detrás de él.
No se veía mucho. Los pasillos eran oscuros donde el humo había llenado la parte superior y el aire era brumoso.
Connor se colocó delante de mí y me agarró los hombros. Aros oscuros estaban empezando a formarse alrededor de su nariz, sus ojos estaban llorosos e inyectados en sangre, su cabello salpicado de gris por las cenizas. Me sostenía fuertemente mientras me preguntaba en voz alta, −¿Ves algo? No hay nada, ni nadie aquí.
Asentí con la cabeza, pero aún así no me soltó los hombros, así que lancé un débil, −Sí.
Sus manos cayeron finalmente y empujó más allá de mí, saliendo de nuevo por la ventana rota dónde había un poco de aire fresco. El humo se elevaba con avidez en pos de él, escapando de los límites del edificio. Zoey se había quedado fuera y observaba con ansiedad, estornudando cada cierto tiempo. El humo era demasiado espeso, no podíamos permanecer en ningún lugar cercano. Incluso si ahí estuviera la respuesta, no sabíamos lo que estábamos buscando o dónde encontrarlo. Otra explosión masiva podría destrozar todo el lugar.
Esto fue un error. ¿Por qué vino conmigo cuando sabía que no íbamos a encontrar nada? Me pregunté.
Me di la vuelta para seguir a Connor cuando algo rozó suavemente mi espalda. Me detuve bruscamente, mis pies deslizándose sobre los trozos de cristal, pero después de mirar por encima del hombro, no vi a nadie. Permanecí completamente inmóvil, lo único que podía escuchar en mi oído parcialmente dañado era el sonido del fuego hambriento haciendo su camino a través del edificio hacia mí. Mis ojos se llenaron de lágrimas, y aunque tenía el brazo sobre mi boca, cada respiración que tomaba estaba cargada de hollín.
−¿Hola? −Llamé entre mis dedos, pero sólo el silbido del oxigeno siendo arrastrado fuera de la habitación me respondió.
Salí corriendo, sin saber si era el fuego o la sensación persistente de una mano en mi espalda lo que me asustaba. Corrí pasando a la perra y a Connor, y me detuve junto a una camioneta roja para recuperar el aliento.
Connor se acercó a mí jadeante, y por un momento todo lo que hicimos fue apoyarnos en la furgoneta y ver como las llamas lamían la parte trasera del edificio. Una pequeña serie de explosiones sacudió el suelo, haciendo vibrar el parachoques de la furgoneta. Sin discutirlo, los tres echamos a correr. Nuestras huellas en el polvo y en las cenizas eran los únicos signos de que habíamos estado allí.
***
Volvimos a hacer el camino por el que habíamos llegado en silencio, medio corriendo, medio trotando. Aparte de nuestras respiraciones dificultosas y el voraz incendio en la pista de aterrizaje, no se escuchaba nada más. Mis oídos pitaron un par de veces, y aunque me dolía la cabeza, parecía que mi audición no estaba dañada de forma permanente. Podía oír el chasquido del cristal detrás de nosotros, el colapso de las paredes y el murmullo del fuego. Sonaba como una cascada distante.
Volvimos hacia la bahía, dejando el aeropuerto detrás de nosotros, pero antes de salir de la intersección me entró el pánico. En nuestra prisa por marcharnos no había considerado un lugar para poner mi próximo mensaje. Agotada, me senté en un banco y exploré la calle. Por la mañana no habría gran parte del aeropuerto. Sin nadie para apagar el fuego, media ciudad podría incendiarse, o algo peor.
Otra serie de llamas estallaron en algún lugar fuera de nuestra visión y la nube de fuego sobre el aeropuerto se duplicó al instante. La tierra tembló bajo nuestros pies y Zoey se encogió detrás de mis piernas. Lo racional sería volver a la estación de autobuses y dejar una nota allí. No tenía ni idea de lo que iba a escribir, pero al menos sería una prueba de que estaba viva, por si alguien me estaba buscando. Por si quedaba alguien. Me dije a mi misma.
Cerré los ojos y me apoyé en el banco con Zoey entre mis pies, jadeando. Connor se sentó a mi derecha hojeando su mochila. Lo escuché abrir un compartimento con cremallera y el sonido inesperado de plástico me hizo saltar. Cuando abrí los ojos, él estaba sosteniendo una botella de agua, hizo un gesto hacia Zoey.
-Lávale la cara y haz que beba. Espero que no hayamos inspirado mucho de ese humo. −Dijo, su voz era ronca, engrosando su acento.
−Gracias. −Le respondí, mi voz tensa.
Lo vi apoyarse contra el respaldo del banco, sus manos detrás de su cabeza. Sin pensarlo le solté, −Sé que puede parecer extraño, pero siento como si ya te hubiera visto antes.
Se inclinó hacia delante lentamente, poniendo sus brazos sobre sus piernas y agachando la cabeza, un lado de su cara cubierto por el pelo oscuro.
−Supongo que tengo una de esas caras. −Murmuró moviendo su mano en el aire, como zanjando el tema.
Así que cambiar de tema es lo que hice.
−¿Qué crees que pasó? Me refiero al aeropuerto. −Le pregunté después de que Zoey se hubiera bebido la mitad de la botella de mi mano ahuecada.
Me bebí lo que quedaba en varios tragos, no me había dado cuenta de lo caliente y seca que tenía la garganta hasta que el agua fría pasó entre mis labios agrietados. Connor se terminó su botella de agua antes de apoyarse con los codos sobre sus rodillas y llevarse las manos a la cabeza. En esa posición se veía casi juvenil, pequeño y frágil. Inmediatamente me sentí avergonzada por mis pensamientos. En base al poco tiempo que había pasado con él, no parecía haber nada débil o pequeño en él. A pesar de lo joven que se veía, su rostro mostraba su madurez, no por la edad, si no más bien de una manera sabia. Supuse que tendría unos treinta años, más o menos mi edad.
Me estremecí cuando suspiró y se sentó, frotándose la nuca, me miró cuando dijo, −No sé lo que pasó. El fuego no estaba ardiendo ayer. Alguien podría haberlo creado. −Dijo las últimas palabras cuidadosamente, deliberadamente, como si quisiera que yo lo considerara.
Me senté más erguida. −¿Por qué? ¿Por qué querría alguien hacer explotar un aeropuerto? −Le pregunté con una pizca de incredulidad en mi voz.
−¿Quién demonios lo sabe? Pero, como es obvio, no somos las únicas personas aquí afuera.
−No, creo que no. −Me quedé en silencio, dándome cuenta de que estar sola podría no ser tan malo como encontrar a más personas con vida. La idea de que alguien podía quemar, deliberadamente, un aeropuerto me puso nerviosa. ¿Alguien estaría intentando que nadie se marchara… o estaría intentando mantener a alguien dentro? Recordé la voz en la calle que había parecido susurrar en mi oído, la pareja de ancianos en la orilla de que desapareció antes de ofrecer ayuda, el toque en mi espalda que parecía pertenecer a una mano invisible. Nada de eso tenía sentido, pero era obvio que no estábamos solos, no del todo.
−Bueno, mira −, dije mientras me ponía de pie y comenzaba a quitar la ceniza de mi ropa nueva y fuera de mi pelo todavía húmedo. −No podemos quedarnos en la ciudad de todos modos. Obviamente no es seguro estar cerca del aeropuerto. Eso empeorará antes de que extinga. Tal vez incluso puede incendiar estos edificios.
−Estoy de acuerdo. −Dijo con una sonrisa fingida en su rostro, −Entonces, ¿cuál es tu plan? −Se sacudió la ceniza de su cabello y rápidamente se sacudió los brazos y piernas. −No estarás pensando en tomar otro chapuzón en el mar, ¿verdad? −Me sonrió.
Mis rodillas se debilitaron ligeramente y fruncí el ceño, no me gustó el hecho de que mi cuerpo parecía incapaz de controlarse a su alrededor. Planté las manos en mis caderas y miré a lo lejos. Menos de una hora antes estaba limpia. Claro, estaba húmeda y helada, pero limpia. Y ahora estaba aquí, cubierta de hollín y cenizas y oliendo a fuego. Apestando de nuevo. Estaba un poco más que irritada por la ironía.
−¿Mi plan? −Me encogí de hombros, −La verdad es que no tengo uno, pero podemos comenzar yendo a la estación de autobuses de nuevo. Quiero dejar algo allí.
−¿Qué quieres dejar? −, me preguntó con un deje de sospecha.
−Una nota. −Respondí simplemente.
−¿Para quién? −Dio un semi circulo con los brazos extendidos.
Cuando me volvió a mirar, no estaba segura de que decir. Tenía miedo de admitir que todo el mundo a quién conocía se había ido, que nadie vendría a buscarme. Pero no podía alejarme de mi vida como si ya no existiera. Dejar las notas me hacia sentir como si estuviera atada a mi pasado, y no estaba dispuesta a dejarlo ir, no todavía. Varias veces me encontré queriendo sacar la foto doblada de mis niños y trazar los contornos de sus caras, pero sabía que si lo hacía, no me querría ir sin ellos. No podía defraudarlos al dejar de correr, todavía no.
En la intersección decidí dejar una nota de todos modos. No estaba segura de si la zona estaría a salvo si el fuego se extendía de la pista y empezaba a bajar por la calle, pero sentía que por lo menos debía dejar un mensaje.
−Espera un minuto. −Murmuré.
Connor me miró mientras abría la mochila y sacaba el pequeño bloc de notas y el gran marcador permanente. Utilicé el capó de un coche para apoyarme y escribir antes de arrancar el papel. Me acerqué al camión militar en la intersección y pegué la nota a un lado. La hoja blanca destacaba notablemente contra la pintura verde de camuflaje. Bien.
1/9 16:00
Hoy he encontrado a alguien, en realidad él nos encontró. Su nombre es Connor. El aeropuerto está en llamas - no hay ayuda allí - por lo que nos dirigimos de nuevo a la estación de autobuses. Esta noche buscaré un lugar para dormir antes de hacer un plan para salir de la ciudad. Volveré a dejar un mensaje pronto.
Espero que me encuentres. – Riley.
Cuando me di la vuelta para reunirme con Connor me sorprendió al encontrarlo de pie justo detrás de mí. Mi frente se topó con su barbilla, y aunque yo me sonrojé y di un paso atrás, él no se movió, en cambio miró por encima de mí con interés, leyendo el mensaje en voz alta. Después se metió las manos en los bolsillos y me miró con curiosidad.
−¿Dejas una nota en cada lugar al que vas?
−No, no en todas partes −, le contesté a la defensiva. −Si alguien está por ahí, buscándome, tiene sentido decirles a dónde voy. Hacerles saber que estoy bien.
Él no dijo nada, sólo siguió mirándome con curiosidad. Me di cuenta de lo cerca que estábamos y comencé a pasar junto a él, rozándome ligeramente contra su brazo mientras pasaba.
Connor se balanceó sobre sus talones antes de seguirme. −No es una mala idea, ya sabes. En realidad es inteligente. −Dijo cuando estábamos caminando lado a lado de nuevo.
Sin estar segura de si estaba siendo sarcástico o no, sentí la necesidad de estar a la defensiva. −Por supuesto.
Caminé más rápido con la esperanza de que él se quedara atrás, pero mantuvo mi ritmo. Podía sentirlo mirándome a cada pocos pasos.
−¿Te enfadé? ,− preguntó después de unos minutos de un silencio incómodo.
Habíamos girado una esquina de la calle y nos dirigíamos de nuevo al corazón de la ciudad. Suspiré sin saber si estaba enfadada con él o con la imposible realidad a la que ahora nos enfrentábamos.
−No −, comencé, −No estoy enfadada contigo. Es este mundo de mierda, ahora tenemos que sobrevivir. No sé que diablos hacer. ¿Por qué estamos aquí?
Mis mejillas se ruborizaron por la ira y me alejé de él con los brazos cruzados, mirando la calle vacía, echando humo. La imagen de mi hija pasó por mi cabeza, cuando ella estaba enfadada, de pie de la misma manera que yo, sus labios muy juntos haciendo un puchero tan cómico que me costaba un gran esfuerzo no reírme. Mis ojos se llenaron de lágrimas al instante y no pude levantar mis manos lo suficientemente rápido para ocultarlas. Las lágrimas calientes rodaron por mis mejillas y las froté lejos con repugnancia. No quería llorar, quería golpear algo.
−Mierda. −Fue todo lo que pudo manejar mi voz antes de agrietarse.
Connor se puso en cuclillas cerca de Zoey, le estaba rascando detrás de las orejas cuando finalmente me di la vuelta para enfrentarlos. Ella se acercó a mí rápidamente, frotándose contra mis piernas y sentándose sobre mi pie izquierdo con la cabeza inclinada hacia arriba, su lengua fuera y sus ojos mirando inocentemente los míos. Me pregunté si sus ojos siempre se veían tan tristes. Me agaché y froté la parte superior de su cabeza, ella lamió mi mano.
−¿Entonces estás bien? −Preguntó Connor. Por un momento casi me había olvidado de él.
Asentí con la cabeza y continuamos, regresando por el lugar por el que había ido pocas horas antes, con Zoey. Ya no podía ver el sol directamente, se había trasladado más allá de los edificios. Largas sombras contactaban con nosotros desde todos los objetos estáticos. El perro parecía nervioso, y recordando como se había escapado anteriormente, sujeté más firme su correa. Ella casi pareció agradecida por ello, como si pensara que yo podría desaparecer cuando no estuviera mirando.
−El hotel en el que me quedo no está lejos de aquí. Hay un montón de sitio para los dos −, le hizo un gesto al perro, −Tengo agua y comida. He estado almacenándolos. −Dijo con una risa suave. −Lo siento, no hay servicio de habitaciones, pero está limpio y es lo suficiente seguro.
−¿Te quedas en un hotel? −, le pregunté. ¿Por qué no había pensado yo eso antes de meterme en la bahía?
−Bueno, sí. No soy de aquí. −Se cambió la mochila de hombro y continuó, −Vine aquí por negocios. En realidad intenté salir de la ciudad la semana pasada, pero el tráfico estaba imposible. Así que nos encerramos en el hotel. Los generadores de emergencia se conectaron en cuanto se fue la luz, y bueno, ahora sólo soy yo. −Se dio la vuelta para mirarme, y por primera vez, la sonrisa en su rostro era completamente forzada.
Hicimos el resto del camino en silencio, con sólo el roce de los zapatos en el hormigón y el ruido de alguna explosión ocasional a lo lejos en el aeropuerto hacíendo eco suavemente a nuestro alrededor. La sombra de un árbol se alzó hacia mí, y por alguna razón me sentí obligada a apurar el paso a su alrededor. Se parecía demasiado a una persona con el brazo extendido.
Cuando llegamos a la estación de autobuses, Connor no hizo ningún movimiento para seguirme; sino que se quedó en la esquina del edificio, mirando nerviosamente arriba y abajo por la calle. Me di cuenta que estaba bajo la luz del sol. Tal vez el también estaba viendo cosas en las sombras. Le dije que no tardaría, y no sólo hice eso, sino que en lugar de sacar la libreta, escribí directamente sobre la puerta de cristal.
1/9 17:00
De camino al Grand High Hotel. Planeo salir de la ciudad con Connor y Zoey – dejaré otro mensaje antes de marcharnos.
Espero que me encuentres. – Riley
Capítulo 3
CarpeDreams
El aire era pesado y estancado, y se precipitaba hacia nosotros en la brisa con urgencia. En las calles más estrechas, el viento silbaba entre los edificios y agitaba los árboles con una promesa tácita de que desplazaría más hojas antes de que las nubes espesas sobre nuestras cabezas que prometían una tormenta se acercaran. El cambio de aire era eléctrico e hizo que caminara más rápido al hotel de Connor, quedándonos por lo menos media hora. Nos detuvimos dos veces, creyendo escuchar a personas en la distancia, pero no vimos a nadie. Estábamos en el borde con nuestros sentidos al máximo, estábamos agotados y sedientos pero corriendo por las calles vacías mientras la oscuridad se establecía en la ciudad, porque ninguno quería estar afuera en la oscuridad.
El hotel destacó ante nosotros como una montaña de hormigón y vidrio y la luz mortecina parecía ominosa y siniestra. Siguiendo a Connor, tropecé a través del gran vestíbulo con poca luz y gemí con cada tramo de escaleras que subíamos. Una pequeña luz de emergencia estaba en la parte superior de cada rellano, y el tono amarillo polvoriento emitía luz suficiente para guiar cada tramo del camino. Cuando tenía la certeza de que no podía seguir subiendo, Connor abrió una puerta y entró en el oscuro pasillo del piso veinte. Un momento mas tarde su linterna iluminó el camino hasta el final del pasillo. Mi estómago se apretó por los nervios al pensar que había seguido a un hombre a su habitación de hotel, con sólo un perro de unas treinta libras como protección.
Qué idiota, me dije a mi misma cuando lo vi dar las zancadas que nos separaban sin problemas. El pánico comenzó a crujir dentro de mí, y por un instante, casi me giré para bajar las escaleras. Pero Connor habló y se giró con una sonrisa, incluso con la tenue luz, la calma penetrante de sus ojos claros mostraron nada mas que bondad. Así que fui a su encuentro.
−Creo que la bombilla del pasillo está fundida. Las otras todavía parecen tener la energía de emergencia. −Dijo casualmente cuando se detuvo frente a una puerta grande. Las cerraduras funcionan con baterías, ¿ves? −Deslizó una llave electrónica de su bolsillo trasero y la insertó en la cerradura. Una tenue luz verde parpadeó una vez y la puerta se entreabrió.
La sostuvo abierta e hizo un gesto para que pasara, lo hice, pero me detuve justo al entrar. No había una sola habitación, desde la puerta se veían por lo menos tres, el lugar era enorme. El estilo era el mismo que el del vestíbulo, costoso y moderno, con líneas limpias y un puñado de colores neutros. Dos grandes ventanales tomaban la esquina de la sala de estar principal con un cristal que iba desde el suelo hasta el techo, flanqueado por unas cortinas de color ciruela. Una puerta abierta daba a lo que parecía un gran dormitorio y una cocina completa estaba llena de alimentos enlatados. Al lado de la puerta se alineaban grandes enfriadores de agua, todo completo.
−Wow. −Fue todo lo que pude decir.
Connor levantó una ceja y me hizo señas para que lo siguiera. Oí el chasquido de la puerta al cerrarse detrás de nosotros. −Bueno, no es nada especial, pero todavía hay electricidad, por lo que la cocina se puede utilizar. Tomé toda el agua que pude encontrar en la planta principal. Las cosas en latas también vinieron de abajo. −Hizo una pausa y se movió incómodo de un pie al otro antes de añadir, −No me gusta pasar mucho tiempo allí. Me siento solo.
Se aclaró la garganta y preguntó, −Entonces, ¿quién tiene la ducha primero... tú o el perro?
***
Dos largas horas más tarde, me estaba secando el pelo con el pequeño secador de mano unido a la pared del baño del hotel. Nos había costado a los dos meter a Zoey en la bañera principal, y terminé entrando con ella para evitar que saliera. Para cuando terminamos, estaba mojada y jabonosa de cintura para abajo. Connor la secó con la toalla antes de mostrarme una segunda habitación, su propio cuarto de baño igualmente impresionante. Una muy larga ducha tibia y una peligrosa cantidad de jabón con aroma floral más tarde, tuve la oportunidad de secarme el pelo y después de cepillarme los enredos. De hecho me sentí un poco normal.
Antes de salir de la habitación, el olor de la cocina me envolvió y por primera vez en el día, mi estómago se revolvió con algo más que nervios… hambre. Entré en la sala de estar y casi me reí al ver a Connor trajinar en la cocina, envuelto en una toalla grande, con Zoey en lo alto del sofá más cerca como un gato, observando todos sus movimientos.
−Me siento increíble. Gracias por la ducha y por la ¿cena? −Dirigí mi voz en dirección a la cocina mientras caminaba a las ventanas para disfrutar de la vista, aunque no había mucho que ver, la mayor parte de San Diego estaba a oscuras. Algunos edificios cercanos todavía tenían luces rojas de emergencia intermitentes en los tejados, pero desde dónde podía ver, ningún otro parecía tener luz en el interior.
Connor sonrió por encima del hombro y dijo, −También me di una ducha. Estaba cubierto de pelos del perro. −Zoey estornudó y se extendió a lo largo de la parte superior del respaldo del sofá. En muchos aspectos, se parecía más a un gato que a un perro.
−Noté que mi ropa no está. −Le dije mientras me acercaba a Zoey.
−Oh sí, la puse en la lavadora. En el armario del dormitorio hay una lavadora y una secadora. Espero que no te importe.
−¡Claro que no! −No iba a quejarme. No tenía muchas mudas de ropa, y después del aeropuerto, la ropa sin duda necesitaba ser lavada.
Se dio la vuelta para mirarme y pareció sorprendido por lo que vio. −Te ves diferente. −Dijo después de un momento, no hizo ningún esfuerzo por ocultar su mirada mientras me recorría de arriba a bajo, dos veces.
−¿Diferente? Si te refieres a seca y sin ceniza, bueno, entonces sí, supongo que me veo diferente. −Me reí un poco nerviosa mientras metía un mechón de pelo rubio ondulado detrás de mi oreja.
−Tu pelo es rubio. −Dijo sonando un poco sorprendido.
−Y tu estás cocinando en una cocina a media luz con una extraña y su perra vestido únicamente con una toalla. −Le devolví.
Se echó a reír, pero antes de que se diera la vuelta me pareció ver sus mejillas ruborizándose un poco. Bien, me dije a mí misma, se ha avergonzado un poco.
−Acércate a la encimera y sírvete tu misma. −Hizo un gesto hacia la botella de vino abierta.
−¿Vino? Bueno, ahora nunca te voy a dejar. −Hice una pausa, −Es broma, por supuesto.
−Eres bienvenida a quedarte todo el tiempo que quieras. Pero no sé cuánto duraran los generadores. –Y la realidad de la situación se precipitó de nuevo sobre los dos.
Me senté de golpe en uno de los taburetes de la cocina y me serví una generosa cantidad de vino en una de las grandes copas. Era un vino blanco, y tenía un sabor deliciosamente frío y dulce. No me molesté en usar el pie de la copa, en su lugar, puse las manos alrededor de ella para beber.
−¿Qué estás haciendo? −Le pregunté entre sorbos largos.
−Verduras y un poco de arroz. −Se dio la vuelta con dos platos llenos de alimentos en sus manos y las colocó sobre la encimera. Se sentó en el taburete a mi lado, tan cerca que nuestras piernas se tocaban. Me moví nerviosamente por el calor que amenazaba con volver mis mejillas carmesí.
−Oh, casi lo olvido. −Se levantó, volvió a la cocina y señaló un recipiente cerca del fogón. −¿Puede comer esto? −me preguntó.
−Por supuesto. −Vi como Zoey volaba del sofá, corría a la cocina y comenzó a lamer la comida. Antes de que Connor volviera a sentarse, el cuenco estaba medio vacío. El calor de su pierna parcialmente desnuda irradió de nuevo a través de mis pantalones vaqueros, pero no quería alejarme. Su calor era reconfortante.
El primer bocado fue delicioso. −Está muy bueno. Gracias. −Le dije después de mi segundo trago. Alejé el flequillo de mis ojos mientras me inclinaba por otro bocado. Estaba excepcionalmente cómoda alrededor de Connor, pero en cierto modo, la cena se sintió incómoda.
Comimos en silencio durante un rato, bebiendo vino entre bocado y bocado. A mitad de la comida, Zoey se extendió en la parte superior del sofá de nuevo, acostada sobre su estómago, las cuatro patas colgando por los bordes de los cojines, en segundos estuvo roncando. Me ofrecí para limpiar los platos, pero Connor se unió a mí en el fregadero y con un trapo fue secando lo que yo lavaba. Veinte minutos más tarde la cocina estaba limpia y la charla había terminado.
Connor desapareció en su habitación por un rato y cuando volvió anunció que la tropa estaba en la secadora. −Debería estar lista en media hora más o menos. −Llevaba unos pantalones sueltos y camiseta blanca de algodón ajustada.
−Gracias. −Sonreí en su dirección y me terminé copa de vino antes de cruzar la habitación para sentarme en el sofá frente a Zoey. No quería molestarla ya que parecía estar teniendo la mejor siesta que había tenido en semanas.
Connor tomó su copa y me sorprendió sentándose a mi lado. Se sentó inclinado, una de sus piernas en la mesita de café y la otra doblada por la rodilla, apoyada no muy lejos de mis pies. No estaba segura de si debía alejarme de él o quedarme quiera. ¡No te atrevas a moverte! Gritó una pequeña voz dentro de mí.
−Así qué −, empezó después de aclararse la garganta. −¿Quieres salir de la ciudad e ir exactamente a dónde? −Él me miró bebiendo su vino. Ahora tenía el pelo seco, sus ondas revueltas dándole un aspecto un poco salvaje. La oscuridad de su cabello contrastaba con su piel blanca y ojos azules. Él parpadeó y alejé mi mirada.
−Sí. Bueno, esa es la pregunta del millón ¿no es así? −Pensé por un momento y luego añadí, −Llamé a mis amigos y familiares, y algunos de ellos viven fuera del estado. Creo que esto, sea lo que sea, se extiende en toda América del Norte. −Me arriesgué a mirar en su dirección.
Él asintió con la cabeza y dijo en voz baja, −No se trata sólo de Norteamérica. En el extranjero también. −Se movió un poco apoyándose más en los cojines y tomo un largo trago de su copa antes de continuar.
−La última vez que hablé con mi familia fue hace casi dos semanas. Mis padres, son de Dublín, estaban de camino al hospital. Dijeron que todo el mundo en Londres estaba enfermo. −Se detuvo allí, como si estuviera pensando en lo que dijo. −Hubo otros con los que no pude contactar. No sé que pasó con ellos. −Sus palabras salieron pesadas y de pronto parecía perdido en sus pensamientos.
Nos quedamos allí sentados, escuchando a la perra roncar. Después de un rato rompí el silencio, −Así que, ¿Eres de Irlanda o de Londres? No acabo de ubicar tu acento. −Tomé un sorbo de vino.
−Soy de Dublín −, dijo.
−Lo imaginaba, aunque tu acento es muy débil. −Esperé que me diera más detalles, cuando no los conseguí seguí, −Yo también soy irlandesa. No directamente, pero muchos de mis antepasados lo eran. −Le sonreí, no sabía que más decir.
−¿Si? −preguntó y sonrió, mirando primero mis ojos azules y luego mi cabello rubio, como si me estuviera tanteando.
−¿Has estado alguna vez?
−¿En Irlanda? −Me reí en voz baja. −No, no he salido del país. −Tenía planeado ir, pero en el fondo sabía que si lo hacía, nunca volvería aquí.
Connor se rió mucho y duro, y se bebió resto del vino. −Tel vez algún día. −Las palabras quedaron frotando en el aire cuando se puso de pie con las manos en las caderas, estirándose. Nos despedimos el uno del otro y nos retiramos a nuestras habitaciones, con excepción de Zoey que seguía durmiendo en el sofá.
***
Dejé mi puerta abierta para el perro. Sabía que con el tiempo se despertaría e iría a buscarme. Así que en las primeras horas de la mañana, cuando sentí la suave presión del movimiento de la colcha a mi lado y un cuerpo acurrucarse contra el mía no me alarmé… no hasta que un brazo se deslizó sobre mi cara y una mano se posó en mi estómago. Asustada, grité y salté en la cama, golpeando el cabecero de madera lo suficientemente fuerte para que Zoey entrara desde la otra habitación. Ella entró corriendo, gruñendo y Connor vino detrás de ella un momento después, un poco aturdido.
−¿Qué...? − murmuró Connor frotándose la cara con una mano, la otra sosteniendo la botella de vino que habíamos vaciado anteriormente en la noche.
−Ahí alguien aquí. −Susurré. Mantuve los ojos en la cama mientras buscaba a tiendas la lámpara de la mesita de noche hasta que encontré el interruptor. La luz inundó la habitación, pero todavía era oscuro.
Zoey se puso en posición firme junto a la puerta, y sólo cuando la luz se encendió dejó de gruñir. Saltó sobre la cama y dio vueltas oliendo las mantas y almohadas. Eventualmente, se sentó a mi lado y apoyó la cabeza en mis piernas. Gimió y me distraje frotando la parte superior de su cabeza. Mi otra mano encontró sus oídos y rasqué detrás de ellas. Me temblaba todo el cuerpo.
−Aquí sólo estamos nosotros. −Dijo Connor sonando adormilado. Dejó la botella sobre un pequeño armario junto a la puerta.
−Juro que alguien estaba en la cama junto a mí. −Miré alrededor con nerviosismo. El único lugar al que podría haber ido era el cuarto de baño y debajo de la cama. Subí mis pies hasta las rodillas y me volví a sentir como una niña de ocho años. Zoey se movió y apoyó la cabeza en sus patas mirando como Connor encendía la luz del baño.
−Todo bien por aquí. −Dijo mientras se apoyaba en el marco de la puerta, los brazos cruzados sobre el pecho. No hizo ningún intento de ocultar un bostezo.
Era evidente que no iba a revisar debajo de la cama. Así que me incliné hacia delante, rodé sobre mi estómago y me incliné por el costado, tirando lentamente de la sábana y la manta para mirar debajo del colchón. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad todo lo que pude ver fue la alfombra, pero entonces, el otro lado de la colcha se volteó hacia arriba y allí estaban los ojos de Connor, mirándome. Un grito ahogado escapó de mi boca antes de registrar que era su cara y no un intruso, perdí el equilibro y me deslicé fuera de la cama, quedando como un montón arrugado en el suelo. Me quedé allí sobre mi espalda, respirando con dificultad mientras Connor se sentaba en el borde de la cama, riéndose a mi costa.
−Oh, cállate. −Le dije medio en serio mientras me ponía de pie y enderezaba la camiseta. −Has asustado toda la mierda fuera de mí, ¿en qué estabas pensando?
−¿De verdad pensabas que había alguien debajo de la cama? −Contestó Connor sosteniendo una de sus manos sobre su boca para ocultar la sonrisa.
−Aquí había algo. Sentí como alguien se acostaba a mi lado −, me puse de pie con los brazos cruzados y una mirada de indignación en mi cara. Estaba tentada a fruncir mi labio inferior y hacerle un mohín petulante.
−Probablemente estabas soñando. −Hizo una pausa y miró a su alrededor serio. −Yo he tenido algunos sueños extraños últimamente.
−Yo no estaba soñando. −Lo miré consciente de que mi cara estaba enrojecida.
−Está bien, no estabas soñando, pero ahora no hay nadie aquí. Salvo nosotros, por supuesto. −Hizo un gesto a su alrededor. Se puso de pie y se pasó la mano por el pelo, un movimiento que me parecía cada vez más atractivo, me molestó de inmediato.
Connor se acercó a la puerta y se volvió hacia mí. −¿Estarás bien aquí?
Rodé los ojos y señalé un espacio en la cama junto a mí mientras me ponía de nuevo bajo las sábanas. −Estaré bien, Zoey se quedará aquí.
−Ok, buenas noches. −Sonrió y cerró la puerta tras de sí.
***
Connor se quedó inmóvil en la cama, descansando sobre su espalda con los brazos metidos debajo de la almohada, mirando las baldosas del techo. La habitación brillaba ligeramente por la luna, por lo que todo a su alrededor era del mismo color gris azulado. Su habitación olía un poco a detergente y a perro mojado mientras repetía los eventos del día en su cabeza.
Se había desperado sobresaltado por la mañana por una fuerte explosión que vibro a través del hotel. Había visto el humo en la distancia, y no estaba seguro, pero parecía venir cerca del aeropuerto, y se preguntó si algún avión había intentado aterrizar y en su lugar se había estrellado. Así que cuando el humo empeoró en lugar de mejorar, decidió dejar la búsqueda de suministros para por la tarde y se puso de camino para ver que pasaba. Había estado en el aeropuerto la semana pasada. Había tantos cuerpos en el interior y la pista estaba tan llena de aviones que incluso aunque alguien volara hasta allí, no podrían rodar por la pista. Dudaba que un avión pudiera aterrizar en absoluto, pero tal vez alguien lo había intentado de todas formas. De cualquier manera, valía la pena ver lo que estaba pasando.
Pasó a través de las calles, caminando a paso rápido con las manos metidas en los bolsillos. Al doblar una esquina, se detuvo en seco cuando en algún lugar en la distancia un perro ladró con fuerza. Se quedó inmóvil, conteniendo la respiración, escuchando. Los ladridos se detuvieron tan abruptamente como habían empezado, así que no pudo precisar, ni orientar su ubicación. Las calles parecían huecas y los sonidos rebotaban en los edificios, por lo que era casi imposible de encontrar la fuente.
Se bajó de la acera, todavía moviéndose en la dirección que creía que era al oeste cuando oyó un grito. Sonaba tan lejos como el perro y, de nuevo, se detuvo a escuchar. Dio un círculo mientras los ecos vibraban por las calles, casi seguro de que no venían desde detrás de él. Echó a correr, todavía moviéndose al oeste, y después de pasar a través de una parte de la ciudad bloqueada, los gritos pararon. Sonaban como un niño o una mujer llamando a alguien. No estaba seguro, pero sí sabía una cosa, después de todo, no estaba solo.
Esperó que llegaran más gritos, incluso silbó un par de veces con la esperanza de escuchar al perro, pero todo volvía a estar en silencio, por lo que continuó corriendo por las calles, la mochila golpeando su espalda a cada paso, aunque no le hizo caso. Sólo se detuvo en las intersecciones para mirar cada calle a ambos lados y escuchar. Había pasado casi cuatro bloques cuando vio los primeros destellos de la bahía por delante de él. Aunque todavía estaba a casi una milla de distancia de la costa, a lo lejos le pareció ver una pequeña figura tapando el sol por un segundo, para cuando pasó un edificio, había desaparecido. Comenzó a correr de nuevo, esta vez a toda velocidad. Quería encontrarla antes de que desapareciera.
Unos cuantos minutos más tarde, llegó a la calle que se fusionaba con Harbor Drive. La bahía se extendía delante de él, viejos barcos atracados a su izquierda, otros más grandes, privados y comerciales amarrados a pequeños muelles flotantes a su derecha. Miró por la calle hacia el sur, donde había desaparecido la figura, miró a Noth Harbor Diver antes de notar el humo en el cielo. El aeropuerto tenía que estar en llamas.
−Mierda. −Dijo en voz baja.
Sin aliento, se quedó helado en su lugar sin saber a dónde ir cuando a su izquierda escuchó la voz de una mujer en la distancia. Después de cruzar la calle, fue corriendo media cuadra mirando a los edificios y alrededor de los barcos. Y entonces la vio. En la calle, a través del estacionamiento, al final de uno de los muelles vio a una chica saltar al agua y lo que parecía ser un perro negro saltar detrás de ella. Cruzó la calle y echó a correr por la acera, buscando un camino hacia los muelles. Para cuando llego al estacionamiento, ya no estaba seguro de en que muelle estaba, así que se paseó por la línea de la orilla, saltando por las rocas que bordeaban la bahía con la esperanza de avistarla. Podría escuchar al perro ladrar, pero no podía ver a ninguno de ellos.
Frustrado, volvió sobre sus pasos a través del estacionamiento y corrió hasta el final, donde un gran muelle comercial estaba detrás de un restaurante de mariscos. Al final, los vio nadar de regreso al muelle.
−¡Hey! −Gritó y agitó los brazos... pero la mujer no respondió.
Corrió por el muelle hacia los muelles más pequeños hasta que encontró el que estaba más cerca. Dejó caer su mochila en la puerta y corrió, la brisa fría moviéndose a través de su ropa y piel. Había muchos lugares entre los barcos donde podría estar, le tomó un minuto llegar al final dónde había una bolsa con un montón de ropa.
Después de mirar en busca de cualquier señal de vida, vio al perro primero, nadando en círculos. Se acercó al borde y vio unos dedos pálidos sosteniéndose al borde del muelle, miró hacia abajo y ahí estaban, flotando en el agua a varios metros por debajo de él.
Una atractiva mujer de pelo largo y ojos de color azul oscuro se aferraba para salvar su vida, el perro sin ser de mucha ayuda, claramente sin saber que hacer. Después de sacarlos a los dos del agua, supo que había esperanza. Esperó que hubiera más ahí fuera.
No lamentaba el resto del día, incluso lo del aeropuerto, aunque sabía que allí sólo había muertos, y que era muy probable que el lugar estuviera en llamas. Y no se arrepentía de haberla invitado al hotel con comida, agua y refugio seguro, a pesar de que la invitación había salido de su boca antes de que su cerebro lo pensara. Pero se arrepentía de haberle mentido a Riley. Cuando le preguntó su nombre, se quedó paralizado. Ahora todo era diferente y era evidente que no lo había reconocido.
Durante años había querido privacidad, sentirse normal otra vez, ser visto como normal, ser tratado con normalidad, jamás pensó que eso sucedería porque el mundo muriera, dejándolo completamente solo. No creía que fuera a suceder así. Así que mintió y le dio su apellido. Ahora podía ser quien quisiera y Connor era un nombre tan bueno como otro cualquiera.
En realidad se sentía feliz con Riley alrededor. Igual que tenía un propósito, aunque fuera pasar día a día. Incluso podría acostumbrase a la baba de la perra. Se sentía más seguro con ellos… cómodo y como si estuviera bien volver a reír. Podía ser el mismo, su verdadero yo con Riley, porque no lo conocía como lo hacía el resto del mundo.
Además, ella era preciosa, aunque un poco descuidada, y tenía un plan, a pesar de que él no sabía exactamente de qué se trataba, era mejor que estar sentado en un hotel de lujo esperando morir finalmente-
Los colores reales de la habitación estaban comenzando a volver a la vida mientras el sol luchaba por atravesar la oscuridad de la noche y calentar la tierra cuando por fin dejó que sus ojos se cerrasen. El sueño lo llevó rápidamente, con entusiasmo, y no le dio ninguna pesadilla contra la que luchar.
Capítulo 4
CarpeDreams
No pasó mucho tiempo para que Zoey se durmiese acurrucada contra mis piernas, pero mantuve los ojos abiertos hasta el amanecer. Cuando el sol comenzó a entrar a raudales en la habitación obligando a las sombras a retroceder, seguí sin moverme hasta que desapareciera por completo la oscuridad. Cuando me di la vuelta de lado hundiéndome más en la cama, la habitación estaba inundada de amarillos pálidos y naranjas. Tropecé fuera de la cama, me puse rápidamente los pantalones y una camiseta y salí de la habitación. Zoey pareció decepcionada cuando vio las copas vacías en el suelo de la cocina.
Me fije que Connor había cerrado la puerta durante la noche, así que me acerqué en silencio y con cuidado incliné la cabeza cerca de la puerta, escuchando los sonidos procedentes de la habitación. Satisfecha de que todavía estuviera dormido, me aventuré a la cocina y busqué las tazas y el café en los armarios. Preparé la cafetera, sólo el olor me ayudó a relajarme y despertarme un poco. Tomé la taza caliente y me acerqué a la ventana, mirando la habitación que nos rodeaba. Tenía una vista parcial del océano que no había podido ver por la noche, y temprano en la mañana la luz del sol hacia que el agua parecía como un cristal coloreado. El brillo era casi cegador, así que cambié la dirección de mi mirada hacia arriba y abajo por algunas calles. En dirección al aeropuerto el aire era brumoso, el viento había alejado el humo, pero todavía había una especie de ardor en la zona del incendio. Zoey me permitió disfrutar de mi café durante, exactamente, dos minutos antes de sentarse en la puerta principal y gimotear para salir. Eso significaba caminar por veinte tramos de escaleras. Genial.
−Vale, vale. Dame un minuto chica.
Fui a la habitación, me puse las Converse y tomé la correa de Zoey de la mochila, deslizándola por la parte de atrás de mi cuello como si fuera una delgada bufanda rosada. Cogí la llave de la encimera donde Connor lo había dejado la noche anterior y me deslicé en silencio hacia la puerta. El perro y yo trotamos por cada tramo de escalera hasta llegar al rellano de la planta principal.
El vestíbulo era más grande de lo que recordaba de la noche anterior. Había sillas y mesas esparcidas a un lado de la habitación principal para socializar, y un pequeño bar en otro rincón. En mi opinión, el mostrador principal era la cosa más impresionante en la habitación, con una gran encimera de mármol resistente y un protector contra salpicaduras de azulejos de colores.
Una vez fuera, pude oler el humo en el aire y notar que el viento parecía estar cambiando, soplando el fuego del aeropuerto en nuestra dirección. En silencio, me regañé por no llevar un abrigo dado que eran las 6:00 a.m.
Afortunadamente, no tuvimos que alejarnos de la entrada del hotel antes de encontrar un trozo de hierba dónde Zoey hiciera sus cosas. Mientras ella exploraba el lugar perfecto, me acerqué a la esquina del edificio y miré la calle. El sol aún no había llegado a los coches y la mayoría todavía estaban cubiertos de escarcha. Miré a cada una de las ventanas del edificio en busca de señales de vida, pero nada se movía, nada respiraba. Zoey fue oliendo detrás de mí y juntas volvimos al vestíbulo y subimos las escaleras.
En el rellano del cuarto piso, mientras hablaba con la perra sobre el desayuno y ser amable con nuestro anfitrión, una de las puertas por debajo de nosotras se abrió con un fuerte chirrido y rápidamente se volvió a cerrar de golpe. El ruido sobresaltó lo suficiente a la perra como para enviarla corriendo la mitad de un tramo de escaleras. Me quedé inmóvil en mi lugar. No estaba segura de si debía gritar o permanecer oculta. Con el tiempo, me incliné sobre el borde de la barandilla, pero no parecía que nadie estuviera subiendo por las escaleras oscuras de debajo de nosotras. De repente, Zoey ladró con fuerza haciéndome saltar tanto que me mordí el labio inferior. El aire era pesado y la temperatura de las escaleras cayó haciendo que se me pusiera la piel de gallina.
−¡Mierda, perro! −, le susurré, −Ssshhhhh.
Ella dejó de ladrar, pero se quedó nerviosa en la barandilla por encima de mí, mirando hacia abajo… su pelo erizado, su rabo tieso entre sus patas. Yo ya no sentía la necesidad de saber quién había abierto la puerta y comencé a correr por las escaleras, tomando los escalones de dos en dos. Llegamos a la decimoquinta planta antes de que tuviera que parar y recuperar el aliento. Sentí una puntada en un costado dolorosa como el infierno y Zoey jadeaba con fuerza, pero intenté seguirle el ritmo cuando ella subió el siguiente rellano de escaleras y se sentó, esperando.
−Espera. −Dije prácticamente jadeando.
Tomamos los siguientes tramos un poco más lentamente, pero aún así, llegamos al piso veinte a tiempo. Para cuando me apoyé en la puerta de entrada al pasillo estaba sudando. Zoey estaba husmeando por la rendija de la puerta, esperando que la abriera, pero quería asegurarme de que no nos habían seguido antes de entrar. Una vez más, me apoyé en la barandilla, pero no vi nada, tampoco escuché nada. Si había alguien allí, no estaba prestando atención a donde estábamos en las escaleras, por lo que no debía saber en que planta estábamos. Decidí correr el riesgo. Salimos de las escaleras en silencio y corrimos por el pasillo. Una vez dentro de la habitación, la perra y yo nos relajamos.
Connor estaba levantado y bebiéndose su café. Asintió con la cabeza hacia nosotras y le silbó a Zoey, llevándola a la cocina donde había un plato de comida para ella.
−Supuse que el perro necesitaría salir −, dijo. Tenía el pelo despeinado, como si, literalmente, sólo hubiera salido de la cama. −Buenos días. −Su voz todavía era ronca por el sueño. El Connor de día era sexy, pero el Connor de temprano en la mañana… no había palabras que le hicieran justicia a ese hombre.
−Hola. −Aun estaba sin aliento. Me dio una botella de agua y cuando por fin dejé de jadear le dije, −Creo que hay alguien más en el hotel. −Me bebí más de la mitad de la botella de agua.
Connor no respondió, pero me miraba con curiosidad. Cambié mi agua por mi todavía caliente taza de café y le transmití lo que había sucedido en el hueco de la escalera. Levantó la taza humeante a su boca y escuchó sin hacer comentarios. Lo que dijo cuando terminé me sorprendió.
−Creo que tienes razón −, dijo en voz baja.
−¿En serio? −Pensé que no me creería, al igual que la noche anterior, cuando sentí a alguien intentando abrazarme en la cama.
−Lo que pasó anoche me hizo pensar. −Hizo una pausa mordiéndose el labio inferior. −Bueno, a veces yo también escucho cosas, pero nunca he visto a nadie, al menos no completamente. −Se sentó en el brazo del sofá, soplando el humo de su taza.
−¿Qué significa eso? ¿No completamente...? −No entendía lo que estaba tratando de decir. Me moví en frente de él, esperando que hiciera contacto visual.
Cuando me miró, su rostro estaba cansado y serio, las líneas de expresión alrededor de sus ojos parecían haberse profundizado desde el día anterior. Hizo una pregunta simple pero complicada.
−¿Crees en los fantasmas, Riley?
***
Era como si todo el aire de la habitación hubiera sido aspirado por un vacío gigante. Una parte de mí quería reírse en la cara de Connor de la incredulidad de lo que estaba sugiriendo, pero otra parte, una parte mucho más grande lo aceptaba, por completo. Yo había estado viendo, escuchando e incluso sintiendo cosas que no podían o al menos no deberían ser reales. Me senté pesadamente en el sofá y Connor se giró hacia mí.
−¿Así que no soy solo yo? −le pregunté.
Me miró parpadeando. −No, creo que no.
−Bien. −Hice una pausa cerrando los ojos el tiempo suficiente para trasportar mi mente de nuevo a casa… los abrí con cautela, no queriendo sufrir con los recuerdos de nuevo.
−¿Bien? −Connor parecía sorprendido.
−Bien, sí. Eso quiere decir que no me voy a volver loca. Gracias a Dios.
Connor asintió y se sentó a mi lado, sus hombros desplomados como si estuviera sosteniendo el peso del mundo sobre ellos. Olía encantador en la mañana… almizcle de tenue sudor mezclado con un olor fresco de las sábanas. Por un momento, su olor me sobrecogió y me encontré inclinándome hacia él un poco cuando comenzó a hablar.
−Volé a Los Ángeles por negocios hace tres semanas con otras dos personas. −Hizo una pausa para aclararse la garganta antes de continuar. −Es curioso, porque ahora, mirando hacia atrás, recuerdo haber visto un puñado de personas enfermas en el aeropuerto. Durante el vuelo, un hombre y su hijo enfermaron. De todos modos, nos quedamos aquí por tres días antes de que los avisos de cuarentena aumentaran, y los medios de transporte fueran cerrados.
Le interrumpí. −¿Cerrados?
−Sí, cerrados. Salimos del hotel y durante dos días intentamos conseguir un vuelo. La gente atestaba el aeropuerto. Corrían a través de los sistemas de seguridad, volcando puertas. Y la mitad de ellos estaban enfermos. Al segundo día mis amigos estaban mostrando síntomas, así que decidimos volver aquí. Los militares habían comenzado a aislar a las personas, sólo los agarraban y se los llevaban. Anunciaron que el aeropuerto estaba cerrado, nada entraba o salía. −Tomó un sorbo de café y se inclinó hacia delante, dejando la taza en la mesita de café. Yo me quedé sentada, inmóvil, incapaz de apartar la mirada de su rostro mientras compartía su historia conmigo.
−Así que vinimos de nuevo al hotel, pero tomamos un camino diferente. Había una clínica móvil y un gran camión donde la gente se alineaba alrededor, intentando pasar. Era un caos total. Pero dentro había enfermeras militares y médicos, pudimos verlos. Dejé a mis amigos. −Connor se miró las manos. Extendí la mía y toqué lentamente su costado, sólo un poco, para hacerle saber que estaba ahí.
−Ellos estaban enfermos, yo no sabía que hacer. Mi amigo Grant, estaba tan mal que no podía caminar. Seguía temblando y comenzó a sangrar por la nariz y la boca, y yo entré en pánico. −Levantó las manos y las arrastró por su cara. Cuando me miró sus ojos estaban enrojecidos y llorosos. −Jesús, los dejé allí para que murieran. Con todos los otros enfermos. Los abandoné.
Cerró sus manos en dos puños y los apretó contra sus ojos, permaneció así durante mucho tiempo. Cuando finalmente bajó los brazos y me miró, le dije en voz baja, −No podías hacer nada para salvarlos.
−Lo sé. −Dijo con un toque de sarcasmo.
−¿Qué pasó después? −Le pregunté.
−Bueno −, suspiró. −Volví aquí. Para entonces, este lugar estaba prácticamente vacío. Sólo quedaban un puñado de personas. El personal en su mayoría también se había ido. Me escondí aquí, en la habitación. Las calles estaban llenas de gente caminando y enfermos. Llamé a mis padres y me dijeron que la mitad de Dublín estaba enferma. Mis amigos en Londres estaban enfermos o no contestaron. Todo el mundo por aquí murió una semana después. Llamé en todas las puerta. Nadie contestó. Moví los cuerpos que encontré a la sala de conferencias, no sabía que otra cosa hacer con ellos. −Hizo otra pausa, se inclinó hacia delante y se pellizcó el puente de la nariz. Se enderezó en el sofá, inclinó la cabeza hacia atrás y se quedó mirando el techo. Extendí la mano y apreté suavemente su hombro. Él me sonrió débilmente.
−Al día siguiente estaba en la cocina y sentía como si alguien estuviera allí conmigo, siguiéndome. Cada vez que vuelvo ahí desde entonces, siento como si me estuvieran observando. También escucho cosas, como susurros. Y una mañana me desperté cuando algo me rozó la mejilla. Antes, no le hice caso, ya sabes, pensé que era el estrés o algo así. Pero después de anoche contigo, bueno, no puedo dejar de pensar en ello. −Bajó su cabeza y fijó su mirada en mi cara.
−Entonces, ¿crees que lo que hemos escuchado y sentido... son fantasmas o apariciones? −Le pregunté.
−Si piensas en ello tiene sentido. Es decir, todas estas personas murieron, probablemente miles de millones si se extendió por todo el mundo, y pasó muy rápido. No hubo cierre para nadie. −Se dio la vuelta, todo su cuerpo frente a mí. −Si crees en este tipo de cosas, supongo.
−Bueno, no soy fan de Stephen King, no creo en casi nada. −No sabía que más decir, por lo que sonreí con timidez. Connor se echó a reír.
Eso tenía sentido, tanta gente muerta, por lo mismo, la misma enfermedad y una muerte rápida. Habría millones de personas que no habían tenido la oportunidad de despedirse de sus seres queridos.
Si un fantasma se producía a raíz de tener asuntos pendientes, eso podía ser.
−¿Qué hacemos ahora? −Me quedé ahí sentada, con la pregunta en el aire, sabiendo que ninguno de los dos sabía como responderla.
−No tengo ni idea. Seguir viviendo, creo −, respondió.
***
Me senté en el suelo con las piernas cruzadas mirando por la ventana. Estar a veinte pies de altura era vertiginoso al principio, pero cuanto más tiempo pasaba mirando las calles y los edificios más pequeños que nos rodeaban, mi vértigo amenazó menos con tomar el control de mi cuerpo. La vista habría sido magnifica en un día claro sin la capa de humo flotando en la parte superior del aire impidiéndo que se filtrase gran parte de la luz solar. También podíamos olerlo en el interior. El leve soplo de aire llenando todo de humo.
Connor se acercó por detrás y me tocó suavemente la parte posterior del brazo. Miré por encima del hombro para ver lo que me estaba ofreciendo, una manzana verde. La tome y asentí con la cabeza a modo de agradecimiento. Yo las había tomado de los árboles del vecindario antes de dirigirme a la ciudad. Una pequeña bolsa de manzanas era una de las cosas que había sacado la noche anterior de la mochila para compartir. Parecía justo teniendo en cuenta que Connor estaba compartiendo todo lo suyo, no sólo conmigo, también con mi perra.
Él me dejaba perpleja la mayor parte del tiempo. Había pasado por un desastre, perdido a sus amigos y probablemente a todos los que conocía en el extranjero, se ocupó de un puñado de personas muertas en el hotel y vio el enjambre de enfermos en el aeropuerto. Y sin embargo, sonreía, todo el tiempo. Reía tanto como parpadeaba. Su actitud era contagiosa, pero estaba empezando a creer que todo era una fachada. Nadie podía ser tan equilibrado como él dejaba ver y seguir siendo humano.
Ten cuidado, me regañó esa voz interior, y en lugar de empujarla a un lado, la escuché. No era que no confiara en él, en realidad sentía todo lo contrario. Confiaba en él como si lo hubiera conocido de toda la vida, pero por alguna razón me parecía demasiado pronto para compartir mi historia. Sentía, a pesar de que el había compartido gran parte de la suya, que mi historia debía permanecer privada. No estaba dispuesta a hablar de mis hijos… o de su padre. Nos habíamos divorciado hacía dos años, pero todavía estábamos unidos. Intentábamos hacer una vida normal por nuestros hijos, y yo estaba triste por haberlo perdido, pero aún más devastada por mi hija y mi hijo. Parecía que lo que había que hacer era seguir adelante y encontrar a otros supervivientes, pero sabía en mi corazón, que esa parte de mí nunca se recuperaría. Nunca sería capaz de sonreír o reír sin sus rostros inundando mi memoria. Nunca entendería por qué no morí con ellos, como debería haberlo hecho.
Mientras estaba sentada en la ventana, comiéndome la manzana, me pregunté de nuevo a dónde ir. Era peligroso, en más de una forma, permanecer en la ciudad. Había considerado ir hacia el norte, A los Ángeles, pero el tráfico de allí, parado, tenia que ser malo. La enfermedad absorbía a la gente rápidamente, pero eso no les impedía saltar al coche y conducir sólo para morir al volante un par de horas más tarde. Ir hacia el norte sería una mala idea.
Quedaban dos opciones, ir hacia el este por las montañas o viajar al sur con la frontera de México.
−Connor, ¿por casualidad hablas español? −Pregunté al azar cogiéndole con la guardia baja.
−Uh ,− tomó un bocado de la manzana. −En realidad no. −Sacudió la cabeza, −¿Por qué? ¿Planeas ir al sur?
−Lo pensé. Pero no hablo bien español. −Suspiré pesadamente.
Mordió su manzana y vi cómo los músculos de su mandíbula se flexionaban sin esfuerzo, y cuando pasó la lengua inconscientemente sobre su labio inferior, me sonrojé y aparté la mirada. ¿Qué tenía este tipo?
−Entonces al este, −dije en voz alta a nadie en particular.
−¿Este? ¿Es ahí donde quieres ir? −me miró todavía masticando. Intenté no mirar su mandíbula.
-¿Por qué no? Creo que se tardaría más en llegar a Los Ángeles, sobre todo si tenemos que caminar gran parte. −Continué. −Ir al sur por la frontera también sería un lío. Incluso aunque encontráramos gente, podríamos no ser capaces comunicarnos y eso podría ser peligroso. −Pensé por un momento.
−Hay un complejo tipo de cabañas en Laguna Mountains, llamada Big Laguna Hideway. ¿Has oído hablar de ellas? −Le pregunté olvidando por un momento que Connor no era de California.
Él negó con la cabeza, por lo que pasé a explicarle. −Oh, es como una casa de campo más que un resort. En realidad nunca he estado allí, pero cuando los construyeron los propietarios anunciando que su diseño era el más respetuoso con el medio ambiente en todo el condado.
−Todavía no te sigo. −Dijo. Se lamió el labio inferior de nuevo y miré hacia otro lado. Jesús, Riley… ¡Basta!
Un tipo agradable de ansiedad se apoderó de mí al recordar las fotos que había visto del lugar escondido en las montañas. −Es un centro turístico de montaña ecológico. Todo el complejo se nutre con energía solar. −Lo miré y vi como lo entendía.
−¿Funciona completamente por energía solar? −preguntó con un dejo de emoción en su voz.
−sí, y también tiene su propio suministro de agua, probablemente de la tierra. −Me moví para estar frente a él completamente. −Hay un problema, no es un problema, pero podría serlo potencialmente.
−¿Cuál es? −Se levantó y se acercó a mi lado de la sala, todavía con la fruta en la mano. Zoey se extendía en el respaldo del sofá donde él se sentó.
−Bueno, allí hace mucho frio por la nieve. Todos los años partes de la carretera se cierran por el hielo y la nieve. −Lo vi reflexionar sobre lo que dije.
−El frío no me molesta. Creo que nuestro mayor problema sería tener suficiente comida. −Se acomodó en los cojines y siguió comiendo. Se estaba comiendo la manzana hasta el corazón, y por alguna razón, me parecía muy sexy. −Tenemos un montón de ella para llevar con nosotros, pero, ¿Cómo podemos llegar allí?
−Dejé mi Jeep a las afueras de la ciudad. Si pudiéramos encontrar algo por aquí que conducir podríamos intentar despejar el centro y las calles y hacer un hueco en la autopista. Las carreteras están congestionadas sobre todo por el centro y las intersecciones principales. Probablemente podríamos conducir más libremente una vez que lleguemos al este del condado. −Estaba emocionada, solo un poco, por la perspectiva de tener un plan. Ahora sólo había que ponerlo en marcha.
Nos sentamos un rato en silencio, mordiendo nuestras manzanas. Cuando di un mordisco cerca del corazón, mordí una semilla, intenté escupirla discretamente de mi boca a mi mano, pero en su lugar, se pegó a mi labio. Definitivamente no podía comerme una manzana tan sexy como Connor.
−Vamos a hacerlo −, dijo ajeno a mi incidente con la semilla
−Vamos a hacerlo −, repetí. −De todos modos, estoy cansado del clima cálido. −Nos sonreímos el uno al otro. Un plan. Teníamos un plan. Ahora teníamos que salir de la ciudad con los suministros y conducir una hora y media en dirección a la montaña. Se sentía bien saber a donde nos dirigíamos, pero no era el más indulgente de los lugares para aventurarse en solitario.
Como para apoyar aún más nuestra decisión de seguir adelante, algo explotó en la ciudad. Mirando a lo lejos pudimos ver más humo elevándose desde donde estaba el aeropuerto. Todavía estaba ardiendo, lo que significaba que el fuego probablemente se había extendido más allá de la pista.
***
Cuando retiré las sábanas de alrededor de mi oídos, escuché la tranquilidad de la suite y me pregunte si Connor estaría durmiendo. Dejé que mi mente fuera a la deriva, pensando en Connor, en el viaje a las montañas, y sin previos aviso, el recuerdo de mis hijos en el zoológico ardía en mi mente. Me quedé dormida, como lo había hecho todas las noches desde que mis hijos murieron, con los ojos hinchados y la almohada húmeda.
Capítulo 5
CarpeDreams
Las cortinas de encaje se alejaron de la ventana y luego volvieron a recostarse contra ella, eso sucedió una y otra vez, como si la ventana estuviera respirando y las cortinas fueran liberadas con cada respiración, sólo para volver a ser absorbidas un segundo más tarde. Mi mirada siguió las cortinas por lo que parecieron horas, hasta que se detuvieron, repentinamente. El aire se calmó en la habitación, y fui consciente del calido nuevo día laborable que se abría paso entre el frío. Vi como los rayos del sol golpeaban el cristal de la ventana, el prisma brillando como diamantes gigantes. La luz se filtraba a través de la tela de encaje, emitiendo un patrón complejo en el suelo, lleno de remolinos y círculos de diferentes tamaños. Mi hija era una persona madrugadora, y ahora que me despertaba en su habitación, entendía el por qué. Su visión del amanecer era gloriosa. Las fibras de la alfombra se iluminaban centímetro a centímetro mientras los rayos del sol se apoderaban de ellos y devoraron las sombras.
Miraba, con los ojos abiertos y en alerta, como la luz del sol se deslizaba por el costado de su cama, y pude ver el rosa y amarillo de la manta acolchada. No me atreví a parpadear mientras la luz se movía sobre nuestros pies mostrando nuestro esmalte de uñas rojo a juego. Tocó sus pequeños pies descalzos y tobillo, cuidadosamente escondió el pie junto a mi pie derecho y por un momento me enfoqué en sus uñas astilladas y desiguales. Finalmente Parpadeé. El bello rubio de su piel brillaba mientras el sol nos tragaba, primero las piernas. No podía ver por encima de sus espinillas porque la había cubierto por una sábana gruesa y una suave manta de Winnie de Pooh. La imperiosa necesidad de ver sus rodillas se apoderó de mí, así que me moví hasta que la manta se movió, dejando al descubierto su nudosa rodilla derecha con la contusión de su última aventura escalando un árbol. No podía sonreír, pero de alguna manera, me hizo feliz ver el moretón.
Sentí el calor de la luz del día mientras me golpeaba el brazo derecho, corría por encima del hombro, explotando en mi cara y haciendo que mis ojos se humedeciesen. Los cerré por un momento y en ese instante vi sus grandes, redondos y brillantes ojos azules, sus pequeños labios rojos, perfectamente fruncidos que descansaban debajo de su pequeña nariz chata, la curva de la línea de la mandíbula que llevaba a sus orejas ligeramente grandes, y todo su pelo rubio rizado en los extremos. Podía ver sus pecas, contar cada una ellas... tenía cuatro en la cara y una en la parte superior de la oreja derecha. Vi todo eso y me aferré a ello antes de abrir los ojos. Esa chica se había ido. Quería recordar su rostro, el rostro que tenía antes de que la muerte me la quitara.
Cuando abrí los ojos, el sol había llenado la habitación y todo lo que se veía. Estaba mirando a su estómago, donde su brazo descansaba, su manita aún yaciendo dentro de la mía. También tenía una peca en esa mano. Por el momento no quería mirar su cara, así que seguí mirando su brazo, deseando que se moviera, pero no fue así, por supuesto. En algún momento me di cuenta de que no podía sentir mi brazo izquierdo, estaba escondido debajo de su cabeza, o la mayor parte de mi lado izquierdo para el caso. Y no me importaba. Me había acurrucado junto a ella durante la noche, cuando las alucinaciones comenzaron, acurrucándola en mis brazos mientras le cantaba Into the West de Annie Lennox, una y otra vez, como solía hacer cuando era un bebé. Canté con ella, incluso cuando su cuerpo febril dejó de agarrarme. Cuando su respiración superficial y desigual dejó de salir, seguí cantándole, con cuidado y metódicamente, meciéndola en mis brazos.
Su último momento fue pacífico. Su pecho subía ligeramente y luego caía lentamente y sentí el aire caliente de su último aliento cosquilleándome en la mejilla mientras le susurraba… Las naves están aquí ahora, bebé. Te están llevando a casa. Me aferré a ella, mi primera hija, mi única hija, hasta que el nuevo día me recordó que mi familia estaba sufriendo estas muertes terribles y horribles y yo estaba, de alguna manera, viva esperando a ver lo que sucedería. Era mi propio infierno personal. Así que me quedé a su lado, mi hermosa hija, y lloré. Lloré hasta que mi corazón se rompió y pensé que de seguro me mataría, pero no fue así.
Y ahora estoy aquí, tendida junto a ella, obligándome a mirarla a la cara. Me obligo a mirar su garganta, sobre su barbilla y sus labios entreabiertos que ya no son de ese rosa que tanto me gusta, sino de un tono gris azulado antinatural. Ignoro la sangre que fluye de su nariz, extendiéndose por sus mejillas, cayendo sobre la almohada debajo de su cabeza. El color marrón oxidado está seco y apelmazado en su piel casi como si fuera pintura. Y como ahora ya no puedo parar, mi mirada se dirige a sus ojos, pero en lugar del profundo azul como el mar que estoy acostumbrada a ver, sus ojos son de color rojo, rojo sangre. El grito comenzó bajo en mi estómago y salió de mi boca casi estrangulado. Grité hasta que estuve ronca. Grité por mi hijo, que había muerto en la habitación de al lado, acostado cuidadosamente en su cama. Por el marido que tuve una vez, pero perdí frente a un corazón roto dos años antes, y por mi hija, ahora muerta y fría en mis brazos. Grité y grité hasta que el viento hizo que las cortinas bailaran otra vez. Grité hasta que el sol empezó a decolorar la habitación y las sombras me llevaron.
***
Mis ojos se abrieron de golpe y un gemido lastimero escapó de mis labios mientras la imagen de mi hija muerta se desvanecía a ese lugar en el cerebro donde las pesadillas se escondían. Salté de la cama, mi pecho agitado por la ansiedad. Me temblaba el labio inferior y durante varios segundos no supe donde estaba. Estaba oscuro, todavía de noche, pero algo iba mal. Zoey estaba ladrando en la puerta de la habitación, mirando nerviosamente de ella hacia mí y hacia la puerta de nuevo. Parpadeé de nuevo con una nueva oleada de lágrimas cuando me di cuenta de que estaba en la suite de Connor. Un golpeteo hueco venía desde la otra habitación. Eso debía ser lo que me despertó. Me pasé las manos por los ojos y me moví más allá de la perra para abrir la puerta unos centímetros. Sólidas sombras envolvían la habitación, pero la luna filtraba lo suficiente como para no ver a Connor moviéndose hacia la puerta a grandes zancadas. Lo seguí mientras Zoey corría por delante de nosotros, aún ladrando. Nos quedamos de pie, en silencio, en el interior de la habitación. Callé al perro y le ordené que se moviera hacia atrás. Cuando me puse en cuclillas a su lado, mis piernas temblaban y eran poco fiables. Connor estaba mirando a través de la mirilla de la puerta cuando otro golpe lo hizo saltar.
Me miró antes de preguntar, −¿Quién está ahí?
Oímos voces hablando antes de que un hombre respondiera, −¡Hey! −Dijo con un poco de emoción en su voz, −Estamos buscando a Riley, Connor y... ¿Zoey? −Había alguien más hablando silenciosamente detrás de la puerta.
Connor se hizo a un lado y me dejó mirar a través de la mirilla. No reconocí al hombre, ni a la mujer joven que estaba de pie junto a él. Escuché un chasquido detrás de mí y la luz de la entrada de apoderó de nosotros. Miré a Connor que se veía tan confundido como yo. Entonces recordé las notas que había dejado, eran las que había llevado a esa gente ahí. No sabía si sentirme excitada o asustado.
−Ellos han estado en la estación de autobuses, −, le susurré.
−Mira, no queremos hacer ningún daño, sólo estamos contentos de encontrarlos. Vimos el mensaje en la ventana de la estación. Hemos estado buscando este lugar por un tiempo. Escuchamos el ladrido de un perro y empezamos a llamar a las puertas hasta que os encontramos. −Hizo una pausa antes de preguntar. −¿Podemos entrar?
Connor se había apartado un poco de la puerta y se frotaba nerviosamente la nuca. Me acerqué y le pregunté en voz baja, −¿Qué te parece? Dejé los mensajes para ayudar a la gente a encontrarme. Supongo que no estaba pensando en que nos encontraran desconocidos, pero parecen bastantes inofensivos.
−Claro, eso se puede decir a través de la mirilla, ¿no? −Parecía irritado.
−Saben que tenemos un perro −, pensé, −Ellos no tienen que quedarse con nosotros, pero al menos podríamos ver como son.
Cuando él no contestó, seguí, −Todo depende de ti.
Él asintió con la cabeza y volvió a la puerta, −Si tienen cualquier tipo de armas déjenlas en el suelo. −Acerqué a Zoey conmigo y me agaché para poder poner mi brazo a su alrededor y aferrar su cuello.
Connor quitó el seguro y abrió la puerta. El hombre que se había apartado de la puerta, se asomó a la habitación poco iluminada tentativamente.
Connor tendió la mano. −Soy Connor.
El hombre tomó la mano y una sonrisa estalló en su cara mientras estrechaba la mano de Connor arriba y abajo y dijo por encima del hombro, −¿Vienes?
Cuando Connor se hizo a un lado para dejar entrar al hombre, él asintió con la cabeza, el perro gruñó y él dijo, −Me llamo Matt. −Hizo un gesto detrás de él. −Ella es Mariah.
Mariah se deslizó dentro con cuidado, los ojos como dardos alrededor de la habitación. Era evidente que estaba en el borde. Zoey emitió un ladrido fuerte y los recién llegados saltaron.
−Zoey, Cállate −, le dije. No quería soltarla todavía.
−Así que Zoey es un perro, entonces tú debes ser Riley −, me dijo Matt.
−Si, me alegro de que nos hayan encontrado.
Connor rompió el incómodo silencio que siguió encendiendo de golpe la luz de la cocina y señalando los taburetes que descansaban bajo la encimera de la barra. −Tomen asiento, ¿tienen sed? −Les preguntó.
−¿Tienes algo caliente? −, preguntó Matt. Mariah dudó en sentarse, todavía mirando al perro desde la entrada.
Solté a Zoey que corrió a los recién llegados, moviendo la cola con tanto vigor que sus patas traseras amenazaban con levantarse del suelo. Olió a Mariah, que pareció relajarse cuando se dio cuenta que la perra no iba a comérsela. Luego comprobó a Matt mientras Connor se volvía hacia la cafetera, metía una capsula individual de café en la maquina y veía el café caer directamente en la taza.
Mariah era de mi estatura, tal vez un par de centímetros más baja, con un pelo castaño y rizado a la altura de los hombros y unos grandes ojos marrones de cierva. Matt era alto y fornido, también con el pelo castaño y ojos intensos y oscuros.
−Este lugar es muy agradable −, dijo Matt −¿El generador funciona? −le preguntó a Connor, quien estaba colocando la taza delante de él en la encimera.
−Sí. −Contestó Connor empezando a preparar otra taza de café para Mariah. −Me estaba quedando aquí cuando… ya sabes. Riley es de aquí. −Connor me señaló con la cabeza. Parecía mucho más cauteloso con estos dos de lo que fue conmigo en el muelle. Apenas esbozó una sonrisa a cualquiera de ellos. Me fijé en que el Connor de medianoche no era tan sexy como el Connor de temprano en la mañana, y el pensamiento me hizo contener la risa.
−¿En serio? −Preguntó Matt. Miró alrededor de la gran suite, notando las jarras de agua y alimentos enlatados amontonados alrededor de la cocina. −¿Pensáis quedaros aquí?
Connor y yo intercambiamos una mirada. −En realidad estábamos hablando de ello. −Hice una pausa, tomando la decisión de escuchar su historia antes de compartir nuestros planes. −¿Qué hay de vosotros? ¿Os encontrasteis en la ciudad? −Apunté la pregunta a Mariah, pero ella estaba ocupada frotando la cabeza y las orejas del perro, sin mirarme.
−Oh, no… no nos encontramos en la ciudad. Mariah y yo somos gemelos. −Matt se inclinó sobre la encimera, claramente disfrutando de la bebida caliente. Su sudadera de la USCD colgaba de su musculoso torso pero sus vaqueros se llenaban perfectamente, acentuando sus delgadas caderas y largas piernas. Me quedé mirando su espalda, deseando por un momento que no estuviera sentado.
−Wow. −Le dije, −¿Cuáles son las probabilidades de eso?
−Si se piensa en ello, bastantes altas. –Habló Mariah por primera vez. Levantó la vista de la perra y miró a Connor antes de descansar su suave mirada en mí. −Ya sabes… los mismos genes y todo eso. −Sonrió.
−Gracias por dejar ese mensaje. Estábamos empezando a enloquecer preguntándonos donde dormiríamos esta noche. −Dijo Matt, su boca cerniéndose sobre la taza.
−De nada, supongo. −Me reí en voz baja. −Lo dejé para la familia o amigos, por si queda alguien. No pensé en que alguien más pudiera leerla. −De repente me sentí tonta.
−Bueno, si no lo hubieras hecho, todavía estaríamos deambulando por el centro. −Matt se deslizó del taburete y le entregó la segunda taza de café a su hermana. −¿Les importa si nos quedamos en una de estas habitaciones al final del pasillo y mañana volvemos a hablar?
Connor respondió, −No, en absoluto, de hecho tengo la llave de la habitación de al lado, es individual, pero tiene un sofá cómodo. −Le sonrió a Mariah. Ella le devolvió la sonrisa mientras levantaba una mano para alisar un mechón de pelo rizado. No estaba segura, pero la agitación en mi estómago se sentía casi como celos.
−Sip, lo entendemos −Matt me guiñó un ojo y preguntó si podían devolver las tazas de café por la mañana. Después de que Connor les asegurara que tenía un montón y no debían preocuparse por ello, los acompañó hasta la puerta. Mariah parecía realmente triste por tener que separarse de la perra, y hizo un punto al inclinarse hacia Connor y tocar su brazo mientras se despedía.
Connor parecía realmente feliz de ver marcharse a Matt. Yo estaba realmente feliz de ver marcharse a Mariah. Esa noche me fui a la habitación con la abrumadora sensación de que el día siguiente iba a ser muy largo, y probablemente muy desagradable.
Capítulo 6
CarpeDreams
Connor estuvo despierto el resto de la noche escuchando los sonidos del hotel. No se fiaba de Matt, había algo en la forma en que miraba a Riley que le inquietaba. Entendía como se debía sentir Riley teniendo a la perra con ella. Zoey no era sólo su compañera, con sus movimientos y ladridos, era un sistema de alarma fiable. Dejó la puerta abierta de par en par, y si él se movía hacia el lado izquierdo de su cama king size, podía mirar a través de la sala de estar y ver sin obstáculos la habitación de Riley. Habían acordado dejar las puertas abiertas para que Zoey pudiera moverse libremente por la habitación durante la noche, en caso de que sus visitantes regresaran. Zoey pareció sentir la diferencia porque no durmió mucho. Deambuló entre las dos habitaciones, olfateando alrededor de la cama de Connor y luego regresando a la habitación de Riley.
Él descansaba, completamente inmóvil, en la parte superior de la colcha y se imaginó encontrándose con Riley en diferentes circunstancias. Cerró los ojos por un momento y se la imaginó un lugar feliz, tal vez con la familia o con los amigos, sin preocupaciones y sin el vacío que vio en sus ojos cuando la conoció. Imaginó el tipo de luz que debió brillar ahí alguna vez y la sonrisa que seguramente hechizó a la mayoría de los hombres, al menos a los normales. La forma en que su cuerpo era atractivo pero no ostentoso. De hecho parecía hacer todo lo posible para ocultarlo, cubriendo sus curvas con vaqueros y sudaderas sueltas o tops holgados, pero aún así Connor lo había notado. Tenía una fuerza interior que palpitaba a través de su personalidad, estaba marcada como una mujer dañada, pero una mujer que nunca se rendía, lo que la hacía también muy atractiva para él.
Ella no le había dicho nada de su vida antes del día en que se conocieron, pero desde que la encontró en el muelle sabía que era fascinante, y no sólo porque fuera la primera cosa viva que encontrara en medio de toda la muerte a su alrededor. Había algo en ella que le hacía olvidar todo lo que había perdido. Cuando se sentó a su lado, casi pudo sentir que todo iba a ir bien. Necesitaba esa sensación, pero llegó con una aguda punzada de culpa. Porque cruzando todo el país que ahora estaba abandonado, cruzando la vasta extensión de agua, había un niño, su niño, y él probablemente estaba muerto, igual que su madre.
Él no podía conseguir que las imágenes de su pequeño e inocente Roan y las de su ex abandonaran su mente. Rodó sobre su estomago y golpeó la almohada hasta que su rostro quedó enterrando en ella y lloró silenciosamente por el hijo que nunca volvería a ver.
***
El día comenzó cuando Zoey saltó sobre la cama gimiendo a mis pies. Me había acurrucado bajo las sábanas, pero no pude volver a dormirme después de que Matt y Mariah se fueran. Las cortinas estaban cerradas herméticamente por lo que el único indicio de que era de día era la tenue línea de luz a lo largo del suelo debajo de la ventana. Me levanté de la cama lentamente y me costó una gran cantidad de fuerza hacer que mis pies se movieran. La falta de definición de los últimos días había nublado mi mente. Tenía miedo de dormir, por temor a que las pesadillas me persiguiera. Me sentía segura con Connor, pero al mismo tiempo me confundía lo que sentía por él, y hora, había dos nuevas personas en el pasillo.
Decidí tomar una ducha antes sacar a Zoey. Ella me miró disgustada y forzó un estornudo cuando pasé por la puerta del dormitorio y fui directamente al cuarto de baño, cerrándolo tras de mí. Grandes gotas de agua salieron del grifo plateado, arrojándolas contra las puertas de cristal con una especie de frenesí rítmico y emocionante mientras descubría mi ropa limpia sobre la gran encimera de mármol. Me lavé los dientes mientras el vapor de la ducha comenzaba a llenar el cuarto de baño grande. El agua caliente era algo así como un regalo, pero me di una ducha corta y me sequé el pelo otra vez antes de vestirme. Cuando abrí la puerta, el olor de mi champú llenó la habitación y casi cubrió el hedor de la mierda fresca de perro.
El culpable no estaba a la vista, pero en el último rincón del habitación, justo en frente de las ventanas con cortinas, ahí asentada, había un zurullo de perro.
−Zoey −, grité en voz alta olvidando que Connor se había ido a dormir unas pocas horas antes. Al ver que no venía salí de mi habitación lista para regañarla.
−Zoey, ven aquí.−Dije con firmeza a la sala vacía. Me dirigí a la habitación de Connor y miré dentro. La cama estaba vacía y el baño principal estaba a oscuras. Supuse que él la había sacado y la culpa se apoderó de mí. Corrí a mi habitación y me puse las converse sobre mis pies desnudos y me guardé la tarjeta extra de la puerta en el bolsillo de atrás. Abrí la puerta y salí al pasillo, justo al girar a mi derecha me dirigí directamente al pecho de Matt.
−¡Mierda! −Dije sin aliento en su camiseta de algodón. Olía a recién duchado y estaba bien afeitado.
Matt me había agarrado por los brazos cuando tropecé y deslizó las manos hasta mis codos para sostenerme. Cuando levanté la vista vi que tenía una gran sonrisa tonta en su cara, pero la oscuridad en sus ojos me ponía nerviosa.
−Lo siento −, murmuré, −No te vi. −Me incliné lejos de él, pero su control sobre mis codos se mantuvo firme.
−¿Dónde ibas tan temprano en la mañana? −, me preguntó con voz burlona. −No estarás haciendo el camino de la vergüenza ¿no?
Abrí la boca y él sonrió. Sus ojos estaban llenos de picardía y algo más... ¿Deseo, tal vez? Volví a cerrar la boca tan fuerte que me mordí la punta de la lengua.
−¿Qué? No, no... no es así. −Solté. Tuve que enderezar la columna y agitar la cabeza para recuperar la compostura.
Solté mis brazos de sus manos y retrocedí dos pasos. −Connor y yo nos conocimos hace unos días, además, aun cuando estuviéramos… lo que sea, no es de tu incumbencia. −Me moví de un pie a otro y señalé tras su espalda. ¿Te importa? Iba de camino a la planta baja. −Dije mientras pasaba por delante de él.
−Lo que sea. Quiero decir, eso es lo que es, ¿verdad? −Dijo detrás de mí. No me molesté en mirarlo, pero lo noté siguiéndome.
−¿Qué significa eso? −Lo desafié.
−Tú y Connor. −Dijo simplemente.
−¿Qué hay de mí y de Connor? −Le pregunté un poco inocentemente.
−Como ya dije, lo que sea.
Habíamos llegado al final del pasillo y abrí la puerta de las escaleras. Me volví hacia él y puse mi brazo para bloquearle el paso.
−¿Qué hay abajo? −, preguntó mientras miraba más allá de mi hombro a la escalera vacía como si la respuesta se cerniese en el aire detrás de mí.
−Mi perra. −No me gustaba lo cerca que estaba inclinado hacia mí. Le di una mirada en blanco. −Mira, no soy una persona madrugadora, y me acabo de levantar. −¿Qué tal sino vemos en, digamos, media hora? −Tenía la esperanza de que eso lo mantuviera apartado de mí por los próximos veinte tramos de escaleras.
Él no me contestó de inmediato, pero se echó atrás y asintió. −Bueno, lo que tú digas jefa.−Me guiñó un ojo y yo rodé los míos en respuesta mientras me movía lejos de la puerta, cerrándola con un fuerte golpe en su cara. Corrí por las escaleras deteniéndose cada pocos rellanos para escuchar el hotel a mi alrededor. Dos veces me incliné sobre la barandilla para mirar por encima de mí y asegurarme de que Matt no me estaba persiguiendo silenciosamente.
Cuando abrí la puerta del vestíbulo le silbé a Zoey. Empujé la pesada puerta de cristal y me acerqué al lugar cubierto de hierba dónde había llevado a Zoey para encontrarlo vacío. Fruncí el ceño y me di la vuelta, silbando. Llamé a Connor, pero no obtuve respuesta. El horizonte estaba a oscuras hacia el norte, pero por suerte, el viento seguía empujando el humo lejos de nosotros. Las nubes grises sobre los rascacielos distantes me dieron una sensación ominosa e intenté frotar el frío de mis brazos. El cielo parecía burlarse de la tierra con la posibilidad de una tormenta, por el día, pensé, iba a llover, pero las nubes siempre terminaban deslizándose y permitiendo que la luz del sol se filtrara. Sin embargo, ese día era diferente, la estática del aire corría a través de mi pelo y a lo largo de mi piel, y las nubes se veían lo suficientemente pesadas como para volcar la lluvia sobre mí en cualquier momento. Me sentí expuesta de pie en la parte delantera del hotel, sola, y aunque no tenía sentido en ese momento, estaba segura de que estaba siendo vigilada desde los complejos de apartamentos y negocios en la calle.
Me giré para volver por dónde había llegado y extendí la mano para abrir las puertas cuando un reflejo de movimiento en el cristal por encima de mi cabeza me detuvo. Alcé la vista sobresaltada, y vi mi cara, pero también a un hombre de pie detrás de mí. La visión que tenía de él era turbia, casi nublada en el cristal, pero era fácil ver que era alto, no llevaba camisa y la sangre goteaba de su nariz. Se acercó con la mano alzada hacía mí y me di la vuelta, aplastándome a mí misma contra la puerta. El aire giró a mi alrededor frenéticamente, levantándome el pelo de los hombros y azotando mi cara, prácticamente ciega retrocedí del hombre con horror. Dónde deberían haber estado sus ojos, habían dos agujeros vacíos, y el color de sangre vieja cubría su cara desde la nariz hacia abajo. Su boca se movía pero no escuché nada de lo que dijo porque mis gritos eran tan fuertes que vibraron a través del cristal detrás de mí e hicieron eco en la calle. Justo antes de que sus dedos estirados rozaran la parte delantera de mi cara, apreté los ojos con fuerza y grité llamando a Connor. Esperé a que el hombre me tocara, pero el aire se calmó y el pelo me volvió a caer sobre los hombros.
Cuando abrí los ojos, allí no había nadie. Miré alrededor del paseo, que era completamente abierto, por lo que no podía haber desaparecido tan rápidamente. Estaba conteniendo la respiración, así que dejé escapar un largo suspiro, viendo como el vapor salía delante de mí mientras una especie de escalofrío recorría mi cuerpo. Busqué a tientas frenéticamente los manillares de la puerta y tiré de ellos lo suficiente para pasar. Una vez dentro del vestíbulo salí corriendo hacia la zona de las escaleras.
Había corrido tres tramos de escaleras cuando escuché el chirrido de una puerta en algún lugar por encima de mí. Me alejé de la barandilla, pero estaba segura de que si no me había visto aún, podría escuchar los latidos de mi corazón rebotando en las paredes. Hubo un suave murmullo de pies y el sonido de un clic, y golpeé mis manos fuertemente contra mi boca para no gritar. Cuando la voz de Connor reverberó por las escaleras casi rompí a llorar de alivio.
−Riley −, me llamó.
−Oh, gracias a Dios.−Me dije a mí misma.
Me acerqué a la barandilla y miré hacia arriba. Connor estaba a dos rellanos por encima de mi, Zoey de pie junto a él, su lengua colgando de su boca. Cuando me vio, corrió por las escaleras para saludarme con sus habituales babas húmedas.
−Me alegro de haberte encontrado. –Dijo Connor mientras descendía. Me sonrió y luché por no echarme a correr hacia él y echar los brazos alrededor de sus hombros, aliviada. En cambio, me arrodille y abracé a Zoey hasta que se revolvió para alejarse. Antes de que se alejara demasiado, tiré de su cuello y la traje de nuevo al nivel de mi cara.
−La caca no se hace en casa. –Le dije con severidad, enfatizando cada palabra con una claridad, que incluso la perra sabía que no era un punto discutible.
−Sí, salió de tu habitación después de que te metieras en la ducha y estuvo haciendo círculos alrededor de mis pies hasta que accedí a sacarla. –Me sonrió y se agacho para acariciar la cabeza de Zoey. Ella lo miró y estornudó. Connor y yo nos reímos.
Me miró antes de preguntar. −¿Estás bien? Estás pálida.
Asentí con la cabeza un poco demasiado rápido y tragué saliva antes de hablar. –Sí, estoy bien.
−¿Estas segura?
−Sí, claro. Pero, ¿Cómo llegaste arriba sin verme? –Le pregunté. Estaba desesperada por cambiar de tema a algo distinto de lo que había ocurrido abajo.
−Oh, tomamos el ascensor. ¿Has estado utilizando las escaleras todo el tiempo?
Cuando terminó de reírse de mí, asintió con la cabeza y dijo que sí, que el ascensor de servicio funcionaba.
−¿Entonces por qué diablos subimos veinte tramos de escaleras el día que me trajiste aquí? –Lo miré boquiabierta y golpeé su brazo juguetonamente.
−No lo utilizo a menudo, por si se rompe o algo así. Además, intentó evitarlo por la noche. Supongo que me olvidé de que funcionaba. –Se rió de nuevo. –Lo siento mucho.
−Claro. No pasa nada. –Le sonreí y señalé el rellano más cercano. −¿Así que podemos tomarlo desde ahí para subir?
−Sip. Cuando volvimos a la habitación y no te encontré pensé que bajaste por las escaleras para buscarnos. –Lidero el camino por las escaleras y abrió la puerta.
Una solitaria mano ensangrentada se había secado en la pared justo debajo del interruptor de la luz. No me había dado cuenta antes, cuando pasé levanté mi mano a la altura. Toda la impresión cabía en mi mano. Alejé mi mano de la marca tamaño infantil y seguí a Connor por el pasillo hasta la esquina del ascensor. Lo miré apretar el botón de llamada, pero no me emocioné hasta que una tenue luz amarilla brillo… una señal de vida.
−Cuando se abrió la puerta pensé que tal vez podía ser Matt. –Le dije sin mirarlo.
−¿Ya lo has visto esta mañana? –Connor me miró sorprendido, pero sonaba casi irritado.
−Sí, creo que es un poco idiota. –Me arrepentí de mis palabras poco después de decirlas, aunque fueran ciertas. Miré a Connor y él me estaba mirando cuidadosamente.
−¿Por qué? –preguntó en voz baja.
−Seguramente no es nada. –Fui interrumpida por el ding del ascensor cuando las puertas se abrieron ante nosotros. Connor entró detrás de mí y pulsó el botón del piso veinte. Se giró hacia mí, las manos en las caderas y una mirada frustrada en su rostro.
−¿Qué ha hecho? –Me preguntó con cuidado.
−No hizo nada. Digamos que el hombre no tiene el don de la palabra. –Me encogí de hombros y apoyé la mano en la barandilla. Nunca me sentí cómoda en los ascensores, no desde que tenía quince años y pasé treinta minutos atrapada entre las plantas diez y once del complejo dónde vivía mi abuela.
−Bueno, yo no confío en él −, dijo Connor y se giró por lo que sólo podía ver su perfil. Lo miré y pensé: La suya es una cara que un artista podría dibujar y pintar sin parar… y sin llegar a plasmar la verdadera perfección en el lienzo.
−Así que −, elegí mis palabras con cuidado. −¿Deberíamos esperar antes de ir hacia el este? ¿Al menos hasta que sepamos más sobre estos dos?
−Por supuesto. −La palabra salió apresurada y me miró después de decirlo. Estaba segura de que iba a decir algo más, pero el ascensor fue disminuyendo la velocidad, haciendo que mi estómago saltara, y abriendo las puertas.
El único sonido del pasillo mientras volvíamos a la habitación eran ruidos amortiguados de los pies de Zoey pasando por la moqueta desgastada.
***
No habíamos estado en la suite ni diez minutos antes de que nuestros nuevos vecinos llamaran a la puerta. Intencionadamente, me quedé sentada en el sofá con mi café, acariciando Zoey, mientras Connor dejaba a Matt y a su hermana entrar. Zoey voló del sofá y dio la bienvenida a los visitantes olfateándolos y extendiéndose sumisamente a los pies de Mariah.
−¡Awww, es tan dulce! −Soltó Mariah. Zoey rodó sobre su espalda, moviendo las patas por debajo de Mariah y permitiéndole frotar su vientre. Eso no era algo que hiciera con los extraños, pero las presas eran escasas en el departamento de atención.
Matt se sentó en la barra y golpeando sobre la encimera dijo, −Así que, Mariah y yo vamos al norte, tal vez a Nevada. Tenemos familia en Las Vegas.
−¿En serio? –Fue lo único que respondió Connor. Dejó el café caliente delante de Matt.
−Sí. −Matt se detuvo y luego dio una larga mirada en mi dirección antes de continuar. −Por supuesto, si no tienes ningún plan, estás invitada a acompañarnos.
Evité mirarlo y me mordí el interior del labio para no decir algo grosero, pero Connor se me adelantó.
−Bueno, invitarnos a acompañaros fue muy amable de tu parte. Sin embargo, creo que estamos bien aquí, gracias.
Apreté los dientes con fuerza y lancé un grito ahogado. Todos se volvieron a mirarme.
−Lo siento, me mordí la mejilla. –me sonrojé y me lamí los labios nerviosamente, evitando encontrarme con la mirada de Connor o la de Matt.
Mariah se levantó y por primera vez me di cuenta de la bolsa de lona que colgaba de su hombro. Se movió hasta la entrada de la cocina y sostuvo la bolsa de forma extraña hacia Connor, casi como una ofrenda de paz.
−El desayuno. –Le sonrió. –Aprecio de verdad que nos dejaran quedarnos, y tenemos un montón de esto. Si no lo compartimos se pondrá malo. –Lanzó una mirada de reojo a Matt, quien apartó la mirada. Tuve la sensación de que él no quería compartir nada.
−Gracias, ¿qué es? –le preguntó Connor mientras abría la bolsa. –Oh, wow, mmm. –Su reacción hizo que Mariah sonriera.
La curiosidad pudo más que yo y le levanté del sofá para unirme a ellos en la cocina. Connor metió la mano en la bolsa y sacó dos mini sandías.
-¿Los encontraste en una tienda? –Me sorprendió, ya que aunque nuestros mercados siempre tenían fruta, era temporada baja. ¿Cómo había quedado algo fresco después de tanto tiempo sin electricidad?
−Sí, los encontramos ayer en un pequeño mercado étnico en el otro lado de la ciudad. Casi todo estaba podrido. Matt ni siquiera quiso entrar a la tienda por lo mal que olía. Pero yo quería ver que había. Encontré algunas cosas que todavía eran comestibles. –Sonrió con orgullo.
−Esto está genial, gracias. –Dijo Connor sonriéndole a Mariah. Me aclaré la garganta y me ofrecí a cortar las sandías mientras los demás se reunían alrededor de la barra.
−Así que, ¿estás pesando en ir dirección norte? –le preguntó Connor a Matt.
−No lo sé. Es lo que había pensado, pero ahora que los hemos encontrado, y a este lugar, creo que no hay prisa. –Matt se movió en su asiento y se inclinó hacia delante, su pecho descansando contra la encimera. Me estaba mirando cortar la sandía y colocar los trozos en un gran tazón de cristal. Podía sentir sus ojos sobre mi espalda. Bajó la voz a un tono burlón, −Si no estamos molestando claro.
Clunk. Clunk. Clunk. El cuchillo golpeando la tabla de cortar era el único sonido en la habitación. Seguí cortando la fruta, fingiendo no escuchar las implicaciones ocultas en su declaración
−Uh…no, no estás molestando. –Connor rompió el incómodo silencio.
−¡Genial! –Mariah saltó del taburete y se acercó a la cocina para tomar el tazón antes de que pudiera volverme con él. Lo puso delante de los hombres y me miró de nuevo. –No puedo explicar lo contenta que estoy de estar con otra mujer. –Asintió con la cabeza por encima del hombro a su hermano. –Quiero decir, estoy agradecida de tener a Matt, y lo amo, pero encontraros a vosotros dos, ¡esto es simplemente increíble! ¿No les parece? –Hablaba tan rápido que era imposible que hubiera tenido tiempo para respirar
Le sonreí, −Si, es… genial. –Eche un vistazo a Matt, que me observaba mientras chupaba el final de una cuña de sandía. Mariah se inclinó para abrazarme y me congelé. En realidad no había tocado el cuerpo de otra persona desde antes de que mi familia enfermara. Era extraño. Al instante recordé a mis hijos. Le acaricié la espalda a Mariah rápidamente y pasé junto a ella, esperando que nadie me viera luchando contra las lágrimas. Me excusé para ir al cuarto de baño y una vez detrás de la puerta, me lavé la cara con agua fría del grifo. Después de unas cuantas respiraciones profundas, me segué la cara con la toalla y abrí la puerta para encontrar a Connor allí de pie.
−¿Estás bien? −, preguntó en voz baja.
−Sí, ¿por qué? −Me aclaré la garganta. Me quedé tan recta y alta como me fue posible, pero él se las arregló para hacerme sentir pequeña. Dio un paso adelante, estiro la mano suavemente y me acarició el costado. Bajó la mano, pero mantuvo su mirada donde me había tocado. Una sensación de hormigueo se extendió desde la muñeca hasta el hombro. Cuando habló, su voz era apenas un susurro.
−¿Estás bien? −, repitió.
−No. –Mi voz apenas se escuchó. Cerré los ojos, no quería mirarlo, no quería mirar a nadie. En ese momento, sólo quería llorar.
−¿Quieres salir de aquí un rato? –me preguntó, su voz tranquila era tierna, casi calmante y su acento un poco más fuerte, enmascarando un poco el sonido de la letra “T”.
−Sí. –Finalmente abrí los ojos y nos miramos el uno al otro. Vi algo en su expresión que reflejaba mi dolor. Por un breve momento nos quedamos allí, expuestos, crudos y rotos. Connor se acercó de nuevo y esta vez me tomó de la mano, haciéndome salir del baño y acompañándome al dormitorio.
Los dedos de Connor se soltaron de los míos mientras Zoey nos recibía en la puerta, me incliné y le froté la cabeza. Yo necesitaba el amor más que ella. Cuando nos reunimos con los otros de nuevo en la barra, Matt le estaba diciendo algo inaudible a Mariah, se callaron cuando nos acercamos. No estaba segura de que decir, así que tomé un pequeño pedazo de fruta y la mordisqueé. No tenía corazón para decirle a Mariah que odiaba la sandía. Ella sonrió y empujó el plato más cerca de mí, le devolví la sonrisa, pero evité mirar a Matt.
-Así que, Riley y yo estábamos pensando en salir a conseguir algunos suministros, deberíamos estar de vuelta en un par de horas. ¿Estaríais bien en el hotel solos? –Connor estaba de pie detrás de mí con Zoey a sus pies.
−Oh. –Dijo Mariah sonando decepcionada. –Oh, no, está bien, estaremos bien. –Intentó sonar optimista, pero tenía una mirada confusa. −¿Está todo bien?
−Sí. –Dijimos Connor y yo al mismo tiempo.
-Por supuesto.
Matt se deslizó de su taburete y levantó los brazos sobre su cabeza. Me fijé que era una actuación para mostrar su abdomen bien definido. Flexionó sus brazos hacia fuera y cerró los dedos, chasqueando los nudillos. Aparté la vista de él.
−Ah, está bien Mariah. Creo que estos dos quieren un tiempo a solas. −Me guiñó un ojo. Sentí a Connor colocar una mano en la parte baja de mi espalda e inclinarse más cerca. Me puse rígida, no estaba segura de si era un acto para molestar a Matt, o un inocente gesto de afecto.
Mariah pareció momentáneamente desinflada. Luego se iluminó y nos preguntó si podíamos cenar todos juntos. Connor, Zoey y yo los seguimos hasta el pasillo y acordamos volver a reunirnos al atardecer. En cuanto vimos cerrarse la puerta de su habitación, corrimos por el pasillo… no podíamos salir del hotel lo suficientemente rápido.
No dijimos ni una palabra en el ascensor, o cuando salimos del vestíbulo. Nos quedamos fuera y dejamos que e sol nos calentara las caras antes de que Connor me llevara por un camino bordeado de palmeras y setos perfectamente cortados con formas de aves del paraíso agrupados con otras plantas tropicales cuyo nombre no sabía. El camino empedrado marrón curvaba alrededor de una parte del edificio y se abría al área de la piscina estilo cabaña. Di un grito ahogado de sorpresa. Desde la calle nada de eso era visible. Yo ni siquiera sabía que detrás del edificio había una piscina escondida. Seguí a Connor a una sección cubierta y nos sentamos en sillas de mimbre cubiertas con telas de lona de colores brillantes. Profundos rojos, azules océano, verdes frescos y amarillos alimonados bailaban en las almohadas y cojines. Un aroma ceroso ligeramente floral y alimonado flotaba en el aire desde las velas colocadas ordenadamente sobre las mesas cercanas.
Zoey corrió felizmente por el jardín perfectamente plantado que rodeaba nuestra pequeña cabaña privada. Después de una serie de patrullas, encontró el lugar perfecto para cavar y miré como la tierra volaba a su alrededor. Me reí cuando asomó la cabeza para tomar aire, la tierra apilada cuidadosamente en una pequeña pirámide en la parte superior de su hocico.
−Gracias por traerme hasta aquí. –Suspiré respirando profundamente.
−Está bien, ¿no? Relajante. –Su silla chirrió mientras se movía poniéndose cómodo. Levantó los pies sobre un taburete de mimbre a juego con una pequeña mesa de comedor.
Yo me apoyé en los cojines, mis pies debajo de mí. Estiré las mangas de la camiseta hasta mis manos y las metí debajo de mi barbilla, haciéndome lo más pequeña posible en un intento por ignorar el frío del aire. Sentí los ojos de Connor sobre mí.
−¿Tienes frío? −,preguntó.
−No, estoy bien. −Mentí mientras un escalofrío se abría camino hasta mis piernas y brazos y cosquilleaba a lo largo de mi Columba vertebral. Le sonreí como si eso fuera a ocultar el temblor.
Se levantó de su asiento y cruzó la pequeña distancia entre nosotros. Se tocó las rodillas con una mano e hizo un gesto para que moviera mis piernas. –Muévete un poco. −Dijo con una sonrisa.
Volví mis piernas y me moví a un lado de la silla mientras se acercaba a mi lado, después de que pusiera su brazo alrededor de mis hombros, tiró suavemente para acercarme a él. Mi cara estaba justo debajo de la suya, así que no me atreví a mirarlo.
−¿Mejor? –murmuró.
−Mm- hmm. –No confiaba en mí misma para hablar.
Nos sentamos juntos viendo a Zoey excavar en el jardín hasta que encontró un lugar ideal para dormitar al sol. Había empezado a pensar que Connor se había quedado dormido cuando su mano de movió de mi hombro, bajando por mi brazo y espalda, frotando ligeramente a lo largo de mi sudadera. La fricción fue calentándome y dejé que mi cabeza descansara sobre su pecho, justo en su clavícula dónde podía sentir los latidos de su corazón. Quería congelar ese momento y aferrarme a él, así que cerré los ojos y escuché el latido constante de su corazón mientras mi mejilla subía y bajaba con su pecho al respirar.
Connor levantó la mano hasta mi cara y me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja, y poco a poco, sus dedos volvieron a descender por mi cuello hasta volver a llegar a mi brazo. Me quedé dormida acurrucada a su lado algún tiempo después, mientras acariciaba mi brazo. Fue un sueño tranquilo y sin sueños.
***
Cuando la llevo al exterior no estaba seguro de a dónde ir hasta que empezó a moverse. El camino a la piscina parecía llamarlo, por lo que se movió en esa dirección. Quería hablar con ella, pero parecía correcto guardar silencio por el momento. Sabía que algo la había molestado en el piso de arriba, y cuando estaban en su habitación había sido como si compartieran un cierto entendimiento entre ellos. Tomó su mano en un movimiento audaz, quería que ella supiera que le importaba, pero no tenía palabras para decirle, al menos de momento.
Ahora junto a la piscina, quería estrecharla entre sus brazos. Quería decirle que estaba a salvo, que no se fuera. Pero en su lugar la abrazó con más fuerza, intentando calentarla contra él mientras veía a su perra haciendo un lío en el jardín.
Cuando pensó que se había dormido contra su pecho, se atrevió a tocarle el pelo dónde le había caído sobre su cara. Dejó que sus dedos le rozaran el cuello y la sintió moverse ligeramente, apretándose en su contra. Bajó la mano y la puso de nuevo en su brazo, apoyando la cabeza más cerca de su oído.
−¿A quién perdiste? –susurró.
Somnolienta, le respondió sin abrir los ojos. –Mi mundo.
−Yo también. –Dijo mientras besaba suavemente la parte superior de su cabeza.
Capítulo7
CarpeDreams
Nos despertamos cuando el sol había pasado su punto más alto y el viento de la tormenta inminente era lo suficientemente fuerte como para golpear las cortinas de la cabaña en contra de nuestras sillas con furia. Cuando abrí los ojos estaba mirando una cremallera. Al principio, no podía registrar lo que estaba viendo. Quiero decir, sabía lo que era una cremallera desde hacía más de treinta años, pero esta era completamente desconocida y definitivamente no debería estar a diez centímetros de mi nariz. Estaba acostada sobre algo suave y parpadeé alejando el sueño, conmovida por lo que había debajo de mí. Moví la cabeza y me di cuenta de que era el pecho de Connor sobre lo que estaba descansando y que la cremallera pertenecía a su sudadera.
Él estaba bostezando con los ojos cerrados, y aproveché la oportunidad para sentarme y poner un poco de distancia entre nuestras caras. Zoey yacía a nuestros pies. Ella se había acercado a la cabaña después de su siesta junto a la piscina. Ella se levantó y se estiró mientras Connor y yo nos hacíamos al a idea de que habíamos dormido uno al lado del otro.
Fui la primera en levantarse. Me puse de pie tan rápido que me dio vueltas la cabeza, la visión se me volvió borrosa y perdí el equilibrio chocando contras las piernas de Connor. Él colocó una mano en mi cintura para estabilizarme, me reí y le sugerí que fuera-fuéramos arriba para hablar de Mariah y de Matt, y de conducir al este.
Quince minutos más tarde estábamos limpiando a la perra en la gran bañera de Connor por segunda vez esa semana. A pesar de la siesta, estaba agotada y abrumada. Tiramos las toallas que habíamos utilizado para frotar a la perra en la lavadora y mientras se lavaban limpiamos el baño. Me quité el olor a perro mojado de los brazos con los jabones perfumados del hotel cuidadosamente colocados en una bandejita de plata junto al lavabo. Después de colocar mi cabello en una coleta desordenada, me quité la camiseta y los pantalones cortos y me puse una de esas batas de hotel gruesas y blancas de algodón mientras esperaba que la ropa se secase.
Cuando nos reunimos en la sala de estar, Connor estaba descalzo, vestido con una par de vaqueros descoloridos y una camisa blanca con cuello en V que dejaba ver su elegante y definida clavícula. Intenté no mirarlo, pero fallé, épicamente. Me sentí agradecida de que no nombrara nuestra siesta en el exterior, porque si lo hubiera hecho estaba segura de que me hubiera sonrojado del mayor rojo posible. Por lo tanto, me perdí en la cocina por un tiempo, haciendo un inventario mental de los alimentos enlatados, el agua embotellada, los productos perecederos y los suministros de cocina que podríamos utilizar en nuestro viaje por las montañas. El hecho era que teníamos más suministros de los que podíamos llevar con nosotros, por lo menos de un solo viaje, sobre todo si teníamos planeado recuperar el Jeep. No tenía un gran espacio para almacenamiento, pero en el momento en que había decidido utilizarlo… o más sinceramente, en el momento en que se lo robé a mis vecinos muertos, quería algo robusto, no muy grande y con buenos neumáticos. El Jeep nos haría llegar allí, pero no con todas esas cosas.
−Deberíamos hacer una lista con las cosas absolutamente necesarias. –Dije en voz alta para mí misma. Connor me sobresaltó cuando habló justo detrás de mí.
−Dijiste que tenías un Jeep.
El espacio a mi alrededor se llenó del aroma de su colonia. Respiré hondo antes de responderle.
−Sí, sólo me llevé la mochila conmigo a la ciudad. En el Jeep tengo una bolsa de comida para perros, unas cuantas mudas extras de ropa y unas botas. Oh, y también un galón de agua. –No me volvía mientras le hablaba, no confiaba en mí misma tan cerca de él.
−¿Por qué no vamos en dos vehículos? –preguntó después de una pausa. Ahora estaba apoyado en la barra, todavía a sólo dos metros detrás de mí. Podía ver la elegancia y desnudez de su brazo por mi visión periférica.
−Probablemente sería una buena idea. Sólo estaba pensando en todo lo que tenemos aquí. –Finalmente me di la vuelta y me apoyé en la encimera frente a él. –Quiero decir, no tenemos ni idea de si el resort está esquipado con todo. Puede haber personas o puede estar completamente destruido.
−No sabemos mucho, ¿verdad? –Sonrió y me miró con sus ojos azules y cristalinos.
No lo mires a los ojos, Riley, hagas lo que hagas, o te podrías perder en el azul de su mirada. Me aclaré la garganta suavemente y miré alrededor en busca de algo más que mereciera ser comentado. No podía mirarlo, y él no dejaba de mirarme. Me sentía como una adolescente estúpida con un enamoramiento, pero también lo sentía como algo prohibido. No estaba preparada, o dispuesta por completo, para que la vida siguiera de largo tan rápido. Oficialmente, había estado sola gran parte del último año. Había salido con un puñado de hombres después de que el divorcio terminara, pero nada había funcionado. Las citas eran un desafío con dos niños a cuestas, buscar un hombre que aceptara eso había sido difícil. Y a diferencia de mi ex marido, que iba por la novia número tres para el momento en que se cumplió el primer año, para mí fue difícil seguir adelante. Muy duro. Todo lo que estaba pasando con Connor me hacía sentir no sólo como si estuviera engañando el recuerdo de mi ex muerto, sino que también a nuestros hijos. No me gustaba esa sensación, hacía que me sintiera triste en lugares de mi corazón que ni sabía que existiesen.
Cuando miré a Connor, él se apartó de la barra y dio un paso adelante con las manos extendidas, −Riley, mira…- Fue interrumpido por un fuerte golpe en la puerta y por Zoey ladrando frenéticamente mientras saltaba del sofá y se lanzaba a la puerta.
−Yo voy. –Dije un poco demasiado apresurada mientras sentía el más mínimo toque de sus dedos por mis mejillas mientras pasaba por su lado en la cocina e iba a la puerta tan rápido como podía.
Era Mariah para preguntarnos que planes teníamos para cena. Le dije que abriríamos alguna bolsa o lata y ella se rió. Les invité a ella y a Matt a cenar con nosotros sin preguntarle a Connor, y ella prometió regresar pronto, con su hermano, mientras recorría la corta distancia hacía su habitación.
Connor todavía estaba en la cocina, y me arriesgué a echar un rápido vistazo en su dirección. No podía ver su rostro, pero sus hombros estaban caídos y su cabeza inclinada hacia abajo. Sabía que él estaba un poco molesto conmigo, pero no tenía la energía para conversación que él parecía tan ansioso por tener.
−Espero que eso esté bien.
−¿Qué? –No me miró.
−Invitarlos otra vez, espero que estés de acuerdo. –Lo observé detenidamente. Sin hacer contacto visual conmigo, se movió alrededor de la cocina, abriendo y cerrando armarios, aparentemente buscando algo.
−Oh, claro. ¿Por qué no? –Sus palabras fueron ligeras, pero la tensión en el aire era palpable.
−Yo cocino, hago unos espaguetis geniales. –Tenía la esperanza de no haberle hecho daño.
−Suena bien −, dijo en voz baja mientras hurgaba en un armario y luego exclamaba en voz alta, −¡Ah! ¡Ahí estás! −Puso una botella sin abrir de Bushmills 21 sobre el mostrador con un golpe sólido y miré el líquido ámbar con curiosidad.
Él dijo medio en broma, −Hace unas semanas habían varias. Ahora sólo queda esta. Sin embargo, si no te gusta este, el bar de abajo tiene una gran variedad de bebidas alcohólicas. –Hizo un gesto hacía la botella.
−Parece cara. –Le dije. Connor se encogió de hombros y puso dos vasos de cristal al lado de la botella.
−Depende de lo que tú consideres caro. –Su tono era un poco pícaro.
−Si se trata de más de 20 dólares, es caro para mí. –Le dije.
Connor soltó una carcajada, −Bueno, cuesta más de 20.
Lo más que yo había gastado en alcohol había sido en una botella de vino de 30 dólares una vez que le regalé una a un amigo. Ni siquiera podía leer correctamente los nombres de las etiquetas. Aunque eso nunca lo admitiría delante de Connor.
−Pruébalo, te gustará. −Llenó casi un cuarto de un vaso y en otro vertió apenas un sorbo y me lo pasó. Lo cogí y me sorprendió el peso del vaso. Me lo llevé a la nariz e inhalé. Connor sonrió mientras tomaba un sorbo de su bebida.
−Huele dulce. −Bebí la pequeña cantidad del vaso y pensé que había sobrevivido, pero el suave líquido cítrico tocó primero mi lengua y la quemadura corrió por mi garganta como lava. De una manera muy poco decente ahogue una tos. −¡Oh Dios mío!
Connor se balanceó sobre sus talones y se rió. Bebió otro sorbo y después de dejar el vaso, abrió una lata de refresco y me la entregó. –Esto ayudará.
Tomé unos cuantos tragos de refresco antes de preguntarle, −¿Eso tiene regaliz?
−Correcto. –Se rió.
Le saqué la lengua, −No me gusta el regaliz… eso fue desagradable.
−Supongo que eso deja más para mí. –Me guiñó un ojo y se fue con su vaso.
−Creo que más tarde bajaré con Mariah y buscaré un poco de vino, ya que… −Señalé con exageración la botella de whisky irlandés sobre la bonita encimera de mármol que probablemente tenía algún nombre de lujo italiano que no podía pronunciar, −… eso me mataría.
Connor se echó a reír tan fuerte que su cara se puso roja y por primera vez, lo vi llorar. Le tiré una de las manzanas que había colocado en un recipiente metálico en forma de flor junto al fregadero, pero apunté mal y en su lugar rozó la mesita de café. Zoey corrió tras ella y la persiguió alrededor de la sala como si fuera una pelota. Connor seguía riendo entre lágrimas cuando me retiré a mi habitación para cambiarme y ponerme unos jeans.
Juré que se la devolvería más tarde en la noche. Consideré colgarlo boca abajo de una de las ventanas, pero eso requeriría demasiada fuerza.
Mientras me subía los pantalones, le grité desde la habitación, −Ten cuidado, en algún momento tienes que dormir −, me reí a pesar de mí misma, a pesar de que mi orgullo había sido levemente herido, reír se sentía bien. Tal vez una botella de Moscato era exactamente lo que necesitaba.
***
−Bueno, has venido con regalos.
Odiaba tener que ser amable con Matt, pero allí estaba él, de pie delante de mí con flores en una mano y una caja envuelta en papel dorado con una cinta marrón en la otra. Las flores parecían ser de unos de los macizos de flores que rodeaban las palmeras en la fachada, y estaba recelosa de lo que habría en la caja. Me entregó ambas cosas y me hice a un lado, dándoles espacio para que entraran. Mariah me sonrió y puso suavemente su mano en mi brazo mientras pasaba.
−¡Huele genial! −Mariah siguió su nariz a la cocina y me pidió permiso para mirar dentro de la olla que estaba en el fogón.
−Espero que te guste la pasta. –Dije con una sonrisa. Puse la caja misteriosa en la encimera y las flores dentro de un gran vaso de agua. Puse el arreglo de flores en medio de la pequeña mesa de comedor que estaba entre la cocina y la sala de estar. Había claveles de colores naranjas y rojos y una margarita amarilla. Me pregunté si Matt las había cogido, o Mariah había hecho la selección.
Matt se fijó en la cara botella de whisky de malta sobre la encimera y la señaló, −Eso no está ahí para decorar, ¿verdad?
Connor ya había colocado vasos adicionales, por lo que le llenó un vaso a Matt y le ofreció un poco a Mariah. Por suerte para mí, ella lo rechazó.
−¡Genial! ¿Eso significa que alguien va a beber vino conmigo? ,− le dije en tono de broma.
Después de que Mariah decidiera asaltar el bar del hotel conmigo en busca de vino, tomamos a Zoey y tomamos el ascensor para bajar. Estábamos por el piso diecinueve cuando Mariah espetó, −¡Oh Dios mío, Riley, Connor es simplemente fantástico!
En ese momento parecía muy joven, de pie delante de mí con un vestido negro corto y un suéter de color rosa claro amarrado alrededor de su diminuta cintura tan apretado que estaba segura de que le estaba cortando la circulación de las piernas. Su pelo rizado rebotaba en sus hombros mientras danzaba de puntillas, sus manos juntas. Ella tenía “hermandad de mujeres” escrita por todas partes, pero parecía un poco mayor para esa fase de la Universidad. Su alegre personalidad también parecía fuera de lugar teniendo en cuenta las circunstancias, y me pregunté si todavía estaría pasando por la etapa de negación.
Le sonreí y dije simplemente, −está bien.
Ella dejó de saltar y me agarró por ambos brazos. Con una mirada muy seria en el rostro, me preguntó, −¿Te has acostado con él?
Me quedé sin habla, de todas las personas con la que podríamos habernos tropezado en la ciudad, terminamos con dos hermanos calientes.
−No… por supuesto que no. La conozco desde hace menos de una semana, Mariah. –Me moví para que aflojara el agarre sobre mí.
−¿Hablas en serio? Lo has visto, ¿verdad? −Me miró fijamente con los ojos muy abiertos. Era obvio que no hablábamos el mismo idioma.
Suspiré profundamente e hice lo que pude para que no se me notara la irritación. –Lo he visto, sí. También he visto un par de cientos de personas muertas desde la semana pasada. –La miré y ella enrojeció.
−Lo siento. Lo sé. Es horrible. −Se apartó de mí y el resto del trayecto hasta el vestíbulo se quedó en silencio. Me sentí un poco mal por herir sus sentimientos, pero cuando las puertas se abrieron en la oscura planta principal, la imagen del hombre sin camisa en la fachada se hizo cargo de mis pensamientos y me quedé mirando con cuidado cada sombra… con miedo de que pudiera saltar sobre mí en cualquier momento.
Después de dejar que el perro hiciera sus necesidades fuera, encontramos el alijo vino. Agarré dos botellas de Moscato y Mariah dos de champagne. Lo que teníamos que celebrar, no estaba segura, pero en ese momento sabía que era muy probable que me tomara yo sola esas dos botellas de vino.
***
Todos estábamos riendo, tirados en los sofás con bebidas en las manos mientras Mariah hacía un espectáculo bailando borracha a través de la habitación. Ella lo estaba haciendo bastante bien hasta que hasta que se dobló… movió sus caderas como si estuviera balanceando un hula -hoop invisible mientras levantaba los brazos y los agitaba como un pájaro para mantener el equilibrio.
Nos reímos aún más fuerte cuando ella insistió en que no estaba borracha, con las mejillas encendidas de color rosa y la nariz ligeramente redonda arrugada en desafío. Señaló con el índice a Connor y se dejó caer a su lado en el sofá, tomando un sorbo de su vaso. Connor había sacado varias botellas de alcohol del armario, así que no tenía ni idea de lo que había en el vaso, pero estaba bastante segura de que no iba a mezclarse muy bien con las botellas de champán que Mariah se había terminado por su cuenta. La caja envuelta que Matt me había dado estaba sobre la mesa de café abierta, la mitad de sus bombones faltando.
−Así que, ¿cuál es tu talento oculto?−Sus palabras salían arrastradas y se inclinó hacia a Connor mientras bebía de su vaso.
Connor cambió de posición para estar frente a Mariah y sonreírle. Uno de sus brazos desnudos descansaba libremente alrededor de sus hombros. No me gustó lo que vi, en absoluto.
Él se rió y dijo, no estoy seguro de que sea un talento oculto, pero puedo tocar “Freebird¹” con la guitarra.
−Mientes. –Dije con una sonrisa.
Su rostro se puso serio y por un segundo pensé que lo había insultado. –Tendremos que buscar una guitarra.
−¿Para que puedas destrozar a Lynyrd Skynyrd²? Lo siento, no puedo permitir eso. –Le dije con una sonrisa.
Él lanzó un cojín hacia mí y rebotó en el suelo, sus lentejuelas rociando prismas de color por el techo de la habitación sobre nosotros. Volvimos a reímos de nuevo hasta que Mariah preguntó, −¿Qué es Freebird?
−¿Qué? –Dijimos Connor y yo al mismo tiempo mientras mirábamos a Matt quién levantó las manos como defendiéndose.
−¿Nunca has escuchado “Freebird”? –No lo podía creer.
−No, ¿quién es Lenny Skinny? - Ella parecía perpleja, y habló entre hipos.
Miré a Mariah como si tuviera tres cabezas.
−¡Matt! Por favor, dime que has oído hablar del rock clásico.−Connor estaba sentado erguido, las manos en el aire mientras Mariah cogía su vaso y bebía una vez más.
−¿Qué es el rock clásico? −, preguntó Matt inocentemente, María lo maldijo y los cojines volvieron a volar.
Matt insistió en que si tuviéramos un piano, él podría tocar Twinkle, Twinkle Little Star³ con los pies. Todos estuvimos de acuerdo, con ataques de risa, en que estábamos muy contentos de que no hubiera ningún piano cercano para que pudiera probar esa afirmación.
−Eso te deja a ti. –Me dijo Matt.
−Lo siento, ¿qué? –Me hice la tonta.
−Oh, venga. –Dijo levantándose de su asiento y colocándose a mi lado. –Seguro que tienes que tener algún talento oculto que puedas compartir con el grupo. –Se inclinó hacia mí juguetonamente, tirando de los mechones de cabello escondidos detrás de mi oreja. Alejé la cabeza lo más que pude, a pesar de su olor tentador y lo caliente que se sentía su cuerpo contra el mío, la oscuridad que llenaban sus ojos me penetraban.
Me llevé la copa a los labios y le sonreí dulcemente con la esperanza de recuperarme de mi inquietud. −Tengo muchos talentos, muchos de los cuales seguramente no verás.
Connor se rió, Matt lanzó una mirada en su dirección y señaló mi vaso.
−¿Te lo vuelvo a llenar? –Me preguntó.
−Sólo un poco. –Le contesté entregándole mi vaso. Lo vi alejarse con sus jeans demasiado ajustados y una camisa aún más estrecha. Decidí que me gustaba la vista trasera mucho más que la delantera. Tengo que admitir que era un poco más atractivo con algunas copas de vino. Pero cuando abría la boca, todavía era un idiota. Regresó con el vaso lleno casi hasta arriba. −¡Eso es demasiado! –Dije efusivamente.
Se sentó a mi lado otra vez, tan cerca de nuestros muslos se tocaban. Pasé mi mirada de su pierna a Connor, quién estaba mirando a Matt fríamente. Él volvía a tener el control de su copa y dio el último trago. Su vaso hizo un sonido metálico cuando lo puso sobre la mesa un poco demasiado fuerte. Se apoyó profundamente en los cojines y apoyó los pies sobre la mesa. Mariah se había acurrucado en el rincón del sofá y comenzó a dormitar.
Durante un tiempo los tres nos quedamos sentados en silencio mientras yo bebía mi vino y Matt se ocupaba de su propia bebida. Él rompió el silencio y la conversación que antes había sido alegre tomó un tono más sombrío.
−¿Qué pasaría si Mariah y yo no nos fuéramos al norte de inmediato? –Miró a Connor mientras hacía la pregunta, pero luego se volvió hacia mí y esbozó una gran sonrisa. Puso su brazo sobre el respaldo del sofá, haciendo que el espacio entre nosotros disminuyera, no me gustó. Las sonrisas que Matt me dedicaba parecían forzadas, sus miradas casi depredadores. Un escalofrío de advertencia corrió por mi espalda y recordé lo incómoda que me había hecho sentir antes.
−¿Eh? − Estaba segura de que no le había oído bien.
−Ya sabes, todavía tengo que escuchar cuáles son tus planes. −Su voz era más baja, más suave, pero no escondió la agudeza de su mirada.
Parpadeé hacía él y luego miré a Connor. Mi cabeza estaba confusa por el vino, la habitación parecía más pequeña y caliente de lo que lo había sido minutos antes. Mientras me inclinaba hacia delante para poner mi vaso sobre la mesa, Matt bajó el brazo del sofá y lo apoyó en la parte baja de mi espalda, justo encima de la cintura de mis pantalones vaqueros. Connor hizo ademán de levantarse, pero me solté de la mano de Matt antes de que él notara el rubor que se había deslizado en el rostro de Connor.
Me puse de pie, incómoda con la fricción que había comenzado a espesar el aire, e intenté formar una respuesta sólida y simple para darle a Matt sin que incluyera los detalles de lo que habíamos planeado Connor y yo.
−¿Qué pasa con este lugar? −Hice un gesto a mi alrededor. –Mientras los generadores sigan funcionando, podríamos estar aquí por mucho tiempo. –Miré a Connor que estaba mirando a Matt.
Matt se levantó y me miró. −¿Qué pasa con la familia? ¿No tienes a nadie a quién quieras encontrar?
Cuando contesté, mi voz fue plana, −Mi familia está muerta. –Intenté alejarme de Matt llevando mi vaso a la cocina, pero él se colocó frente a mí, bloqueándome el camino.
−Disculpa. –Intenté pasar más allá de él, pero me cogió por el brazo. Me tambaleé un paso atrás, sorprendida.
−¿Entonces qué? ¿También quieres morir aquí? ¿Con él? –Apretó su agarre y yo contuve el aliento ante la presión incómoda en mi brazo.
Connor se levantó rápidamente. –Déjala. –Mantuvo sus ojos en Matt mientras se movía alrededor de la mesa detrás de mí.
Cuando me alejé de Matt, él levantó sus brazos. –Está bien, lo entiendo. –Dijo con una sonrisa forzada.
−No, no lo haces. –Connor se puso delante de mí, entre Matt y yo. Puse lentamente mi vaso sobre la mesa sin apartar los ojos de ellos.
Matt resopló sobre la cabeza de Connor hacia mí. −¿Exactamente cual es el asunto aquí? No estaríamos aquí si no hubieras dejado esa nota. Obviamente querías que alguien más te encontrara. ¿Por qué quedarte con este idiota?
Connor se movió hacia él y Matt cuadró los hombros de tamaño mariscal. Su voz fue baja y amenazante, −Hombre, te puedo romper por la mitad, sin ni siquiera intentarlo.
−Es hora de que te vayas. –Pude ver los músculos de la parte posterior de los brazos de Connor contraerse a medida que hablaba.
−¿O qué? ¿Vas a llamar a la policía? –Se burló Matt.
Zoey, que había notado el cambio en el ambiente, estaba de pie sobre sus cuatro patas, observándonos. Sabía que tenía que hacer algo antes de que los puños y posiblemente los dientes comenzaran a volar.
−Matt, debes ir a Nevada con Mariah, buscar a tu familia. –Retrocedí para poder rodear el sofá y acercarme a ellos por el otro lado. –Puedes tomar lo que necesites, hay muchas cosas para compartir.
Me miró rápidamente y luego a su hermana, que estaba completamente dormida. Él me dijo, la ira arrastrándose en su voz, −No necesitamos más mierda. Y sabes que Nevada está tan muerta como este lugar.
−Entonces, ¿qué es lo que quieres? −Le pregunté frustrada.
−¿No es obvio? –Me guiñó un ojo. Y entonces fue cuando Connor lo golpeó.
El golpe lo tomó por sorpresa y se tambaleó hacia atrás, tropezando con sus propios pies. Aterrizo en el suelo duro. Rodo sobre su costado, maldiciendo y cubriéndose el rostro con las dos manos. La sangre comenzó a filtrarse a través de sus dedos y Connor retrocedió un paso, alejándose de los pies de Matt.
Zoey empezó a ladrar como una loca, corriendo hacia atrás y adelante entre Connor y yo, claramente confundida. Matt se tambaleó de nuevo sobre sus pies sin dejar de maldecir mientras yo intentaba conseguir agarrar a Zoey del cuello. Ella estaba de pie junto a mí, temblando y gimiendo.
Mariah despertó y miró alrededor de la habitación. −¿Matt?
Un sonido gutural salió de Matt mientras se lanzaba hacia Connor. Zoey se precipitó entre ellos ladrándole salvajemente a Matt y mordisqueando sus zapatos. Mariah se puso en pie, vacilante, y sus ojos se abrieron al ver la cara ensangrentada de Matt. Él consiguió darle un buen golpe a Connor, golpeándole la mandíbula antes de que Zoey le mordiera la pierna. Él gritó y retrocedió, golpeando a la perra. Ella lo obligó a retroceder a la zona de la cocina antes de que yo la llamara para que volviera conmigo. Mariah estaba llorando y Connor le estaba gritando a Matt para que saliera.
Me sentía muy mal por Mariah, pero la empujé suavemente hacia su hermano e intenté decirle tranquilamente que se lo llevara de vuelta a su habitación, que estaba borracho. Él todavía seguía maldiciendo y gritando mientras salía, la vibración de su portazo al cerrar estremeció toda la suite.
Mi cuerpo temblaba tanto que no confiaba en que mis piernas pudieran sostenerme, así que me moví de rodillas y abracé a Zoey contra mi pecho para calmarnos a las dos, mientras le decía una y otra vez, buen perro... buen perro.
Connor bloqueó el seguro de la puerta y lentamente cruzó la habitación hacia mí. Zoey se le acercó con cautela antes rodar sobre su costado para que Connor le frotara el vientre. Él le murmuró con una voz suave, y cuando levantó la vista, me preguntó si yo estaba bien.
−¿Yo? ¿Qué hay de ti? −Me quedé mirando su cara, donde el cardenal ya se estaba formando en la mandíbula. Extendí la mano y le toqué el punto con cuidado. −¿Estás bien?
−Sí, lo estaré. Apenas me rozó. –Intentó sonreír. Levantó la mano, los nudillos estaban hinchados y rojos.
−Te daré un poco de hielo. –Me levanté y fui a la cocina, envolví unos cubitos de hielo en un paño de cocina limpio. Él se había movido al sofá, y Zoey lo había seguido. Ella me miró con ansiedad cuando me acerqué con la bolsa de hielo improvisada. Sostuve el paño primero contra su cara y él hizo una mueca.
− Matt es un idiota. −Le dije mientras examinaba los nudillos con mi mano libre.
−Es peligroso. −Me miró.
Moví el paño a la mano. −Tal vez.
−Ahora no hay nada que le impida a cualquier persona hacer o tener lo que quiera. –Hizo una pausa, esperando que yo hiciera contacto visual con él. –Entiendes lo que eso significa para ti, ¿verdad? ¿Cómo mujer?
−Soy una niña grande Connor, puedo cuidarme sola.
−Si solo fueran tú y él encerrados en una habitación, ¿de verdad creerías eso? –Parecía enfadado.
Me senté sobre mis talones y miré hacia el techo, sintiendo el zumbido del alcohol como un cable alta tensión. –Deberíamos dormir un poco. –Solté el paño y me levanté. Me dirigí a mi habitación con Zoey siguiéndome, cerré la puerta tras de mí en silencio y me senté en el borde de la cama. Poco tiempo después, escuché la puerta de Connor cerrarse con fuerza. Me saqué la camiseta, salí de mis jeans y me fui al cuarto de baño a lavarme la cara antes de volver a la cama y meterme bajo las sábanas.
***
Connor suspiró, rodó sobre la cama y miró la hacia la oscuridad de la habitación, preguntándose si Riley estaría dormida o despierta como él. Podía escuchar un zumbido bajo detrás de la puerta cerrada, proveniente de la cocina… la nevera, supuso. El resto de la habitación estaba en silencio. El aire todavía se sentía pesado por la tensión, y estaba inusualmente frío.
Hizo una mueca cuando metió la mano debajo de la almohada, la hinchazón alrededor de los nudillos hacía difícil cerrar la mano. Se sentía como un idiota. Luchar por una chica que no podía reclamar como suya. La noche había sido alegre para todos, y él había destrozado eso dejando que se metiera bajo su piel. Incluso ahora, el recuerdo de la mano de Matt en su espalda, la forma en que la miraba y le prestaba atención, amenazaba con desbaratar todos sus nervios. No podía soportar verlo tocándola.
Dos veces tiró de las manos y se levantó de la cama con la intención de ir a la habitación de Riley para de disculparse por la forma en que había terminado la noche, pero las dos veces se dio la vuelta y cayó de nuevo sobre el colchón, no estaba seguro de poder disculparse por golpear a Matt, porque por eso, definitivamente, no lo sentía.
Durante la noche, había atrapado miradas fugaces de Riley hacia él cuando Mariah se acercaba demasiado. Mariah fue amable con él, un poco sensiblera, pero él no estaba interesado en ella, por lo que lo único que hizo fue sonreír a sus avances. Durante toda la noche, había querido tirar de Riley a un lado y decírselo, pero nunca estaba sola. Matt estuvo a su alrededor toda la maldita noche, como un buitre, esperando para hacer su movimiento, a pesar de que era evidente que la hacía sentir incómoda. Matt se nutría de la atención, y si Riley no se la daba, él la tomaba llamando su atención, o tocándola cada vez que podía. El tipo era un idiota. Intentó sacar a Matt de su cabeza, y por un momento consiguió que el espació se quedara sólo con Riley.
Luchó contra las sábanas a medida que amenazaron con estrangularlo y terminó boca abajo sobre su almohada, maldiciendo por su aparente desprecio por él. Le habían despojado de su vida, dejando sólo una cáscara vacía detrás. Y luego había llegado Riley, y no sabía que hacer. No se trataba sobre no estar solo. Él no quería arruinar la pequeña e improbable posibilidad que tuviera con ella, pero en tan poco tiempo, ella había comenzando a llenar sus pensamientos por completo, consumiendo la oscuridad que lo perseguía, empujando la basura y sustituyéndola con… luz. Ella brillaba. No sabía cómo decírselo, o si ella estaba dispuesta a escucharlo.
Una parte de él le estaba agradecido a Mariah, porque después de su llegada, sabía a ciencia cierta cómo se sentía acerca de Riley. Él no sentía nada por Mariah. Ella era joven, bonita y estaba interesada en él, pero todo lo que decía, sólo lo hacía desear más a Riley.
Se torturó a sí mismo con estos pensamientos mientras se ponía boca abajo en la cama por el lado que no estaba herido, y lo último que recordó fue el sentimiento de despertar en la zona de la piscina con Riley dormida en su pecho, como había colocado los brazos contra su estómago, las rodillas descansando sobre sus piernas. Tenerla así había sido increíble. Le encantaba la sensación de su cuerpo encajando perfectamente contra el suyo, y el ligero olor a limón de su rubio cabello ondulado que se mezclaba perfectamente con la sutil fragancia de coco de su piel.
Esa era la imagen que tenía en su mente cuando ella entró en su habitación en medio de la noche. Al principio, cuando vio su silueta, sentada junto a él en su cama, pensó que todavía estaba soñando, pero cuando ella lo tocó, vio que era real. Era real cuando sus labios rozaron suavemente los suyos, y él lo que más quería era abrazarla de nuevo.
***
La habitación era oscura, fría y olía un poco a humo. No importa cuánto me abrigara con las mantas, no podía entrar en calor. Me pregunté si Connor estaría dormido, y pensé en lo que había dicho. Era absolutamente cierto. Las cosas eran diferentes. Las personas que conociéramos, no se podía confiar en base a sus apariencias. Era el sálvese quien pueda. Me pregunté como hubiera sido si me hubiera topado con Matt en la ciudad. Había tenido la suerte de haberme encontrado con Connor primero.
Con el tiempo, le di una patada a las sábanas y me envolví con el albornoz. Abrí la puerta a la oscuridad de la suite. Crucé la habitación tranquilamente y me quedé delante de la puerta de Connor, atenta a cualquier movimiento o ruido de dentro. Cuando la abrí lentamente y miré dentro, la habitación estaba tan oscura como la mía, pero podía ver su forma en la cama.
−¿Connor? −Susurré.
No contestó mientras entraba más en la habitación y cuidadosamente me subía a su cama. Él estaba de espaldas a mí, su cabeza enterrada debajo de la almohada. Me arrastré hasta la mitad de la cama y le toqué el hombro. Su cuerpo se sacudió y dio un salto sentándose, sorprendiéndome.
−Lo siento. −Dije en voz baja. −No quería despertarte.
−¿Estás bien? −, preguntó aturdido por el sueño, arrastrando la mano por su cabello. Fue un gesto que podría verlo hacer una y otra vez sin llegar a cansarme de ello.
−Sí, estoy bien. Es una tontería. −Hice una pausa, de repente avergonzada. −No podía dormir.−Dudé antes de decir, −Sólo quería darte las gracias… por lo de antes.
Cuando él no dijo nada, empecé a alejarme de él, segura de que no debería estar allí, sentada en su cama en medio de la noche, pero entonces, él extendió la mano y agarró la manga de la bata. Su mano se movió por mi brazo, bajando hasta la parte delantera de la bata y tiró de mí hacia él.
Nuestros rostros estaban a pulgadas. Hablé en un susurro cuando le repetí, −No quería despertarte.
−Ya dijiste eso −, susurró.
−Lo siento −, me reí en voz baja.
−Ya dijiste eso también −, bromeó…
Sonreía a pesar de que era de noche y probablemente no podía ver gran parte de mi cara. Sentí el movimiento de su mano en mi clavícula, justo dentro de la abertura de la bata y un suave suspiro escapó de mis labios. Una mano se deslizó a través de la correa de mi sujetador, luego rozó mi cuello y pasó los dedos por mi mandíbula, trazando lentamente el contorno de mi boca. Mi incliné hacia él y toqué sus labios con los míos. Las manos de Connor se envolvieron a mi alrededor, tirando de mi a su pecho y presionando mi cara en su cuello.
Nos quedamos en el centro de su cama hasta que el calor de nuestros cuerpos no fue suficiente para calentarnos. Connor se sacó la camiseta y me la entregó, saqué la bata de mis hombros desnudos y me puse su camiseta de algodón. Nos deslizamos bajo las sábanas, apreté mi cuerpo contra el suyo y dejé que me abrazara fuerte. Estábamos frente a frente, uno de sus brazos debajo de la almohada, el otro sosteniendo mi cintura. Mi cabeza descansaba justo debajo de su barbilla y nuestras piernas estaban enredadas. La sensación de sus muslos apretados contra los míos era emocionante, y extrañamente reconfortante.
Cerré los ojos y escuché la respiración constante de Connor, sentí el ruido sordo de su corazón. Sostuve su aroma, masculino, limpio y fresco. Quería guardar su olor en mi memoria, era refrescante, pero también tranquilo.
−¿Me puedo quedar contigo toda la noche? –murmuré contra su pecho desnudo.
Él susurró contra mi pelo, −no voy a dejarte ir.
***
Cuando se metieron bajo las sábanas, Connor sintió los contornos de su cuerpo relajarse y amoldarse al suyo, la sitió a su lado. Ella tenía un brazo a su alrededor, en sus omóplatos, por lo que cuando respiraba, sentía la presión de su mano subiendo y bajando ligeramente en su espalda. Ella enroscó sus piernas desnudas a su alrededor y enterró sus pies dentro de sus pantalones de pijama de franela.
Su piel suave se sentía perfecta mientras pasaba la mano suavemente por su cuello, por la espalda y caderas. Cuando ella suspiró, la plenitud de sus pechos presionó en sus costillas, y él presionó el brazo alrededor de su cintura, sosteniéndola contra él. Finalmente, pudo abrazarla como lo había imaginado muchas veces desde que la conoció. Apretó su abrazo cuando ella le preguntó si podía quedarse con él. Y cuando el amanecer finalmente se levantó, todavía estaban anclados uno en los brazos del otro, profundamente dormidos.
¹ "Free Bird" es un himno de rock de la banda estadounidense Lynyrd Skynyrd
² Lynyrd Skynyrd es un grupo de hard rock estadounidense considerado «el grupo definitivo de rock sureño,
³ twinkle twinkle little star es una popular canción infantil y navideña conocida en varios países con distintos títulos y letras, como en francés «Ah! vous dirai-je, Maman», en inglés «Twinkle, Twinkle, Little Star» y en alemán «Morgen kommt der Weihnachtsmann». ...
Capítulo 8
CarpeDreams
Cuando llegó la mañana, no fue la luz del sol filtrándose por los huecos de la cortina lo que me despertó, fue el continuo golpeteo de las gotas de lluvia contra los cristales de las ventanas. Abrí los ojos y un mar brillante de sábanas blancas de satén empezaba en mi nariz y fluía a lo largo de la cama. Después de mirar extrañada la sábana y el edredón a juego, sabía que no estaba en mi habitación. Incliné la cabeza hacia arriba y la sedosa tela cayó por debajo de mi boca en una delicada cascada sobre mi cuello. Estaba tumbada sobre el pecho desnudo de Connor, él estaba dormido, de espaldas, con el rostro inclinado hacia el mío. Lo miré y tomé cada detalle de su cuello, su boca carnosa, su nariz y sus largas pestañas oscuras. Estas se agitaron con delicadeza y un suave suspiro escapó de entre sus labios. Tenía miedo de respirar por miedo a despertarlo, parecía completamente tranquilo.
Seguí mi inspección visual por las curvas de la parte superior de su cuerpo, empezando en su cuello, donde se podía ver su pulso latiendo constantemente bajo la piel justo debajo de su oreja, hasta el espacio hueco entre las clavículas. Mis ojos viajaron a lo largo de sus pectorales, haciendo una pausa para disfrutar de la perfecta redondez de uno de sus pezones. Debajo de mi mano izquierda podía sentir el borde de la caja torácica, la deslicé suavemente hacia abajo hasta su ombligo y la dejé ahí. Su pecho se alzó ligeramente debajo de mi mejilla y lo miré a los ojos. Sus pálidos ojos azules parpadearon adormilados hacia mí.
Incliné mis caderas contra él y se movió para que pudiera sostener ambos brazos sobre su pecho. Nos sonreímos el uno al otro mientras su mano se deslizaba hasta la parte de atrás de mi camisa.
−Buenos días −, dijo con una sonrisa.
−Hola −, respondí con una risita mientras sus dedos cosquilleaban un camino por mi espalda. Cuando su mano llegó a la parte de atrás de mi cuello, apretó suavemente y enterró los dedos en mi cabello. Sentí los músculos de su abdomen flexionarse mientras inclinaba la cabeza hacia mí y me besaba en la punta de la nariz.
Zoey arruinó el momento saltando a la cama a nuestro lado y lamiendo todas las extremidades expuestas que pudo encontrar. Gemimos y nos estremecimos cuando las mantas cayeron de nuestros cuerpos, reñimos a la perra de buen humor cuando trepó por nuestras cabezas e intentó meterse debajo de las almohadas. Su cola se movía contra la cabecera acolchada formando un sonido rítmico. Me alejé de Connor poniéndome sobre mis rodillas después de decirle a la perra que había pillado la indirecta.
Connor se sentó, agarró mis caderas y me dijo en broma, −No vas a levantarte aún.
−¿No?
−No sin esto. –Murmuró mientras sus dedos acariciaban mi rostro y su otra mano volvía a mi camisa. Se inclinó hacia mí y aplastó sus labios contra los míos, besándome profundamente y dejándome sin aliento.
***
Cuando salimos de la habitación, la persistente lluvia se había convertido en una tormenta eléctrica, y cada vez que el cielo tronaba, la perra aullaba y daba vueltas por la habitación nerviosamente. Abrimos las ventanas, empujando las pesadas cortinas a un lado para revelar un cielo enfadado, lleno de grandes nubes que chocaban continuamente por las fuertes ráfagas de aire, haciendo caer relámpagos, lanzando una lluvia torrencial en la ciudad a nuestros pies. Me encantaban las tormentas, ocurrían pocas veces, pero ser testigo de una a veinte pisos de altura era abrumador. Observé desde detrás del grueso cristal como la naturaleza atacaba a nuestro alrededor. El viento aullaba y sacudía el edificio, la temperatura en el interior se sentía como si hubiera caído hasta a penas superar el cero. Me estremecí dentro de la bata, incluso con la camisa de Connor y unos pantalones más de repuesto, tenía frío.
Él vino por detrás y me besó en la nuca casualmente, sonreí y disfruté del momento. La noche anterior habíamos cruzado una línea, y aunque yo no había estado preparada, en lugar de hacer que el día siguiente fuera más incómodo, era todo lo contrario. Con él me sentía cómoda y feliz, y me di cuenta de que el sentía lo mismo. Nosotros compartíamos una necesidad tácita, un tipo de anhelo, y por el momento, estaba satisfecha con eso.
Me entregó una traza humeante. Respiré profundamente el sutil aroma a miel y a té verde y envolví las manos alrededor de la taza de cerámica para calentarme los dedos.
−Me encanta éste clima. –Dijo abrazándome por detrás.
Suspiré. –A mí también.
Me moví al sofá y me hundí en los cojines de gran tamaño mientras Connor encendía la chimenea eléctrica y la lámpara de araña que caía sobre la mesa del comedor. Los eventos de la noche anterior volvieron a mí cuando vi las flores.
−Connor, ¿deberíamos ir al lado y ver a Mariah? –Le pregunté después de tomar un sorbo de mi té caliente.
Él estaba en la cocina y se volvió hacia mí, incluso con el suave resplandor de la suite podía ver la marca descolorida en su mandíbula.
−No quieres ver a Matt, ¿no? –Me preguntó.
−No. −Seguí sorbiendo mi bebida lentamente con cuidado de no quemarme la lengua. Vi a Connor moverse por la cocina, colocando sobre el fogón un pequeño caldero con una tapa de cristal. Vertió harina dentro y puso la tapa. Cuando se unió a mí en el sofá, puso su taza de té sobre la mesa.
−Estoy seguro de que con el tiempo vendrá por aquí −, dijo sin intentar ocultar su desdén.
−¿Deberíamos hablar de eso? –Moví la taza caliente alrededor de mis manos.
−No hay mucho que decir. Le pegué… me golpeó… él perdió. –Hizo una pausa antes de inclinarse hacia mí, −Y tú eres hermosa. –Me besó suavemente. El tenue sabor de la miel pasando entre nuestros labios.
La habitación se había empezado a calentar por la chimenea y Zoey se había tirado delante de ella. Cuando Connor se sentó a mi lado, ella empezó a batir con fuerza su cola contra el suelo. Ella no quería salir en la lluvia, pero era obvio que había terminado la espera de su hora de ir al baño.
Después de que Connor regresase a la cocina, me fui a mi habitación y me puse los pantalones vaqueros. Todavía no estaba lista para quitarme la camiseta, así que a pesar de que me quedaba muy ajustada en el pecho y la tela era lo suficientemente fina para que se me viera el sostén, decidí dejármela puesta. Después de ponerme los calcetines y los zapatos, busqué la sudadera y la llevé a la sala de estar. Connor ya no estaba en la cocina. Zoey corrió hacia mí y se quejó.
−Voy a sacar a Zoey, ahora vuelvo −, dije en voz alta.
−Sólo un segundo, voy contigo. –Gritó desde su cuarto. Cuando se unió a nosotras en la puerta llevaba unos vaqueros y una sudadera con capucha. Hizo un gesto hacia la camisa con cuello en V que todavía llevaba y me dijo con una sonrisa, −Se ve mucho mejor en ti.
Me puse de puntillas y le di un beso en la boca, −Entonces, si no te importa, me quedo con ella el resto del día. –Me puse la sudadera y abrí la puerta. Las ventanas en los extremos hicieron poco para ayudar a iluminar el pasillo ya que las nubes externas se habían tragado la luz del sol. Pasamos rápidamente y en silencio más allá de la habitación de al lado y cuando llegamos al ascensor pulsó el botón. Casi esperaba que Matt saliera disparado de su habitación blandiendo una botella de whisky vacía por encima de la cabeza como un arma, pero entramos en el ascensor sin ser vistos.
El vestíbulo del hotel estaba helado, y el exterior estaba aún más frío. El agua corría por las cunetas de las calles desbordando la acera en algunos lugares. Me dije a mí misma que necesitábamos la lluvia, California siempre la necesitaba, pero también consideré que no habría nadie para ayudar a mover los árboles caídos o reparar las carreteras inundadas. Consideré esto mientras Zoey salía corriendo a su parcela de hierba y hacía sus cosas. Volvió a nosotros sacudiéndose la lluvia de su pelo empapado.
Tomamos el ascensor al piso de arriba y hablamos sobre el clima y el daño que era más que probable que creara en los caminos que habíamos pensado utilizar para ir al este de la ciudad. Pensé en el resort y en que condiciones se encontraría, o si todavía seguiría en pie cuando llegáramos. Seguramente sí, dado que si estaba construido en la montaña, estaría diseñado para soportar la lluvia, el viento e incluso la nieve. Me aferré a la esperanza a medida que nos dirigíamos en silencio por el pasillo a nuestra habitación.
El resto del día lo pasamos en el sofá uno en los brazos del otro, u organizando la cocina y separando las cosas que llevaríamos al viaje después de que, de mutuo acuerdo, decidiéramos hacerlo cuando amainara la tormenta. Para cuando el día finalizó, no habíamos escuchado de Matt o Mariah, la oscuridad envolviendo de nuevo el hotel, la curiosidad de apoderó de mí, y en contra de la voluntad de Connor, fui al lado y toqué durante casi cinco minutos. Cuando nadie respondió, me puse de rodillas y miré por el hueco debajo de la puerta. El suelo parecía vacío a excepción de unos de los zapatos de tacón de Mariah, tirados de costado cerca del sofá. Dudaba que se hubieran marchado con la lluvia, y Mariah no parecía del tipo que se fuera sin sus zapatos, así que me relajé un poco y volví a la suite.
Tuvimos una cena simple de arroz, frijoles y verduras mixtas de lata, después me ofrecí a ayudar a Connor a empacar sus cosas. Mientras trabajábamos, escuchamos el reproductor de MP3 que Connor había conectado a un sistema de altavoces. Ya en su habitación, comenzamos a llenar una maleta con su ropa más cálida y un par de zapatos extras. Utilizamos una segunda maleta para los alimentos enlatados, utensilios de baño y unas velas que Connor había encontrado. Pusimos las maletas abultadas en el suelo de la sala de estar, volvimos a la habitación y Connor se dejó caer en la cama, exhausto. Augustana¹ estaba sonando de fondo y mientras escuchaba la letra de Boston², me reí ante la ironía de las palabras de la canción. Nadie sabría mi nombre nunca más. La vida estaba empezando de nuevo, quisiera yo o no.
La lluvia seguía cayendo fuera, pero se había suavizado y perdido la mayor parte de su furia. El viento había cambiado, en lugar de golpear violentamente en el edificio con vehemencia, silbaba alrededor de las ventanas. El aire olía a limpio y fresco y muy pronto la única luz de la habitación fue el suave parpadeo de una vela. The Script² estaba sonando con un ritmo suave y el zumbido de la voz conmovedora de Danny O'Donoghue³ se hizo eco por toda la habitación.
Me coloqué de lado y miré a Connor que estaba de espaldas, las manos entrelazadas detrás de la cabeza y los ojos cerrados. Al principio, pensé que estaba dormido, hasta que se giró y fijó su mirada en mí. Sombras bailaban alrededor de su cara por la llama de la vela, por lo que era difícil ver sus rasgos, pero vi como una lágrima brillaba por su mejilla y desaparecía en la curva de su oreja.
Cuando habló, su voz era tensa por la emoción, −Creo que mi hijo está muerto.
Por un momento pensé que la sangre se había quedado inmóvil en mis venas. Me senté en posición vertical y me arrodillé junto a él. −¿Dónde está? −Mi cuerpo estaba temblando.
−No lo sé. –Miró hacia otro lado, hacia el techo. El estomagó se me retorció esperando que él continuara.
Con el tiempo, lo hizo, −Él se fue con su madre a pasar el mes con su familia en Londres. Él está mucho con ella por mi trabajo, nunca nos casamos. –Hizo una pausa para mirarme y yo le hice un gesto para que continuara. –La última vez que hablé con ella, me dijo que todos los vuelos internacionales estaban cancelados, los hospitales desde Gran Bretaña a China estaban llenos de casos de una enfermedad llamada Muerte roja según los medios. Los gobiernos empezaron a llamarla la Plaga Cardinal por la forma sangrienta en la que causaba las muertes. −Se detuvo de nuevo, su voz temblorosa, y recordé los informes que había escuchado con los mismos nombres. –Su padre estaba enfermo. Fue a su casa, Riley, fue a través del océano con mi hijo.
Me quedé inmóvil junto a él, atónita, a pesar de que quería correr al baño y vomitar.
Los primeros días del virus pasaron por mi mente. Cuando iba por la calle con mis hijos sin poder llegar al hospital, me los llevé a casa y los puse en la cama. Hice todo lo que pude para detener la fiebre, pero nada funcionó. Vi la televisión para ver las noticias. La programación regular fue suspendida y los únicos de canales de difusión eran los principales canales de noticias. Las imágenes de hospitales inundados de enfermos y aeropuertos repletos eran las mismas por todo el país, los mensajes que aparecían escritos debajo de cada emisión repetían lo mimo: El presidente ha declarado el estado de emergencia nacional. Los funcionarios del CDC han pedido que todos los civiles permanezcan en sus hogares y limiten el contacto con otras personas. Todo personal militar debe presentarse de inmediato. Se le pide al personal de hospital o los que tengan formación médica que se presenten en su hospital o la clínica más cercana. Por entonces ya sabía que mis hijos morirían, y cuando el sistema de emisión de emergencias mostró sólo una pantalla azul brillante en el televisor, la apagué. Saqué una radio a pilas de la cocina pero con el tiempo, la mayoría de las emisoras se volvieron estáticas y con el tiempo también la apagué. Cuando mis hijos murieron estaba entumecida. Para mí, no importaba si el resto del mundo moría con ellos, porque para mí, ellos eran mi todo.
Cuando Connor describió el caos de una Europa y Asia fracturadas, la gravedad de todo esto cayó sobre mí. No podía procesarlo. Todo el mundo, ¿todo el mundo… infectado?
Connor tenía razón, su hijo probablemente estaba muerto.
−Lo siento mucho Connor. −Susurré.
−Debería haber estado allí. Por lo menos debería haber estado allí, por si acaso… ¿y si no había nadie al final? –Se cubrió el rostro con las manos y permaneció así durante mucho tiempo.
Me senté a su lado sin saber cómo consolarlo. Decidí no mentirle. –Estar ahí, como padre, sólo lo habría hecho más difícil para ti. –Mi voz tembló.
Se sentó y me miró. Sus ojos húmedos hacían que el color azul brillante de sus iris parecieran de color turquesa. Me miró fijamente.
−¿Cómo padre…?
Me aclaré la garganta y coloqué mis manos sobre mis piernas. –Ocho mi hija... mi hijo tiene cuatro. Tenían, tenían ocho y cuatro años. –Mi cuerpo tembló y Connor se acercó a mí. No podía decir nada más.
−Oh, Dios mío, Riley. –Me abrazó. Cuando comencé a llorar en voz baja me colocó bajo las sábanas con él y nos quedamos en la cama de esa manera, con la ropa, tendidos y llorando en los brazos del otro hasta que ambos nos quedamos secos.
Zoey durmió a ratos a nuestros pies, perdida en sus propios sueños oscuros.
***
A la mañana siguiente nos despertamos al amanecer. El día anterior habíamos abierto las cortinas de par en par y el sol salió a la superficie por el lado este de la ciudad iluminando la habitación con radiantes rayos naranjas, ámbar y amarillos dorados. La habitación parecía estar ardiendo con el sol. Con la luz llegó el calor, y las sombras se vieron acorraladas bajo la cama y en las esquinas, permanecer bajo las sábanas completamente vestida se hizo insoportable y, de mala gana, me levanté de la cama.
Connor se encargó del café mientras yo miraba a través de los alimentos sobre la mesa hasta que encontré una bolsa de granola y la última manzana fresca. No habíamos hablado mucho desde la noche. Estábamos mental y físicamente drenados.
Después de desayunar, nos turnamos para ducharnos y vestirnos con ropa limpia. Tiramos la que llevábamos a la lavadora y nos sentamos a escribir una lista de lo que necesitaríamos para ir al Este. Ambos necesitábamos chaquetas calientes y equipos de nieve. Connor necesitaba unas botas que estuvieran diseñadas para ese clima, su calzado de diseño, aunque caro, no sobreviviría a muchas excursiones por las montañas.
También teníamos que encontrar otro vehículo donde poder llevar las cosas y a nosotros de vuelta al Jeep. Eso significaba una furgoneta, y Connor creía que sabía exactamente cual tomar. En el aparcamiento había un nuevo F250, y ya que estaba en el estacionamiento del hotel, con sólo un puñado de otros coches, no debería ser demasiado difícil encontrar al dueño. Sin embargo, eso quería decir que tenía que hurgar entre los cadáveres que había movido a la sala de conferencias hasta encontrar las llaves adecuadas.
Era poco antes de las 7:00 de la mañana cuando planeamos salir y caminar por el centro comercial donde podríamos conseguir lo que nos faltaran de suministros. Connor abrió la puerta de la suite mientras yo buscaba la correa de Zoey por mi habitación.
−Riley, hay una nota en la puerta −, dijo Connor.
Me reuní con él en la entrada mientras él despegaba de la puerta el papel que había sido sostenido con un pedazo de cinta adhesiva. Me lo entrego y lo leí en voz alta.
Riley y Connor,
Era temprano cuando salimos esta mañana, de lo contrario habría dicho adiós. Gracias por la habitación y la compañía. Vamos de camino a Las Vegas para, con suerte, encontrar a nuestra familia, por favor desearnos suerte. Deseo que, donde quieran que vayan, encuentren lo que buscan, y espero volver a veros. Quién sabe, tal vez volvamos a encontrarnos.
Con amor, Mariah
PD: Por favor, abracen a Zoey y díganle adiós de mi parte.
−Así que… se fueron −, dije en voz baja para mí misma. Me arrepentía de que la despedida de Mariah fuera de esa manera, aunque estaba feliz de que Matt se hubiera ido.
Miré a Connor y él dijo, −Espero que lo consigan. –Sonaba como si lo dijera en serio, aunque estaba segura de que sólo era porque esperaba que si encontraban a alguien de su familia con vida, se quedarían en Nevada. Dudaba que él quisiera volver a ver la cara de Matt de nuevo.
***
Nos tomó un par de horas y dos tiendas diferentes encontrar todo lo que estaba en nuestra lista. Llevábamos todo de vuelta al hotel en un carrito de la compra. Las carreteras se sentían diferentes a la última vez que las había atravesado. La lluvia había lavado la suciedad y la mayor parte de los escombros, y el olor a muerto que salía desde el interior de los edificios apenas era perceptible. Aunque las calles estaban en completa tranquilidad, todavía tenía la sensación de estar siendo vigilada, por lo que continuamente recorrí con la mirada el camino que nos rodeaba.
Estábamos a dos calles del hotel cuando Zoey empezó a ladrar. Connor, que estaba empujando el carrito, se detuvo y miró atrás.
−Riley, mira −, dijo en voz baja.
Miré por la calle que nos rodeaba y por las aceras, sin ver otra cosa que coches aparcados, edificios y un puñado de vehículos militares. Zoey había dejado de ladrar y estaba encogida detrás de mis pies, entre Connor y yo. Cuando la vi, retrocedí hacia Connor. Una niña. Estaba de pie, sola, en medio de la carretera a pocas cuadras de distancia. Pude ver el abrigo y el sombrero rojo colocado sobre su largo cabello negro, pero estaba demasiado lejos para distinguir mucho más. Ella estaba de pie en medio de la calle, frente a nosotros, sin moverse.
−Oh, Dios mío −, suspiré y empecé a correr hacia ella calle abajo.
Varios segundos después escuché el grito de Connor, −¡Espera, Riley, espera! –Pero no me detuve. No podía. Registré el sonido de los pies de Connor mientras pisaba la tierra a casi una cuadra por detrás de mí, pero no me giré a mirarlo.
Impulsé mis piernas más rápido y cuando estuve lo suficientemente cerca como para ver con claridad me di cuenta de que era muy pequeña… cinco, tal vez seis años. Además del abrigo y el sombrero, llevaba unas medias blancas con las rodillas manchadas de un color oscuro, como si se hubiera puesto de rodillas en la tierra. La sangre me latía en las sienes, Connor volvió a gritarme que me detuviera, pero no podía, estaba a menos de una cuadra de distancia de la niña.
Corrí hacia ella, deslizándome hasta detenerme al alcance de la mano. Mi pecho subía y bajaba, y mientras absorbía el aire, extendí la mano y le toqué el brazo. El tejido de su abrigo era áspero bajo mis dedos. El sol rompió a través de la capa de nubes irregulares y pulverizó sobre ella, provocando que chispas saltaran por su pelo oscuro.
−Cariño, ¿estás bien? –Las palabras salieron ásperas y mi respiración se perdía entre bocanadas de aire. Hacía frío. Dejé que mi mano cayera sobre su hombro y la sacudí suavemente cuando no me respondió. Estaba pálida, y un patrón de manchas rojas familiaes florecieron en su nariz y boca. Sus vasos sanguíneos habían estallado en diferentes lugares por todo su rostro y cuello, como pequeños fuegos debajo de su piel. Sus ojos eran tan oscuros que no se podía ver el iris, y su visión se estaba congelada al frente, como si estuviera mirando a través de mí.
−Cariño, ¿puedes oírme? −, le supliqué, pero ella no respondió.
Mi mano cayó de su hombro y Connor gritó mi nombre desde la acera a unos treinta metros de distancia. Por mi visión periférica vi un movimiento a derecha y a izquierda. Miré por encima del hombro y decenas de personas que estaban caminando hacia mí, sus rostros fijos en el mío. Era lo mismo por el otro lado de la calle. Me enderecé, mi respiración aún entrecortada por la carrera, y giré sobre mí misma. Hombres, mujeres y niños se acercaban a mí desde los cuatro lados de la calle, moviéndose rápidamente, tan juntos unos de otros que sus hombros chocaban entre sí.
Aterrorizada, le grité a Connor y creí escucharlo responderme, pero su voz sonaba amortiguada e imposiblemente lejos. Todos los rostros que veía estaban manchados de sangre, o su piel estaba llena de abrasiones, como la de la niña de pie junto a mí. La masa de cuerpos me rodeaba, y el ruido de los gritos de angustia y dolor eran ensordecedores. Apreté las manos contra mis oídos mientras daba una y otra vuelta, gritando de miedo.
El primero en llegar a mí fue un hombre que sólo llevaba un par de pantalones caídos, con sangre de un color enfermizo fluyendo libremente de su nariz. Sus ojos estaban nublados con una sustancia mucosa blanca que rezumaba por sus mejillas, y su carne colgaba de él como un traje mal ajustado. Cuando llegó a mí, agarrando con fuerza mi camisa, grité con horror. Detrás de mí, manos tiraban de mi pelo, empujaban contra mi espalda, moviéndome, tocándome. Intenté golpear las manos lejos, pero había demasiadas, cientos de cuerpos cayeron sobre mí. El olor de la muerte llenó mi nariz, y me ahogué con el olor rancio. Una anciana vestida con un camisón se enganchó a mi brazo derecho y cuando luché por empujarla, algunos mechones de su largo cabello gris encrespado se enredaron en mis dedos. Estabas personas no estaban vivas, se estaban pudriendo. Horrorizada, grité tan alto como pude.
La turba se tambaleó, empujando y apretándose a mi alrededor hasta que estaba segura de que me asfixiaría. A pesar de mi voz ronca, grité una y otra vez llamando a Connor. Alguien tiró de mis piernas y caí al asfalto caliente, temblando, lloriqueando y confundida. Me acurruqué en posición fetal mientras la oscuridad se cerraba a mi alrededor. El enjambre de cadáveres comenzó a aquietarse y a moverse en un vaivén lento mientras un par de pequeños zapatos de vestir negros se detuvieron por mi cabeza. Miré hacia arriba y vi a la niña del abrigo rojo sobre mí, su mano intentando tocarme. Me miraba con una expresión suplicante y cuando movió sus labios para hablar, sangre brotó de su boca.
Dejé mi cabeza caer contra el suelo y que la oscuridad me llevase.
¹Augustana es un grupo de rock estadounidense procedente de San Diego, California. Sus éxitos más conocidos son "Sweet and Low" y "Boston", que ha aparecido en numerosas series y programas de televisión.
² The Script es una banda de pop rock de Dublín, Irlanda.
³ Danny O'Donoghue es un cantante y compositor irlandés de la banda The Script.
Capítulo 9
CarpeDreams
Cuando Riley vio a la niña, su primer instinto fue correr hacia ella, pero Connor se quedó helado. Dejó que Riley corriera más de la mitad de la calle antes de salir tras ella y perseguirla. Se dio cuenta de la multitud de las personas materializándose de la nada antes de que ella se diera cuenta y le gritó para que se detuviera y volviera a él, pero antes de que pudiera llegar a ella, la multitud se cerró herméticamente alrededor de ella y se asustó al escuchar los gritos de Riley. Consiguió pasar a la legión de cuerpos llorando, pero sólo avanzó unos cinco metros antes de que lo rodearan. Manos lo zarandeaban hacia atrás y hacia delante, manos agarraron su ropa. El olor de la putrefacción era tan fuerte que no podía respirar. A pesar de que sus ojos estaban viendo que eso estaba ocurriendo, su cerebro se negaba a creerlo. Un Segundo la calle estaba vacía, y al siguiente el horizonte brillaba, como si estuviera bajo el sol caliente del desierto, y ellos estaban justo… ahí.
Intentó llamar a Riley entre la multitud, pero sólo escuchó sus gritos en respuesta. Un adolescente se acercó a su cara y le empujó, desprendiendo una gran cantidad de piel del brazo del joven desde el codo hasta la muñeca. Gritó cuando la carne sangrienta golpeó el pavimento con un sonido húmedo. Siguió gritando llamando a Riley, perdido en un pánico que amenazaba con volverlo loco, hasta que los empujones de los cuerpos a su alrededor se detuvieron tan de repente que perdió el equilibrio y se tambaleó sobre sus rodillas. Sus manos estaban cubiertas de sangre oscura y las mantuvo lejos de él con disgusto.
−¿Qué diablos está pasando? –Gritó hacia el cielo.
La gente comenzó a moverse hacia atrás, alejándose de él, disipándose poco a poco de la misma manera que había aparecido, hasta que sólo podía ver una docena o así de cuerpos moviéndose lejos de él. Parpadeó desconcertado mientras ellos brillaban, como un espejismo… y se habían ido. Desaparecieron, justo delante de sus ojos.
−Esto no está sucediendo. −Murmuró para sí mismo mientras escenas de todas las películas de fantasmas que había visto en su vida pasaban por su mente.
Los ladridos frenéticos de Zoey en la distancia hicieron que girara la cabeza hacia atrás. Se puso de pie y vio a Riley yaciendo inmóvil en el centro de la intersección, acurrucada en posición fetal. Corrió hacia ella gritando su nombre.
−¡Oh, Dios mío! ¡Riley, por favor, tienes que estar bien! –Corrió hasta detenerse junto a ella.
El chasquido de las uñas de Zoey en el asfalto se hizo más fuerte mientras ella corría detrás de él. Todo su cuerpo se estremecía mientras levantaba la cabeza de Riley del suelo y la ponía en su regazo. Hizo una pausa para mirar sus manos, estaban limpias, las uñas bien arregladas, ninguna huella del caos sangriento que él acaba de presenciar, un escalofrío de ansiedad le recorrió el cuerpo. No podía haberlo imaginado todo ¿no?
Riley estaba inconsciente, pero respiraba. Comprobó su cabeza en busca de golpes y rasguños, pero no los encontró. Esperaba que simplemente se hubiera desmayado y no hubiera nada mal con ella. Zoey corrió tras él, gimiendo y empujando el brazo de Riley mientras él se ponía de pie, la levantaba con cuidado en sus brazos y comenzaba a caminar por las calles de regreso al hotel. Sus ojos recorrieron continuamente las calles, las puertas y los coches en busca de cualquier signo de movimiento. No había nada lógico en su mente que pudiera explicar lo que había ocurrido, y en ese momento no le importaban las explicaciones, quería a Riley segura dentro del hotel, lejos de la calle.
Para el momento en que llegaron al vestíbulo del hotel, él estaba sudando. Gruñó mientras luchaba con la puerta y maldijo cuando su control sobre las piernas de Riley se deslizó, y casi la hace caer. Cuando llegó al ascensor, golpeó el botón de llamada, pero sus ojos se mantuvieron fijos en las puertas del vestíbulo. Zoey le rozó las piernas, temblando y gimiendo. Cuando el ascensor se abrió, se precipitaron al interior y él se apoyó contra la pared, sosteniendo a Riley cerca de su pecho. A pesar de que sus brazos se sentían como gelatina, se negó a soltarla, no hasta que estuviera tras una puerta cerrada con llave. Sus pies tropezaron en el suelo de la planta veinte hasta llegar al final del pasillo, maldijo a su tarjeta de acceso después de darse cuenta de que la tenía en el bolsillo de atrás. De cuclillas, apoyó las piernas de Riley contras las suya y sacó la tarjeta de acceso, deslizándola contra la cerradura. Al segundo en que entró en la suite, cerró la puerta y la aseguró con el fechillo. Puso a Riley en el sofá y se tambaleó hacia la cocina. Cuando regresó, se limpió la frente sudorosa con una toalla húmeda y se dejó caer sobre la alfombra junto a ella. No importaba las veces que repitiera lo que pasó en su cabeza, no tenía sentido. Sus sientes golpearon con un estresante dolor de cabeza diferente a cualquiera que hubiera tenido antes, y estaba seguro de que si su cabeza continuaba de esa manera, se iba a partir por la mitad.
Riley despertó quince minutos más tarde, golpeando y gritando. Cuando intentó abrazarla, ella liberó sus brazos y comenzó a dar puñetazos al aire a su alrededor. Tuvo que agarrar sus muñecas y girarle la cara, −¡Riley! ¡Rilet, soy Connor! ¡Soy yo! –antes de que sus ojos se centraran en él y se hundiera en el sofá entre sollozos. Ella estaba intentando hablar, pero las palabras eran tragadas por los gritos convulsivos. Tomó su cuerpo agitado sobre el suyo y la abrazó mientras ella lloraba en su cuello. Él siguió diciéndole que estaba bien, que estaban bien, que estaban a salvo.
Pasaron varios minutos y poco a poco su llanto fue disminuyendo. Sus respiraciones irregulares se convirtieron en un constante inhala y exhala, y él la alejó lo suficiente de él como para verle la cara. Bolsas hinchadas sobresalían debajo de sus ojos inyectados en sangre, ella se lamió sus labios hinchados y agrietados.
−¿Puedes beber un poco de agua? –Le preguntó levantando un vaso de la mesita.
Ella asintió con la cabeza y tomó un sorbo antes de girar bruscamente y vomitar en la alfombra.
Una vez dentro de su cuarto de baño, le quitó toda la ropa a excepción del sujetador y las bragas. Ella dejó que la ayudara a entrar en la enorme bañera que comenzaba a llenarse con agua. A medida que el vapor se acurrucaba a su alrededor, empañando los espejos y aplastándoles el pelo en la cabeza, usó la mano para recoger el agua y verterla sobre su espalda. Le echó agua caliente en el cuello y en los hombros, y vio como caía por sus brazos como pequeños ríos. Ella se quedó sentada en silencio en la bañera, sus rodillas pegadas al pecho y los ojos cerrados con fuerza mientras él la lavaba, lo mejor que podía.
Después de vaciar la bañera, ella estaba más alerta y consciente de sus movimientos. La dejó acurrucada en unos de sus grandes albornoces mientras iba a recuperar ropa seca de su habitación, pero ella le pidió que se quedara, por lo que mantuvo una toalla frente a él mientras ella se deslizaba dentro de su bata y salía de su ropa interior mojada, poniéndose uno de sus calzoncillos. Él se colocó detrás de ella y deslizó una de sus camisas por encima de su cabeza, bajándola por su espalda desnuda mientras ella metía los brazos en las mangas largas. El viento sacudió contra el lateral del edificio, silbando por las ventanas de la habitación mientras él la guiaba hasta la cama y tiraba de las mantas sobre ella. Ella se agarró a su brazo y le rogó que no la dejara.
Zoey que los había seguido desde el sofá al cuarto de baño y luego al dormitorio, saltó sobre el colchón y se acurrucó a la espalda de Riley. Todos estaban traumatizados. Los tres, aferrándose unos a los otros.
Cuando supo que Riley estaba dormida, le susurró sobre su cabeza a la perra, −Has pis en el baño, porque no voy a sacarte fuera. –Los oscuros y redondos ojos de Zoey iban de él a la puerta, como si estuviera de acuerdo en que lo más seguro era quedarse donde estaba.
Se dijo a sí mismo que se irían al día siguiente. Tenían que irse de la ciudad. Fuera lo que fuera que pasó, de seguro que no iba a quedarse para ver si podía volver a ocurrir. Y fue entonces cuando se dio cuenta de que las cosas aún estaban en la acera, al menos, a dos calles del hotel. La furgoneta, lo recogeremos en la furgoneta… eso si todavía está allí por la mañana, pensó para sí mismo.
Envolvió los brazos alrededor de Riley y se hundió en un profundo sueño espantoso. Estaba en una colina irlandesa con vistas a un valle, de la mano de Roan. Cuando se volvió para sonreírle a su hijo, el niño se alejó de él y la piel de su mano se deslizó en la suya en un caos sangriento y pulposo. El terror se extendió a través de él mientras miraba el trozo de piel entre sus dedos. Cuando levantó la vista, Roan se había ido, así que corrió colina abajo llamando a su hijo. Todo lo que encontró al fondo fue un charco de sangre, rodeado por la hierba de la pradera que se extendía ante él como las olas en el mar.
Connor tembló y gimió en sueños la mayor parte de la noche mientras Riley soñaba con una niña en un abrigo rojo. A pesar de que estaban perdidos en sus propias pesadillas, no se separaron el uno del otro mientras dormían, ambos agradecidos por la llegada del amanecer cuando el sol se apoderó de ellos, obligando a los sueños a distanciarse.
***
Me desperté en los brazos de Connor. Él estaba hablando en sueños, llamando desesperadamente a alguien llamado Roan. Por el dolor en su voz apagada, supuse que Roan debía haber sido su hijo. Lo sacudí suavemente y finalmente se calmó, pero el surco en su rente me dijo que seguía perdido en un país de sueños hostiles.
Levanté mi brazo y con mucho cuidado lo aparté del de él, apoyando mi espalda en el centro de la cama y mirando el techo de antiguos azulejos de estaño de color cobre que brillaban con el sol de la mañana. Seguí el patrón de estilo flor de lis por encima de mí hasta que sentí un dolor de cabeza construyéndose detrás de mis ojos. Mis manos se sintieron frías cuando las presioné ligeramente contra mis ojos calientes e hinchados. Cuando los volví a abrir, la imagen de una niña con el pelo negro y sangre goteando de su boca regresó a mi memoria y salté… respirando pesadamente y agarrando las sábanas que me rodeaban.
¡Jesús, ¿eso ocurrió realmente?! Me pregunté a mí misma.
Miré a Connor, que dormía con una expresión hosca en su cara, y me sentía obligada a despertarlo y preguntarle por lo que había pasado realmente en la calle. Obviamente, era por la mañana, y los acontecimientos del día anterior eran confusos a lo mucho. Recordé correr hacia la niña, estar rodeada de cientos de muertos, personas pudriéndose, y cuando la niña intentó hablar conmigo, sangre maloliente saliendo de ella. Me tocaron, los sentí. Escuché sus gritos. Parecían tan reales.
Había levantado mis rodillas al pecho y estaba meciéndome hacia delante y hacia atrás cuando Zoey entró en la habitación, una mirada inocente en sus ojos. Se acercó a la cama con vacilación hasta que di unas palmaditas en el espacio junto a mí. Bajé las rodillas para que pudiera apoyar la cabeza en mi regazo y le murmuré cosas con dulzura.
Connor se despertó con un grito de asombro, lo que asustó a la perra haciéndola saltar de la cama y correr hacia la puerta, donde se quedó por un momento antes de escanear rápidamente la habitación y salir. Sus patas acolchadas apenas hacían ruido en la alfombra mientras se dirigía a la cocina, y segundos después, escuché sonidos de golpes viniendo de su tazón de agua.
Cuando toqué el brazo que Connor había colocado sobre su cara, él me miró y esbozó una sonrisa, pero pude ver el sudor construyéndose en su frente.
Tragó saliva antes de hablar. −¿Cómo estás?
Consideré mi respuesta con cuidado. −No sé lo que es real. −Hice una pausa antes de preguntarle,−¿Qué pasó ayer?
−¿Qué recuerdas? –Se sentó y se acercó más, pero sin tocarme.
Una pequeña gota de sudor rodó por su sien y tuve la tentación de extender mi mano para limpiarla. En cambio, me di la vuelta y miré por la ventana al cielo azul brillante.
Cerré los ojos y me aclaré la garganta. −¿Eran reales Connor? La chica... la gente... ¿Estaban realmente allí? –me quedé con los ojos cerrados, esperando que él me preguntara, ¿qué gente?
Su mano tembló ligeramente mientras la pasaba a través de su cabello y en la parte posterior de su cuello. –No estoy seguro, pero creo que eran reales, al menos por un rato.
Mi corazón se hundió hasta el estómago y al instante sentí náuseas. Susurré, −Eso no es posible.
Entonces me tocó… su cálida mano se deslizó por mi espalda y me atrajo hacia él, resistí las ganas de llorar. Tenía la garganta seca, ronca y dolorida. No quería llorar más.
−Creo que te desmayaste. No despertaste hasta que llegamos aquí. ¿Quieres que te cuente lo que pasó? –Su voz tembló ligeramente.
Me di la vuelta para mirarlo y asentí con la cabeza.
−Los vi después de que empezaras a correr. Salieron de la nada. –Se detuvo para mirar alrededor de la habitación. –Riley, fueron directos a ti, no había nada que pudiera hacer. Intenté llegar a ti, te lo prometo. Había muchos de ellos. Lo siento mucho. –Se veía pálido y se detuvo para tomar una respiración profunda antes de contarme el resto de la historia. Cuando terminó, los dos estábamos temblando.
−Así como… ¿Si hubieran desaparecido? –Le pregunte.
−Te lo dije, no tiene sentido, pero es lo que pasó.
−¿Estás diciendo que de alguna manera fuimos atacados por una turba de fantasmas furiosos? –Lo miré fijamente con los ojos muy abiertos.
Cuando el asintió con la cabeza, solté una carcajada sin humor que enfrió la habitación.
−Entonces, ¿hacia dónde vamos ahora? ¿Lejos? ¿Dónde nadie haya vivido? ¿Dónde nadie pueda volver a atormentarnos? –Escupí las palabras como si supieran mal.
Connor se inclinó hacia delante y me apartó el pelo de la cara. −Sí. Vamos a las montañas, como dijiste... donde menos personas hayan muerto.
Me imaginé a la chica, como parecía ajena a mí en la calle hasta que llegaron los otros, y recordé su mano extendida, la expresión de su cara.
−Connor, creo que ella estaba intentando hacer algo. –Solté-
−¿Quién? ¿Quieres decir… la chica? −, preguntó claramente confundido.
−Estaba intentando hablar conmigo. Creo que estaba intentando decir algo. –Lo miré y él se quedó mirándome. Giré mi cuerpo hacia él y apoyé la mano en su rodilla doblada.
−Creo que ella quería… ayuda. –No sé por qué, pero sentía que esa era la verdad.
−Pero… −tartamudeó, −Ella está muerta, ¿no? Igual que los demás, ¿Cómo íbamos a ayudarla?
Pensé en eso en silencio. No sé lo que quieren. No sé qué hacer, pero debemos intentarlo, debemos intentar ayudar. La voz dentro de mi cabeza cambió, como si mi consciencia se estuviera desgarrando en dos. No puedo quedarme aquí. No hay nadie a quién ayudar. Es inútil.
−No sé qué hacer Connor, pero no puedo quedarme aquí. −Le respondí dolorosamente.
Capítulo 10
CarpeDreams
Si los muertos nos rodeaban por cientos, quería esta lo más lejos posible de los kilómetros de metal, hormigón y el cristal que sepultaban a los ciudadanos caídos, era el momento de salir de la ciudad. Connor tuvo la suerte de encontrar las llaves del F250 en el vestuario de empleados, lo que significaba que ninguno de nosotros tuvo que buscar entre los cadáveres.
Al mediodía, habíamos llenado la plataforma de la camioneta y yo estaba delante de las puertas del vestíbulo del hotel, agarrando fuertemente mi marcador negro. Habíamos acordado que podría ser peligroso dejar mensajes con nuestros destinos exactos, pero le dije a Connor que no podía dejar de creer que alguien podía estar ahí, buscándome. Llegamos al acuerdo de que dejaría la dirección de algún lugar neutral donde pudiéramos establecer algún tipo de sistema de comunicación de dos vías que funcionara a pilas. Tenía una idea del lugar que podíamos utilizar. Había una estación de bomberos a pocos kilómetros del resort. Allí tenía que haber una radio, pero cómo no sabíamos que tipo de comunicación encontraríamos en el resort, tenía sentido detenernos en alguna parte del camino y recoger algunos walkie-talkies de largo alcance que pudiéramos cargar en los coches.
Connor había movido la camioneta al frente del hotel y el ralentí del motor zumbó ruidosamente por la calle vacía. Él ya había conducido por la calle para recoger el contenido del carrito de la compra que habíamos abandonado el día anterior, así que todo lo que quedaba era que yo dejara mi última nota en la ciudad. Apreté un pedazo de papel con el membrete del hotel contra el cristal y comencé a escribir.
1/14
Es hora de salir de la ciudad. Voy al Este con Connor y Zoey… arriba a las montañas. Te dejaré un mensaje en la estación de bomberos de Mt. Laguna (Desde la octava, vete al norte en Sunrise Hwy). Sabrás como ponerte en contacto con nosotros una vez llegues allí. Si sigues buscándome, espero que me encuentres. – Riley.
PD: Ten cuidado en las calles. Los muertos están observando.
***
El cielo era de un azul brillante mientras conducía por las calles interiores y exteriores de la ciudad, y una sensación de alivio comenzó a caer sobre mí. Había pasado días en coche por mi zona de la ciudad llamando a las puertas de familiares y amigos después de que mis hijos murieran. Fui a la ciudad sólo para comprobar lo que ya sabía que era cierto; mi madre también había muerto. Eso lo hacía oficial. Estaba realmente sola. Y entonces, Connor me encontró y las cosas cambiaron. Yo nunca había planeado estar en la ciudad, no quería ver lo que había pasado allí, pero Connor estaba ansioso y dispuesto a compartir sus recursos, y por un tiempo, tenía sentido quedarse donde otras personas nos pudieran encontrar. Pero era obvio, para los dos, que las calles no eran seguras.
Me preocupaba lo que pasaría si la gente equivocada nos seguía, pero estaba más aterrorizada de desaparecer sin dejar rastro. Si alguien que conocía venía a buscarme, quería que pudieran encontrarme. Así que cuando los rascacielos, los lofts y los negocios comenzaron a desaparecer en la distancia tras nosotros, me sentí aliviada. Aliviada de ya no estar rodeada de cadáveres o el horror de lo que les había sucedido. Alivio de estar moviéndome, alivio de que mi huella estuviera caliente de nuevo. Tenía la esperanza de que alguien, algún día, se pusiera en contacto con nosotros.
***
El Jeep estaba donde lo había dejado y una rápida mirada dentro me dijo que todo estaba intacto. Connor dejó la camioneta a ralentí mientras movía mis cosas. El sol estaba alto en el cielo, calentando el día rápidamente. Como habíamos organizado nuestras provisiones, y embalado nuestras cosas el día anterior antes de ir al centro comercial, estábamos sudando bajo nuestras camisetas de manga larga y nuestros pantalones vaqueros. Me quité el abrigo antes de cargar a Zoey en el Jeep.
Al otro lado de la calle, una gran casa victoriana azul con persianas de color marfil estaba como un esqueleto de madera en la calle. Su pintura estaba desvanecida y agrietada, y la coloración amarillenta en la hierba del jardín junto a la basura que se había acumulado en los escalones de entrada a la propiedad le daban un aspecto de abandonado desde hacía mucho tiempo. Suspiré y miré hacia arriba y abajo de la calle antes de mirar a Connor.
−A pocos kilómetros de aquí hay una tienda de artículos deportivos. ¿Qué tal si vamos allí primero y buscamos los walkie-talkies? Podemos llevarlos en los coches mientras conducimos y utilizarlos para hablar. –Me apoyé en la parte posterior del Jeep, secándome el sudor de la frente. Mi cabello estaba recogido en una coleta alta, pero mi cuello todavía se sentía caliente.
Connor también se había quitado su suéter más cálido y llevaba una de sus caras camisetas blancas ajustadas que mostraban sus definidos músculos pectorales perfectamente. Tragué saliva y lo miré. Parecía robusto y sexy mientras se apoyaba en la camioneta abollada y cruzaba los brazos sobre su pecho. Había utilizado la camioneta para pasar a través de las intersecciones bloqueadas, dejando un camino irregular de cristales rotos y pedazos de plásticos detrás de nosotros en nuestro camino al Jeep.
−Me parece bien −, respondió con una sonrisa.
−¿Estás listo? –Le pregunté intentando no mirar su pecho… sin éxito.
−Todavía no. –Se empujó a sí mismo fuera del parachoques dañado y en dos rápidos pasos estaba delante de mí, bloqueando el sol, su boca en la mía, sus manos alrededor de mi espalda, y su cuerpo apretado contra mí. Me soltó tan rápido como me había agarrado y se fue de nuevo a su camioneta. Mi corazón latió violentamente en mi pecho por el deseo que me inundó mientras lo veía saltar dentro de la camioneta. Me guiñó un ojo con picardía y en respuesta envié una sonrisa ocasional en su dirección mientras me dirigía hacia un lado del Jeep y subía.
Mientras conducía, escuchaba el reproductor de MP3 que había metido en la mochila antes de salir de casa para conectarlo a la consola del salpicadero. Mientras viajábamos por las tranquilas calles residenciales, bajé las ventanas y dejé que el aire fresco cayera sobre nosotras mientras la música se reproducía. La primera canción que escuchamos fue Radioactive de los Kings of Leon’s.
***
Después de pasar casi una hora en la tienda de artículos deportivos, salimos con dos conjuntos de radios, baterías, cables, y un puñado de otras cosas. Dirigí a Connor a través de un laberinto de callejuelas, incluso conduciendo por los bordillos cuando los caminos estaban demasiado llenos de coches. Por costumbre, un par de veces hice caso las señales de tráfico y cada vez que me detenía o cedía el paso para el tráfico que no estaba allí, la voz de Connor salía de la radio burlándose de mí.
Cuando llegamos a la zona este de El Cajun, me hice a un lado y estudié mi mapa de carreteras, señalando los mejores caminos a tomar en East County. Desde donde estábamos, la autopista aún parecía congestionada a ambos lados, así que decidí que fuéramos por Crest, y con el tiempo salir por Alpine. Mi esperanza era que alguien tan lejos al este de la ciudad habría intentado huir a Arizona, no ir hacia el oeste de nuevo a la ciudad, estaba en lo cierto. Después de pasar por Harbison Canyon, viajamos en paralelo con la autopista que iba hacia el este en Alpine Blvd, conduciendo lentamente a través de los pueblos de montaña vacíos. Zoey estaba sentada con la cabeza apoyada fuera de la ventanilla abierta, dejando que la brisa soplase sus orejas y alrededor de su cara.
Giramos hacia Willows Road, condujimos por la I8 y entramos en los carriles hacía el oeste casi vacíos. Una vez que estuvimos en la autopista, el viento era más fuerte y la temperatura cayó por lo menos quince grados. Dos veces ralentizamos a paso de tortuga para maniobrar con seguridad alrededor de los coches abollados y quemados que habían chocado o golpeado algo, en la mediana. Cada pocos kilómetros, coches se apilaban entre sí, causando una reacción en cadena de los que intentaban frenar. Ellos habían entrado en las medianas o alrededores, estrellándose con otros vehículos en el lado opuesto de la autopista. Con cada kilómetro que poníamos entre la ciudad y nosotros, menos vehículos veíamos detenidos, sus conductores muertos desplomados en su asiento o contra el volante.
Forcé los bostezos hasta que mis oídos estallaron mientras la elevación aumentaba de forma constante en nuestro camino al Bosque Nacional Cleveland y después de que pasáramos por la salida 79, le dije a Connor por radio que lo mejor sería dejar la autopista en breve. Después de haber pasado la mayor parte de mi infancia en el campo, yo estaba a gusto en el condado del este. Los arbustos de Manzanita del Bosque Nacional Cleveland y los pinos de la Laguna me hacía sentir como en casa. Tenía la esperanza de que la naturaleza nos diera una mejor bienvenida de lo que lo había hecho la ciudad.
Connor siguió detrás de mí mientras salíamos de la autopista e íbamos hacia el norte por Sunrise Highway. Al principio, el camino estaba despejado, pero después de unos cuantos giros, desaceleramos hasta apenas estar arrastrándonos para pasar alrededor de grandes piedras que habían caído por las laderas y barrancos. Las ramas y plantas rodadoras cubrían el asfalto, lo que demostró el que el clima había sido implacable en la zona, pero las carreteras todavía eran transitables. Conocía bien la ruta y seguí con cautela las curvas de la carretera que llevaban a la estación de bomberos Mt. Laguna. Era bien entrada la tarde, y los altos pinos filtraban la mayor parte de la luz del sol, creando largas y escuálidas sombras a los lados de la calle.
Al atardecer, llegamos al gran espacio junto a la estación y aparcamos. El aparcamiento estaba vacío y el edificio se veía oscuro y tranquilo en el interior. Me bajé del Jeep y me puse a su lado mientras estiraba la espalda. Zoey corrió emocionada a través del aparcamiento, olfateándolo todo mientras Connor bajaba de la camioneta, flexionando y estirando los brazos.
−Fue un viaje largo. –Se fijó en los alrededores.
−Sí, bueno, normalmente no se necesita tanto tiempo. –Le sonreí.
−Fue algo bueno que la camioneta tuviera el tanque lleno de gasolina. –Hizo un gesto hacia el Jeep. −¿Qué hay de ti?
−Me queda un poco menos de la mitad del tanque. –Miré a mi alrededor a la oscuridad del bosque. Me había puesto la sudadera antes de salir al aire frío de la montaña. Me preocupaba no tener un techo para pasar la noche si no nos dábamos prisa en la estación.
−Así que, ¿Cuáles son tus planes exactamente? –Me preguntó Connor mientras estábamos delante de la puerta de la estación cerrada.
−Primero vamos a ver lo que hay dentro.
Los árboles se estiraban alrededor de nosotros mientras el sol se hundía cerca de la costa. Era difícil distinguir las formas en el interior con la caída de la noche, pero pude ver sofás, una mesa y estanterías. Giré el pomo y la puerta se abrió, liberando el aire viejo atrapado en su interior. Gritamos un “Hola” antes de entrar en el edificio. Connor accionó un interruptor y una luz de techo brillo sobre nosotros, lo que significaba que el sensor se había disparado cuando se fue la luz, activando el generador. La habitación consistía en una zona de descanso, dos juegos de literas y una cocina abierta. Una puerta cerrada llevaba a un gran garaje vacío, otra se abría a un gran baño. Dejé uno de los walkie-talkies en la encimera de la cocina mientras Connor investigaba las radios de la estación.
−Todo lo que se escucha es estática −, dijo Connor mientras hojeaba las emisoras.
−¿Sabes lo que es interesante? No hay ningún camión, el garaje está vacío. –Le dije.
Connor se paseó por la habitación, y después de desaparecer en el baño escuché un fuerte ruido a través de la puerta abierta.
−El WC funciona −, gritó. Unos segundos más tarde escuché un chirrido fuerte y luego el repentino torrente de agua. −¡La ducha también funciona!
Cuando regresó a la sala principal, yo estaba mirando una de las paredes, fotos de incendios masivos, bomberos corriendo, posando delante de sus camiones o arrastrando mangueras detrás de ellos. Donde quiera que fuera su último incendio, parecía que no habían regresado, y un abrumador sentimiento de culpa se apoderó de mí mientras miraba de una foto a otra. Estas personas se suponía que eran las más fuertes, las más valientes de todas, y sin embargo, alguien como yo, una madre soltera y maestra de tercer grado, sobrevivía. No era justo. Me aparté de la pared con una expresión de enfado en la cara y me alejé de Connor.
−¿Qué pasa? −, preguntó.
−Nada. Es sólo que me molesta ver este lugar vacío. Tenía la esperanza de encontrar a alguien aquí. –Le contesté. El viento sopló a través de la puerta abierta, azotándome el pelo alrededor de la cara. Me alisé la coleta hacia atrás y enderecé los hombros.
−No creo que alguien haya estado aquí en semanas. –Se acercó y me abrazó. −¿Por qué no nos quedamos aquí esta noche?
−¿Aquí? −, le pregunté mientras lo miraba a la cara.
−¿Por qué no? No sabemos lo que vamos a encontrar en ese resort. Aquí estamos resguardados, tenemos electricidad y cama. Si quieres, podemos marcharnos a primera hora de la mañana. –Mantuvo sus brazos alrededor de mi espalda mientras esperaba la respuesta.
−Tienes razón. No tiene sentido conducir en la oscuridad. –Le sonreí y miramos hacia fuera. Lo único que se podía distinguir claramente a través de la gran ventana era el contorno de nuestros vehículos. El aparcamiento estaba prácticamente envuelto en la oscuridad, hasta los árboles se mezclaban con la noche.
−¿Sabes?, hace unos años, mi coche se quedó atascado en el barro y vine aquí con un amigo. Nos llevó casi una hora de caminata regresar a la carretera principal desde un pequeño camino de montaña que estábamos explorando. Nos estábamos congelando, y pensábamos que tendríamos que estar en esa cuneta durante horas mientras esperábamos a que otro amigo nos recogiese. –Connor se inclinó suavemente hacia mí mientras escuchaba mi historia. –Le hicimos señas a un coche que pasaba, y dado que la cobertura del móvil era mala, le pedimos que enviara al guardabosques más cercano para que esperara con nosotros. En su lugar, vino un camión de bomberos. Yo estaba mortificada, totalmente avergonzada, pero los chicos eran geniales. Ellos nos trajeron aquí, nos dieron café y se aseguraron de que estuviéramos calientes. –Tragué saliva y me alejé de las manos de Connor para poder mirar detrás de mí a la pared con todos esos rostros enmarcados. –Todavía recuerdo sus nombres… Ty, Joe y Joel. Me pregunto dónde estarán ahora.
Parecía que cada recuerdo de cada persona que había conocido estaba teñido con un abrumador sentimiento de culpa por haber sobrevivido a este asesino virus global mientras ellos no. Cerré los ojos y las imágenes de amigos, familiares, compañeros de trabajo, estudiantes, vecinos e incluso cajeros de supermercados, comenzaron a parpadear en mi mente como un libro antiguo. Abrí los ojos y me froté la parte de atrás del cuello antes de que una de esas imágenes se convirtiera en mi hija o hijo. Connor se puso torpemente delante de mí, las manos metidas en los bolsillos de los pantalones, esperando a que hablara.
−Vamos a meter algunas cosas antes de que haga demasiado frio −, sugerí. Él asintió con la cabeza en silencio.
Más tarde, me ofrecí a hacer la cena mientras Connor se duchaba. Zoey se había dormido en uno de los sofás, y para el momento en que Connor salió del baño, había improvisado una modesta comida para los tres. Después de comer, Connor se acercó a la gran pantalla de televisión y puso un DVD, los dos nos quedamos dormidos en el sofá a mitad de película.
***
Al principio pensé que estaba soñando cuando las voces de Rob Schneider y Adam Sandler bromeaban el uno con el otro en voz alta desde algún lugar cercano, hasta que sentí mis hombros sacudiéndose suavemente y mi cabeza cayó a un lado. Mis ojos se abrieron de golpe y me incorporé tan rápido que mi frente golpeó la barbilla de Connor.
−¡Ouch! −Él se apartó de mí sosteniendo su mano en la boca.
−¡Lo siento! ¿Estaba dormida? –Me froté por encima de mis cejas, donde mi cabeza chocó con Connor.
−Casí me mordí un agujero en la lengua. –Se rió y se levantó para apagar la Tv. –No fue mi intención asustarte, estaba intentando despertarte, pensaba que querrías dormir en la cama. –Se echó un poco hacia atrás con las manos en las caderas y me miró. –Me ofrecería a ayudarte, pero temo que podrías darme un puñetazo en la nariz. –Me sonrió.
Me reí y me disculpé otra vez mientras me ponía de pie. Connor caminó por la habitación, apagando las pocas luces que había encendido. Para el momento en que se acercó a las camas, yo ya había tomado una de las literas inferiores y escaba acurrucada bajo las mantas medio dormida. Zoey estaba acurrucada alrededor de mis pies y suspiró profundamente. Debajo de las mantas me sentía cálida y cómoda, pero fuera la brisa silbaba entre los árboles y alrededor de las puertas, amenazando con forzar el aire frío al interior. La ventana frontal se sacudió en su marco mientras el viento pulsaba contra el vidrio.
−Buenas noches −, murmuré.
−Buenas noches −, contestó Connor en voz baja. Sentí el más mínimo susurro de sus labios junto a mi mejilla antes de que el colchón de Connor chirriara mientras acomodaba su peso en su litera.
Golpeé la almohada adormilada, abrí los ojos sólo lo suficiente para ver el borde de la sábana y tirar de ella hasta mi cuello. Algo en el lado opuesto de la habitación llamó mi atención y levanté la vista para ver la sombra de un hombre de pie en la esquina frente a nosotros. Se me detuvo la respiración mientras parpadeaba, esperando que la sombra fuera un producto de mi mente con exceso de trabajo. Pero a medida que mis ojos se acostumbraban a la oscuridad, pude distinguir unos pantalones de protección contra incendios de gran tamaño con una tira reflectante en los tobillos, una blusa larga y un gorro oscuro en la cabeza del hombre. Lo miré con los ojos muy abiertos, y salté cuando Zoey dejó escapar un largo gemido en sueños.
Aparté la mirada del bombero y eché un rápido vistazo al perro, cuando volví a levantar la mirada, la habitación estaba vacía… la esquina deshabitada de figuras en la sombra oscura.
No había ningún lugar al que un hombre pudiera ir en sólo dos segundos. La única explicación era la que yo no quería tener en cuenta. Lo que vi flotando en la esquina no era un hombre. O al menos, ya no era un hombre… era una aparición. Bajé la cabeza a la almohada y dejé salir un suspiro nervioso. Podía oír el cambio en la respiración de Connor, lo que significaba que estaba dormido, y la perra roncaba suavemente junto a mí, pero yo estaba rígida... paralizada en la cama, sólo mis ojos moviéndose de un objeto a otro, escudriñando cada grieta oscura hasta que me dolió la cabeza. Cuando no pude obligar a mis parpados a seguir abiertos por más tiempo, caí en un sueño inquieto.
En las primeras horas del a madrugada me desperté antes que Connor, mi espalda tensa por dormir hecha una bola, los brazos entumecidos por haberlos estado cruzando con fuerza en mi pecho. Yo estaba frente a la esquina de la habitación, el hombre había estado ahí de pie la noche anterior, pero con la luz de la mañana, simplemente parecían dos paredes blancas que se unían, un rincón normal. Nada más y nada menos, y sin duda, no había nada siniestro delante de mí.
No fue hasta que tomamos nuestras cosas y comenzamos a salir de la estación que pasé por esa esquina de camino a la puerta principal. Connor abrió la marcha, Zoey corriendo libremente entre los dos. Mientras caminaba hacia la puerta miré al suelo, y allí, en la equina, había una impresión de dos botas sucias dirigiéndose a la zona de las literas. Sentía la sangre abandonar mi acara mientras cerraba la puerta detrás de mí y me daba la vuelta para leer rápidamente el mensaje que había pegado en el interior de la ventana de cristal.
1/15
¡Lo logramos de una sola pieza! Dejé una radio de largo alcance en la encimera. Está cargada, pero si necesitas más corriente, la estación tiene un generador. Escucharemos para ti cada noche al atardecer en el canal 7. Llama y me encontrarás. –Riley.
Capítulo 11
CarpeDreams
Salimos de la estación de la misma manera en que habíamos llegado. La temperatura se estaba elevando lentamente con el sol, pero aun hacía el suficiente frío como llevar puestos los guantes. Giré por la carretera por delante de Connor y miré en el espejo retrovisor mientras el camión se incorporaba detrás de mí. El hotel estaba a menos de ocho kilómetros por delante de nosotros, pero me quedé a un ritmo lento, sin estar segura de en qué momento veríamos el resort.
En mi mente, reproduje el mensaje que había dejado en la estación. Nuestro objetivo era mantener la ubicación del resort privada, y si, por alguna pequeña posibilidad, alguien seguía mis mensajes, poder elegir a quién dar nuestra ubicación exacta. Parecía un buen plan, pero cuanto más nos alejábamos de la estación, más nerviosa me ponía.
Sólo unos pocos kilómetros más por delante, me dije que salir de la ciudad era la opción correcta. Estaríamos más seguros en las montañas, lejos de extraños y lo… desconocido, y teníamos recursos suficientes para durar ahí un tiempo. Además, teníamos la opción de volver a Alpine o un poco más al norte, Julian, cuando nos quedáramos sin ellos. Ansiosa y emocionada cuando vi el cartel que decía, Big Laguna Hideaway Lodge, Un Kilómetro, tomé el walki-talki y avisé a Connor de que iba a desacelerar.
La luz del frío sol de la mañana rompió a través de la línea de árboles que se convertía en el camino de grava que llevaba el nombre del resort impreso en negrita sobre un cartel de madera, y luego pasamos por una puerta metálica abierta. Conducía lentamente por el camino de grava, una forma sólida comenzó a aparecer entre los árboles delante de nosotros.
Después de pasar un denso bosque de altos pinos, seguimos el camino alrededor de un roble gigante y nuestros faros destellaron a través de una moderna estructura estilo cabaña. El grandioso edificio delante de nosotros estaba flanqueado por enormes pinos y una hilera irregular de pequeños Manzanita que bordeaban el edificio. El resort encajaba tan bien entre los árboles que me pregunté si habría brotado de la tierra como una semilla. Aparqué delante de los escalones de entrada y salté del Jeep. Connor llegó a mi lado mientras me fijaba en la forma rectangular del edificio con anticipación.
Un movimiento en la segunda planta llamó mi atención. Una cortina trasparente ondeaba ligeramente detrás de una ventana cerrada, me acerqué más a Connor antes de susurrar. –Creo que no estamos solos.
***
Un chillido agudo resonó a través de los árboles que nos rodeaban, seguido de un sonido sordo de aleteo. Miré hacia el cielo justo a tiempo para ver a un búho iniciando el vuelo. Me incliné hacia abajo y enganché la correa al cuello de Zoey, sin apartar los ojos de la sombra oscura que nos rodeó una vez antes de seguir al bosque. Dudaba que estuviera considerando a la perra para la cena, que pesaba tres veces más que el ave, pero los búhos no eran los únicos de quien preocuparse.
Arrastré los pies nerviosamente mientras Connor hacía un gesto hacia la puerta del resort. Era un gran tablón de madera enmarcado por dos estrechas ventanas. No hice ningún intento de abandonar el camino e ir hacia allí. Connor sintió mi vacilación e inició el camino, mirándome por encima del hombro mientras subía lentamente por las escaleras. La luz del sol proyectaba una sombra en su rostro que hacía que su mandíbula cuadrada pareciera más angular, y las ojeras más pronunciadas. Pero aún así, el Connor de la madrugada, mezclado con el Connor hombre de las montañas, me dejó sin aliento.
−¿Vienes? −, me preguntó.
Asentí con la cabeza y comencé a seguirlo. Zoey estaba tan cerca de mí que se frotaba contra mis piernas mientras caminábamos. Mantuvo la cabeza baja y el rabo escondido, lista para saltar al menor ruido.
Una vez llegamos a la puerta, no estaba segura de qué hacer, así que jugueteé con el final de la correa de Zoey mientras Connor miraba a través de las ventanas. Probó el pomo de la puerta, pero estaba cerrada con llave. Sugirió caminar alrededor del edificio, y tal vez, intentar entrar por una ventana, antes de volver a la camioneta para recuperar una linterna. Cuando regresó al edificio, se apoyó en el cristal de la ventana junto a la puerta y alumbró con la linterna el interior. Miré el circulo brillante moverse por la habitación, barrer el piso, las paredes, un pasillo y varias piezas del mobiliario. El interior parecía desierto.
Suspiré profundamente intentando ocultar la creciente inquietud que estaba sintiendo. –Ok. Vamos a intentarlo con la puerta de atrás.
Nuestros pies hicieron crujir la grava mientras bordeábamos el edificio. A lo largo de los jardines encontramos un camino de piedra que conducía a la parte de atrás, paramos en cada ventana del camino para mirar. Para el momento que llegamos a la puerta trasera, estaba lloriqueando por el frío de la madrugada.
Detrás del edificio principal, un camino se arrastraba alrededor de un gran jardín abierto. Jadeé al mirar más allá de la gran extensión del resort y me fijé en la vista. Un estrecho camino de tierra bordeaba el césped que se inclinaba y conducía a un pabellón exterior y una zona de picnic. Más profundamente ente los árboles había otro puñado de pequeños caminos de tierra. Vi una forma sólida en la distancia pero no podía distinguir lo que era. Los árboles se movían suavemente con la brisa, susurrándose secretos unos a los otros, y yo inhalé profundamente el aire fresco y limpio que no olía para nada como el de la ciudad de la que veníamos.
Nos quedamos en el camino que conducía al porche trasero. Era un espacio abierto rodeado de arbustos en macetas y otros más pequeños llenos de ramas similares a esqueletos. Cuando me incliné hacia una de las macetas de cerámica rústica, me fijé en las espinas de algunas de las ramas desnudas. La primavera convertiría los desnudos muñones en coloridos rosales. La nostalgia y la culpa se apoderaron de mí mientras me imaginaba el abandonado jardín de rosas en mi casa, pero enderecé los hombros e incline la barbilla hacia el cielo, intentando no pensar en mi jardín, porque la última vez que había estado allí, había sido para supervisar la quema de mi familia muerta.
−Riley... la puerta está abierta −, dijo Connor en voz baja mientras giraba del todo el pomo.
Antes de que pudiera empujar la puerta y abrirla, Zoey corrió lejos de nosotros, su correa en la tierra detrás de ella, y ladró una vez al edificio. Connor y yo saltamos, y cuando nos volvimos hacia la puerta, al otro lado del cristal había el rostro de un hombre, mirándonos con recelo. Durante un largo rato me quedé junto a Connor, paralizada por el resplandor sombrío del desconocido. Zoey giró en círculos, enredando su correa alrededor de sus patas y ladrando repetidamente al hombre detrás de la puerta. Me agaché para liberar a la perra antes de que se asustara, y cuando me di la vuelta para mirar, se había ido.
−¿A dónde fue? –Le pregunté a Connor. Él se encogió de hombros y me pasé las manos por el pelo con nerviosismo.
−¿Qué quieren? –Preguntó una voz desde el interior. La cortina se movió y el rostro del hombre volvió a aparecer. Di un paso atrás cuando golpeó una pistola contra el cristal y nos apuntó directamente.
Connor se movió hacia un lado, poniéndose entre la puerta y yo, usando una de sus manos para empujarme tras él. Molesta, lo aparté a un lado y salí delante de la puerta, a pesar de la maldición silenciosa de Connor. Las sombras distorsionadas del interior se proyectaban en el hombre del arma y no podía distinguir los rasgos de su rostro. Él volvió a preguntarnos que queríamos, y yo fui la primera en contestarle.
−Hola. –Tragué saliva y pestañeé mientras mi respiración se evaporaba en el aire frio delante de mi cara. –No somos peligrosos… −Hice una pausa, esperando que el hombre reaccionase, −, …um, estamos buscando un lugar para quedarnos. –Me temblaban las rodillas, y no estaba segura de si era por la fría temperatura del aire de la montaña o el hecho de que pudiéramos ser fusilados. Probablemente eran ambas.
El hombre se apartó de la puerta y maldijo en voz alta. Connor se volvió hacia mí y me sugirió que nos fuéramos.
−Espera un minuto −, dije en voz baja.
−Tiene un arma Riley. –Se acercó a mi oído antes de susurrar, −Podemos buscar otro sitio.
En ese momento la puerta se abrió y el hombre alto del interior dio un paso atrás con cautela. Puso la pistola a su lado y se giró mientras gruñía, −Daros prisa, ahí afuera hace frío. –Zoey ladró varias veces y tiré de su correa hasta que estuvo a mi lado otra vez. Miró al perro y luego a mí. Le aseguré que Zoey era segura con la correa.
Entramos y cerró la puerta detrás de nosotros. Zoey se acurrucó detrás de mis piernas mientras le extendía la mano al hombre y le decía con una sonrisa, −Hola, soy Riley y éste es Connor. −, dije señalando detrás de mí.
Vaciló antes de acercarse y sacudir con firmeza mi mano dos veces. La piel de la palma de su mano era áspera y callosa, pero cálida. Los puños de la camisa de franela a cuadros que llevaba estaban doblados dos veces hacia arriba, dejando al descubierto su gruesa y bronceada muñeca. Después de soltarme la mano se la ofreció a Connor, quien la estrechó con la misma rapidez.
−Sí, hola... yo soy Fin. –Se enderezó incómodo ante nosotros y metió la pistola en la cintura de sus pantalones vaqueros. –Bueno, mierda. Supongo que sólo era cuestión de tiempo que alguien encontrara este lugar.
Respiró hondo antes de llevarnos a través de la puerta de entrada a una habitación más grande que tenía un largo mostrador por un lado, y varios sillones de felpa por el otro. En un extremo del mostrador se veían pilas de documentos, al otro, un libro de registro y un ordenador. Las paredes estaban pintadas de un verde terroso y tablones de roble a media altura. El vestíbulo era rústico, pero el diseñador obviamente había tomado grandes medidas para darle el espacio abierto que se podría llamar moderno.
Connor y yo nos quedamos en el centro de la habitación, mirando alrededor mientras Fin nos observaba con atención. Era por lo menos treinta centímetros más alto que Connor y al menos cincos años mayor que nosotros, con un sólido conjunto de hombros y unos brazos voluminosos que mantenía rígidamente a los costados. Su cabello era color paja, corto a los lados y la parte superior peinada hacia delante, pequeñas espirales cayendo justo sobre su frente. Su rostro sin afeitar estaba salpicado de una barba oscura, lo equivalente a una semana de crecimiento, supuse. Y sus ojos tenían una mirada vidriosa. Dudaba que estuviera sobrio, y eso me puso nerviosa.
−Así que, ¿hay alguien más aquí? –Le preguntó Connor a Fin.
−No. ¿Por qué? –Fin no hizo ningún intento por ocultar la desconfianza de su voz.
Connor alzó las manos en una postura defensiva y le sonrió a Fin.−Sólo quería asegurarme. No sabía si encontraríamos a alguien aquí, eso es todo. –Se acercó a mí.
Fin me miró a los ojos cuando habló, −Yo tampoco sabía exactamente lo que esperaba. –Su mirada chocó con la mía con tanta fuerza que tuve que apartarla. –Me quedo abajo en las cabañas. Vine aquí para conseguir algo antes de que aparecierais. Normalmente me quedo tan lejos de este edificio como me es posible. –Todavía me estaba mirando y cruzó los brazos sobre el pecho. Mi cara se calentó cuando sus ojos se movieron hacia abajo, y luego volvieron a subir.
−¿Cabañas? –Le preguntó Connor.
−¿Has estado aquí alguna vez? –Fin se volvió para mirar a Connor, molesto.
Cuando le dijimos que no, se encogió de hombros y se alejó de nosotros, dejándonos solos. Volvió al camino por el que nosotros habíamos venido, y lo escuchamos diciéndonos que lo siguiéramos. Lo encontramos de pie en la puerta, la mano en la puerta y mirándonos.
−Bueno, arriba hay un montón de habitaciones, pero no está exactamente vacío. Y pueden estar seguros como el infierno que no se van a quedar en mi lugar esta noche. –Frunció el ceño hacia nosotros mientras comenzaba a tirar de un gran abrigo que colgaba de la pared. No entendía que nos estaba diciendo que hiciéramos, y el corazón se me encogió al pensar en tener que irnos.
Asentí con la cabeza y le dije secamente, −Lo entiendo, nos vamos.
Fin se congeló con un brazo en la chaqueta, el otro flotando en el aire y luego se echó a reír. Estaba tan sorprendida por el cambio en su comportamiento que me acerqué más a Connor.
−Señora, no voy a echarle, ¿pero no entiende porque no quiero a un par de extraños que aparecen al amanecer queriendo una cama en la habitación contigua a la mía? −Me sonrió con una sonrisa llena de dientes de un blanco brillante y salió por la puerta, dándonos prisa para que saliéramos y poder cerrar la puerta tras nosotros. Connor se encogió de hombros y nos movimos a la zona del frío patio con la perra, no sabía dónde tenía la intención de llevarnos Fin.
Lo seguimos por el camino de tierra que giraba alrededor de los jardines, escuchándolo mientras señalaba cada edificio y cuál era su propósito. El primer piso del edificio principal consistía en el vestíbulo que ya habíamos visto, la lavandería, la cocina principal y la despensa, un baño y un armario de gran tamaño que Fin dijo que sería como sala de primeros auxilios y una oficina. Arriba tenía varias habitaciones acogedoras.
Cuando Connor le preguntó a Fin por qué no se quedaba en el edificio principal, él se rió y dijo, −Ya lo verás.
Después pasamos por un edificio independiente de recreación, el pabellón y la sauna. Fin nos condujo por un sendero sinuoso rodeado de follaje y árboles prolijamente recortados. Nos acercamos a la figura oscura detrás de los árboles que habíamos visto desde el patio trasero del edificio principal y el pequeño camino se dividía. A la izquierda había un letrero de madera que decía CABAÑAS 1-7 y la derecha habita otro que decía SUITES 8-15.
Cuando doblamos a la izquierda le pregunté a Fin donde se hospedaba. −Estoy en la cabaña tres. Está justo al lado del muelle. –Se dio la vuelta e hizo un gesto en mi dirección. −¿Cuánto tiempo piensas quedarte?
−Oh. No lo sé. –Hice una pausa para mirar a Connor que caminaba a mi lado. Él parecía incómodo y no había dicho ni una palabra desde que habíamos salido del edificio principal. −¿Hay alguien más aquí? –Le pregunté a Fin.
−No −, miró a los árboles mientras hablaba. –Vosotros sois los primeros que veo desde que llegue aquí hace un par de semanas.
−¿Eres de San Diego? –Le pregunté
−Sí. Mi hermano trabajó aquí el año pasado. Probablemente es uno de los pocos lugares en la zona que tiene energía, agua y una despensa bien surtida. Pensé que sería un buen lugar para esconderme por un tiempo.
−Nosotros traemos nuestras propias cosas, así que deberíamos estar bien durante un tiempo. −Connor parecía irritado. No estaba segura de si podía ver mi expresión adusta por un lado de su visión, pero miré su perfil de todos modos.
Fin se encogió de hombros y siguió caminando en silencio hasta que el camino se abrió a una fila de cabañas. Las estructuras eran idénticas, cada una con dos pisos y un techo puntiagudo cubierto con lo que en un principio pensé eran tragaluces. Fin explicó que los rectángulos cuadrados de vidrio eran los paneles solares. El camino se amplió y se convirtió en una pasarela de madera que continuaba hacia abajo, hacia un largo muelle donde las partes congeladas de Laguna Lake brillaban al fondo.
Fin señaló a la cabaña más cercana al muelle. –Esa es la mía. –Se volvió hacia nosotros y señaló la hilera de cabañas detrás de él. –Todas ellas dan al lago, son agradables. Y tienen todo lo que necesitan… dormitorios, cocinas, cuartos de baños. –Se detuvo y nos miró. –Tomen la que quieran, eso es lo que yo hice. –Se metió las manos en los bolsillos del abrigo y se encogió de hombros.
−¿Están cerradas? –Le pregunté.
−No, las miré todas cuando llegué. Sólo para asegurarme de que no había nadie dentro. –Comenzó a alejarse de nosotros, a su cabaña. –Creo que voy a dejaros instalaros. Pueden conducir el camión y aparcar en el aparcamiento de tierra de allí, pero aún así tienen que traer las cosas por este camino.
−Gracias −, le dije.
−De nada. –Asintió con la cabeza a Connor y nos dejó temblando en el camino. Me despedí de Fin y lo vi entrando en su cabaña y cerrando la puerta. La brisa del lago hizo que me castañearan los dientes. Tiré del cuello del abrigo más cerca de mis orejas e intenté no lamerme los labios agrietados. Lo primero que tenía la intención de desembalar era mi lápiz labial.
Connor suspiró y señaló a los edificios vacíos. −¿Cuál quieres? –Me preguntó, su acento muy marcado.
Sin responderle, comencé a caminar por el estrecho camino, tirando suavemente de Zoey a mi lado. La luz del sol se extendió por todo el camino, mi sombra extendiéndose ante nosotros, los pasos de Connor escuchándose detrás de mí.
***
Connor miró a Riley caminar delante de él. Caminó junto a las impresiones de los pies de ella que iban por el camino de tierra, con cuidado de no desdibujar las marchas de sus zapatos o las pequeñas impresiones dejadas por Zoey. Estaba molesto con ella, ella insistió en quedarse aquí antes de saber nada sobre el lugar, o sobre el borracho desaliñado que se hacía llamar Fin. Apenas eran las ocho de la mañana, y a juzgar por el olor de la persona, había tomado vodka para desayunar. A menos que él no hubiera ido a dormir y hubiera tomado el vodka de noche. Los escenarios tenían sentido.
Debería haberse esforzado más para convencerla de quedarse en la estación de bomberos, por lo menos, no estarían viviendo al lado de un hombre con aspecto de loco montañero alcohólico con una gran pistola con la que probablemente dormía. De todos modos, ¿Quién necesitaba un arma, en medio del bosque, sin gente alrededor? Tan pronto el pensamiento cruzó por su mente se dio cuenta de que él se sentía más seguro de esa manera, teniendo su propia pistola. El problema era que él no sabía cómo utilizar una real.
Una vez que Riley se instalara en una cabaña, hablaría con ella, le preguntaría cuales eran sus planes ahora que estaban aquí… y, obviamente no estaban solos. ¿Qué pensaba hacer ahora? Él seguro como el infierno que no tenía ni idea. El resort no era muy seguro, y aparte de la puerta principal, no había manera de bloquear todo el lugar. Si ellos lo hicieron, imaginó que otros también encontrarían su camino a la montaña. Algo le decía que Fin no estaría feliz de compartir el resort con un gran grupo de personas, a menos que, por supuesto, hubiera una mujer o dos en el grupo. Fin solo parecía mirar a Riley cuando hablaba, y no hizo ningún esfuerzo por ocultar su interés por su aspecto. Y ella parecía demasiado ansiosa por confiar en Fin, tal vez porque había llegado el primero al resort y les ofrecía un lugar para quedarse, aunque a regañadientes, o tal vez era porque ella no quería estar a solas con Connor indefinidamente.
Miró las huellas polvorientas mientras seguía a Riley por el camino a la última cabaña. Estaba empezando a preguntarse por qué elegiría el edificio más alejado, pero cuando ella se acercó a la terraza de la cabaña, se dio cuenta de la razón. Esa cabaña tenía una visión despejada de la parte sur del lago y la montaña más allá de ella. Se volvió para mirar hacia atrás por el camino por donde habían venido, y sabía que las vistas de cada cabaña eran espectaculares, pero ésta, en el extremo, sin duda tenía la mejor vista. Vio su trenza rubia caer sobre su espalda mientras miraba por las ventanas de la cabaña y se dio cuenta de que si ella quería quedarse aquí para siempre, lo haría. Despertar cada día en este lugar con ella sería como despertar en el cielo. Estaba seguro de ello.
***
La fría brisa empujó contra nosotros mientras me apoyaba en la barandilla de madera con vistas al lago medio congelado. Zoey estaba husmeando en una esquina, pateando con entusiasmo el fondo de una maceta. Finalmente un lagarto salió corriendo por debajo del recipiente y se desvaneció entre las tablas del suelo. La perra gimió y aruñó frenéticamente la madera. Después de rodear la zona, se dejó caer sin gracia apoyando la cabeza en la madrea, sus ojos abiertos y en alerta.
Me mordí el labio inferior para no reír a carcajadas. A pesar de que Connor estaba de pie en silencio a unos metros de distancia, no quería hablar con él por el momento... porque no estaba segura de qué decirle. Después de que la perra dejara en claro que no se movería del lugar desde el que veía al lagarto, me alejé de la barandilla y seguí el porche hasta la puerta de atrás. Estaba cerrada con llave, así que continué y la rodeé hasta la puerta principal, que encontré abierta.
−¿Connor? –Le llamé desde la puerta. Crucé el umbral y dejé que mis ojos se ajustaran a la ligera oscuridad del interior. El salón tenía dos sillas de felpa colocados a ambos lados de un grande y mullido sofá. Cojines cubrían el sofá y el centro de cada silla, salpicando la habitación con colores azul cielo, verdes y amarillo sol. El tronco de un árbol cortado y lijado se encontraba como mesita en el centro de la habitación. Mesas similares flanqueaban cada lado del sofá, cada una con una lámpara de cristal de color turquesa y polvorientas cortinas enormes de un color marrón.
−No es como por lo general se ve una cabaña de bosque ¿no? –Preguntó Connor desde el otro lado de la habitación- Él estaba detrás de la gran barra que separaba la sala de estar de la cocina. Poco a poco crucé la habitación y me incliné sobre la barra, mirando la cocina. Ventanas corrían a lo largo de toda la sala, dejando pasar una cantidad considerable de luz natural, además de aportar unas magníficas vistas del lago. Dentro de cada armario con puertas de cristal se veían arreglos ordenados de tazas de colores brillantes, platos y tazones. El fregadero era ancho y con la profundidad suficiente como para bañar al perro, no es que estuviera considerando hacerlo… al menos por un tiempo.
−Parece salido directamente de una revista, ¿no? –Sonreí vagando lejos de la cocina hacia el pequeño baño ubicado al lado de una habitación igualmente pequeña, y un solárium donde se encontraba la puerta trasera. Abrí y miré hacia fuera para ver a Zoey aún vigilando la misma grieta del piso. Ella me miró y agitó su cola de lado a lado, pero no hizo ademán de levantarse. Dejé la puerta abierta para ella y volví a entrar. Podía escuchar los pasos de Connor subiendo las escaleras y me encontré con él en el rellano del segundo piso.
−Aquí hay dos dormitorios, otro pequeño en la planta baja. Mucho espacio para ti. –Se detuvo por un momento, las manos apoyadas en las caderas, como si no supiera que más decir.
−Espera, ¿no te quedas aquí? –Lo miré confundida.
−Bueno, hay suficientes cabañas para los dos, ¿no? Pensé que te gustaría tener la tuya propia. –Evitó mirarme directamente a los ojos.
−No recuerdo haber dicho eso. –Metí las manos en los bolsillos y lo miré fijamente. Finalmente se encontró con mi mirada y sonrió débilmente.
−No tenías que hacerlo.
Estudié su rostro. La línea profunda entre sus cejas bien recortadas parecían haberse formado durante la noche y el conjunto rígido de su mandíbula le daba un aspecto cansado y viejo.
−¿Estás enfadado conmigo? −Le pregunté.
−¿Por qué estaría enfadado contigo? Me dio la sensación de que querías volver a tener tu espacio. –Se movió sobre sus pies.
Suspiré, me acerqué a él y saqué las manos de los bolsillos. Cuando estuve a su lado, le tome las manos y se las apreté suavemente.
−¿Estoy equivocado? –preguntó casi en un susurro.
−Sí, idiota. −Levanté mi boca a la suya y le bese suavemente.
−¿Quieres quedarte aquí hasta que nos cansemos el uno del otro? –Le sonreí. –Incluso puedes tener tu propia habitación.
Se rió de mí y señaló uno de los dormitorios, −esa tiene una mejor vista de los bosques −, hizo una pausa y se volvió señalando la otra habitación antes de añadir, − y esa tiene unas vistas excelentes del lago.
Mi sonrisa se ensanchó. –Entonces tomaré esa.
−Sí, lo imaginaba. –Me sonrió, luego su expresión de endureció y deslizó sus brazos a mi alrededor con fuera, tirando de mí hacia él.
Murmuró en mi cuello, −Riley, no sé lo que somos, lo que es esto… pero quiero estar contigo, donde quiera que vayas. –Apartó el pelo de mi piel y me besó en el cuello.
Cuando me miró, sus ojos azules estaban brillando. Me mordí el labio inferior antes de decirle, −Yo también estoy feliz de que estés aquí conmigo. Y no porque seas la primera persona con la que me encontré en la ciudad, o porque seas ridículamente guapo. –Me reí de su mueca, −Bueno, tal vez tu aspecto tenga un poco que ver con ello. –Me encogí de hombros con una expresión inocente en mi cara, y él estalló en una carcajada tan fuerte que incluso escuché el eco que hizo en el piso inferior.
Se sentía bien retenerlo, tener sus brazos a mi alrededor. Pero escuchar su risa hizo que algo dentro de mí se calentara, casi como una llama intentando encenderse. Cuando nos besábamos, esa llama se desataba entre nosotros, apartando la oscuridad que amenazaba con tragarnos. Era una sensación que no estaba dispuesta a perder.

Me gustaron mucho estos dos capítulos...
ResponderEliminarQuiero leer más para saber como sigue todo esto!
Gracias por la traducción.
Adoro este libro :O
ResponderEliminarCuánto misterio detrás de Connor...
ResponderEliminar¿Quién será?
Gracias por el capítulo!
Me encanta! Gracias!
ResponderEliminarQue interesante, me crea tensión, me gusta!
ResponderEliminarEs genial!! A quien perdiste? Mi mundo... Me encanta la historia!! Que me gustaaaa jajaj bss y Graciasssss
ResponderEliminarQue giro a dado la historia!!! Pero que son?
ResponderEliminarQuantos capítulos tem este livro?
ResponderEliminarahora mismo no tengo delante el libro, pero creo recordar que eran 20 capítulos. ah, y tiene un segundo libro. besos
ResponderEliminarUohhh q miedo!! Gracias chicasssss
ResponderEliminares el mejor libro que he leido en muchoooo tiempo
ResponderEliminarComo me gusta, los personajes son fantásticos y la tension... Uffff!!!
ResponderEliminarMe gustaaaaaaaaaa jaja graciasssssss ; )
ResponderEliminarJo, para cuando otro capítulo!!!! Me gusta mucho la historia!!!
ResponderEliminarHola chicas, supongo que estaréis hasta arriba con eL tema del foro... Pero, me gustaría saber si vais a continuar con este proyecto y donde lo podremos seguir, allí o aquí? Muchisimas gracias por vuestra labor!!!!
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